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MUJERES, VÍCTIMAS DE VIOLACIÓN, SON TAMBIÉN MÁRTIRES

La violación de la mujer se ha desarrollado y se sigue desarrollando como una provocación salvaje de las guerras y revoluciones, tanto en las que venimos en llamar ‘justas’ (pocas existen que lo sean), como en las ‘injustas’. Las guerras se suelen activar por intereses económicos (la mayoría de las veces), o por odios contraídos y almacenados en las mentes y cabezas de los hombres de mala voluntad, o por expansiones territoriales no justificadas... ¡Son tantas las causas que las provocan...!

Si podemos y debemos recordar que la esclavitud, no sólo fue una opresión de racismo –del hombre blanco hacia el hombre negro–, sino que también supuso otra opresión del hombre blanco hacia la mujer negra.

No podemos ni queremos olvidar, ni por un momento, que, hasta hace poco tiempo, el sometimiento sexual de la esposa al marido no era considerado como un delito de violación: hoy por hoy, y gracias a Dios y a las leyes, ya no ocurre lo mismo: existen las relaciones sexuales entre mujer y marido, pero nunca jamás empleando la violencia o la fuerza bruta.

Las semillas de la violencia se depositan en los cuerpos de las mujeres que han sido violadas, y la cinta de casete que ha grabado en sus cerebros la villanía de sus verdugos, funcionará día y noche, noche y día: muchas noches y muchos días como una pesadilla interminable. Y como colofón de lo que expreso, y en el interior de sus vientres vírgenes, pueden llegar a fructificar posibles embarazos no deseados...

Sí he de manifestar que, las violaciones de hombres por otros hombres en los centros penitenciarios, se producen por la situación de cautiverio en la que se encuentran, y la falta de vigilancia por parte de los funcionarios de prisiones, quienes presuntamente miran hacia otro lado: son éstas las llamadas cárceles del alma y cárceles del cuerpo.

Pero la violación de una mujer, que invade sexualmente su cuerpo, es ultraje contra su integridad física, es un acto violento y aterrador contra su voluntad, que lesiona su cuerpo y su alma, produciéndole un desequilibrio corporal y psicológico muy difícil de olvidar en muchos años.

De un tiempo a esta parte, y si visionásemos los períodos de un día, caeríamos en la cuenta de que las violaciones, los homicidios y las desapariciones misteriosas de niños/as...son el pan nuestro de cada día.

Era alta, rubia, guapa..., y vestía ropas cansadas por el dolor y la rabia contraída, que le habían causado. Ella se paró al verme, y su mirada cayó sobre mis ojos como agua hirviendo. Tan sólo me dijo: “Llame, llame a una ambulancia”. La trasladé a un hospital cercano por urgencias, y puse los hechos en conocimiento de la policía.

Sí me encontré una vez con una mujer que, a gritos enfurecidos y rabiosos, pedía y suplicaba:

¡Auxilio!, ¡auxilio! “He sido violada –en mis carnes y en mi alma–, por tres energúmenos muchachos –bestias de la muerte–, que escaparon a la velocidad del rayo”, concluyó diciendo.

Muchos violadores-asesinos andan sueltos por falta de pruebas fehacientes que, muchas veces, por desgracia no se pueden conseguir, para ponerles a disposición de las autoridades judiciales competentes (jueces y magistrados de turno).

Hemos visionado muertes y las seguimos visionando en la Guerra de Irak y Afganistán. Podemos afirmar que, a diario, se producen homicidios conscientes cometidos con la fuerza de voluntad necesaria para cometerlos: los móviles por los que se cometen tienen bastante que ver con el odio, con la ignorancia, con el xenofismo, con la envidia, con los celos...: a los culpables se les pueden aplicar atenuantes, pero... ¡tantas sombras habitan en los cerebros de nosotros los mortales...!

Nunca vi matar a un hombre/mujer, nunca vi violar a una mujer/hombre, nunca vi matar o violar a un niño/a. Dichos aquí y ahora, y en frío, son horrendos dramas, que forman parte de la Humanidad. Entiende uno que, algunas veces, estos se dan conjuntamente: el horror de la muerte, que es propio de la condición humana.

Sin embargo, podemos aceptar que, bajo estas circunstancias, para algunos hombres la violación es una patología de sus sentimientos amorosos, prevaleciendo la idea –ya muy extendida–, de que estos individuos necesitan afirmar su masculinidad. Discrepo de estas teorías: La violación es un acto voluntario inhumano cometido por un hombre contra una mujer, y que debía ser castigado con “cadena perpetua”, si la hubiese en nuestra legislación penal vigente. (María Goretti –campesina italiana–, fue apuñalada mortalmente, en el año de 1902, sin que su asesino consiguiese violarla.)

“Bien, lo que viene a decir este escritor es que nos salgamos de la calle, que nos vistamos con el burka de la castidad perpetua, que nos marchemos a dormir–al limbo de los justos–el sueño eterno...”, dirán muchas mujeres. O: “...que hay miles de violadores en el mundo”. O: “...que debemos temblar ante la presencia de cualquier hombre”. O: “...que debemos desconfiar de nuestros propios maridos”. Ni tanto ni tan calvo: hay violadores en España, en Estados Unidos, en Colombia, en México, en Filipinas..., y, si me apuráis un poco, hasta en la propia…Cochinchina.

Violar es invadir el cuerpo de cualquier mujer, y matar su alma. Las matizaciones y los argumentos referentes a las violaciones de las mujeres nos llevan, ineludiblemente, a un argumento final: Todas las violaciones de nuestras féminas son actos sadistas–con dolor e humillación–de dominio y de poder, por parte de nosotros los hombres. Y es que nos convertimos en verdugos–sin sentimientos–de nuestras propias víctimas.

Comenzando el siglo XXI la mujer -hijas de Eva- y, pisando fuerte, van poco a poco consiguiendo su ya merecido puesto en el plano socio-laboral, que –en igualdad de derechos y también de obligaciones– le facilita una comunicación liberalizada respecto al hombre. Es bueno comprobar como un hombre y una mujer se pueden tomar unos güisquis juntos, conversando tendidamente de sus mismos proyectos y aspiraciones laborables: se está produciendo poco a poco la liberación de las mujeres: ellas también quieren ser mujeres liberadas…

Violar es matar el alma de cualquier mujer, y deshonrar su cuerpo. Pulsando estudios sociopolíticos de distintas culturas, venimos en conocimiento que, nuestras hijas de Eva, han sido excluidas de las posiciones de mando o poder en los gobiernos de turno o en los consejos de administración de las grandes empresas... Pero estos patrones de comportamiento en las sociedades actuales han cambiado, afortunadamente.

Las mujeres que son víctimas de violaciones u otras formas de violencia de tipo sexual, indudablemente, sufren muchas más enfermedades mentales durante su mortal vida, y, en cierto modo, su tendencia ala suicidio es más elevado. Los estudios realizados en este sentido así nos lo dan a entender.


 

CONOZCAMOS UN POCO DE QUIÉN FUE MARÍA GORETTI

 

Santa María Goretti (nació en Corinaldo, 16 de octubre de 1890 - murió en Nettuno, 6 de julio de 1902), laica y mártir italiana.

Reseña Biográfica

María Goretti, nació el 16 de octubre de 1890 en el pueblo de Corinaldo, en la provincia de Ancona, Italia. Hija de Luigi Goretti y Assunta Carlini, fue la segunda de seis hermanos (Mariano y Teressa son algunos de ellos). La familia se mudó a Nettuno, a trabajar como temporeros en la hacienda Le Ferriere del conde Giacomo Mazzoleni.

En julio de 1902, mientras la familia de María y el padre de Alessandro trabajaban cosechando vegetales, la niña se quedó en casa cosiendo ropa y cuidando de su hermanita de dos años, Teressa. Alessandro, que se había cansado de los rechazos de María, la sorprendió y la intentó violar, pero María le opuso resistencia y trató de hacerlo razonar, mencionando entre otras cosas que intentar violarla era un pecado y que ella no quería que Alessandro se condenase.

Alejandro se descontroló por completo, apuñalando a María once veces con una lima a la que había dado forma de picahielo; cuando vió a la malherida María tratando de arrastrarse hacia la puerta para pedir ayuda, la apuñaló en la espalda tres veces más y huyó. María quedó entonces definitivamente herida de muerte.

Su muerte y canonización

María fue llevada al Hospital de Nettuno; allí, tras infructuosas y dolorosas operaciones, recibió los últimos sacramentos de parte del párroco del hospital, el Padre Temístocles Signori. En su lecho de muerte, entre otras cosas, María perdonó a su asesino; cuando le preguntaron si lo perdonaba, ella respondió que sí, y añadió que quería que Alejandro estuviera con ella en el Paraíso. Finalmente, María murió el 6 de julio de 1902, a la edad de 11 años, 9 meses y 21 días. Fue Finalmente canonizada por el Papa Pio XII siendo asi, la primera ceremonia de su tipo en frente de aproximadamente millon y medio de peregrinos, en la Plaza de San Pedro en Roma, estando presentes en la ceremonia su madre Assunta, sus Hermanos y también alli presente su mismisimo asesino Alessandro.

El destino de su asesino

Alessandro Serenelli, el asesino de María Goretti, cumplió su condena en la cárcel de Roma, y tras su liberación, ingresó como hermano terciario y portero a un convento capuchino de dicha ciudad, donde murió en 1970. Él atribuyó su cambio de vida a un sueño que tuvo en la cárcel varios años después del asesinato; vió en sueños a María con catorce lirios blancos, uno por cada puñalada recibida; gracias a esto no sólo logró reconciliarse con la sociedad, sino que también con la familia Goretti, que lo perdonó expresamente.