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LA VIRGEN MESTIZA

Autor: Eric H. Pichot R.

Cuenta la leyenda que un 14 de septiembre de 1754, época en que el país pertenecía al virreinato de la Nueva Granada y diversos habitantes comenzaban el mestizaje, María Juana Mueses de Quiñónez, indígena de origen quechua y descendiente de los caciques de El Potosí, caminaba por el lugar cargando en su espalda a su hija Rosa, sordomuda de nacimiento, cuando para descansar un poco soltó a la niña, ésta comenzó a trepar por entre las piedras.

Al llegar a cierta altura, dentro de una cueva y para asombro de su madre, la niña comenzó a gritar: “mamita, vea esta mestiza que se ha despeñado con un mesticito en los brazos y dos mestizos a los lados”; entre el temor y la alegría, María Juana marcha hacia Ipiales, donde relata la historia a sus patrones, quienes no le creyeron; al día siguiente pasa con su hija por el mismo lugar, Rosa se suelta de la mano de su madre y corre gritando: “¡mamita, mamita, la mestiza me llama!”.

Al llegar donde estaba la niña, se encuentra, frente a frente, con la maravillosa imagen de la Virgen, cargando al Niño Jesús y acompañada por Francisco de Asís y Domingo de Guzmán; al regresar a la casa de sus patrones, toda la familia pudo comprobar la curación misteriosa de la niña y en forma apresurada se dirigen a la casa cural para exponerle lo sucedido al padre Gabriel de Villafuerte, Párroco de San Pedro, Mártir de Ipiales.

Santuario de las Lajas - ColombiaEl padre decide, después de un largo interrogatorio a María Juana, partir antes del amanecer hasta el lugar para comprobar el hallazgo. Con los primeros rayos del sol, arriban a un lugar de difícil acceso, conformado por lajas de rocas que parecen estar sueltas y caer al fondo del cañón del río Guaitara. Al acercarse a la cueva encontraron la hermosa imagen, confirmando la autenticidad de la misma; el rumor, que se había extendido por las regiones cercanas hizo, que a las doce del día, con asistencia de muchos pobladores, se realizara la primera misa, el 15 de septiembre de 1754.

La leyenda de Maria Juana no termina ahí: se dice que dos años después de estos acontecimientos, la niña enfermó gravemente y murió. En un acto de desesperación, la madre carga el cadáver de la niña, lo deposita a los pies de la imagen y exclama: “¡Madrecita, devuélvele la vida a mi hija, no te la lleves todavía!”; milagrosamente la niña resucita incrementando la devoción popular a la Virgen de las Lajas.

A partir de entonces fueron varias las obras dedicadas a la construcción de un santuario: la primera capilla se erigió a comienzos de 1795, y en 1827 se comienza la construcción de una nueva, con la asesoría de arquitectos ecuatorianos, la cual fue denominada “Nido de Oropéndola”, por su gran belleza y atrevimiento arquitectónico. Por iniciativa de San Ezequiel Moreno, Obispo de Pasto, entre finales del siglo XIX y principios del XX, inicia la construcción de la actual Basílica Santuario de Nuestra Señora de las Lajas.

A causa de la dificultad topográfica del cañón del río Guaitara, los anteriores templos fueron construidos unos metros más debajo de la imagen aparecida. No obstante, en la mente de San Ezequiel Moreno estaba la idea de construir un Santuario a la altura de la pintura: “Si hay que hacerlo en el aire, en el aire lo haremos”, fue el principio del actual templo…y así se hizo. Su construcción de estilo gótico medieval tardó 33 años, siendo concluida el 20 de agosto de 1949.

Para bajar al Santuario, desde el pueblo de las Lajas, se debe recorrer un sendero de casi medio kilómetro, con escalones en piedra, tapizado por más de seis mil placas testimoniales de milagros concedidos por la Virgen a sus files devotos. Al entrar a la Basílica, se encuentra encima del altar mayor la imagen de la Virgen en una piedra laja de 3.2 metros de alto, por 2.0 metros de ancho: una pintura al óleo que, según afirman los entendidos en esta clase de situaciones, “conserva la misma tonalidad desde su descubrimiento y jamás ha sido retocada e inexplicablemente los pigmentos penetran más de un centímetro en la roca”.

La capilla posee una plazoleta levantada sobre dos arcos romanos, a un altura superior a los 40 metros sobre el río Guaitara, que une, de manera imponente, las dos montañas del cañón. Es un santuario que se destaca, además de su arquitectura, por su entorno geográfico: posee, al frente, una hermosa cascada construida artificialmente al taladrar un socavón para extraer agua de la quebrada Frontales; un lindo camino de herradura; un gran monumento a San Miguel Arcángel y, en un lugar próximo a la base del templo, un cálido termal brota de la montaña para desembocar en un corto trayecto al Guaitara.

En 1951, el Vaticano decretó la coronación canónica de Nuestra Sra. de las Lajas y el Santuario es Basílica menor, desde 1954. En 1984, el Santuario es declarado “monumento del patrimonio cultural del país”, mediante Resolución 007, del 28 de diciembre de 1984, del gobierno colombiano. En 2006, mediante Resolución 1591 del mes de octubre, “se declara la Iglesia Nuestra Señora de las Lajas, ubicada en el municipio de Ipiales, departamento de Nariño, como Bien de Interés Cultural de Carácter Nacional” y se delimita su área de influencia. En el año 2007, el Santuario de las Lajas es considerado una de las “7 maravillas de Colombia”, al obtener la segunda votación más alta, después de la Catedral de Sal de Zipaquirá.

La Parroquia de las Lajas hace parte de la Diócesis de Ipiales; el Santuario está bajo el cuidado o administración, en cuanto a lo doméstico, de las Hermanas Franciscanas de María Inmaculada. El peregrinaje de los devotos al Santuario es permanente, pero se incrementa en dos épocas del año: en septiembre, cuando se celebran las fiestas oficiales, y el Jueves Santo, cuando los peregrinos, especialmente desde la ciudad de Pasto, llegan a pie después de una travesía de más de doce horas. Quizá, después de Fátima y Lourdes, es uno de los sitios de peregrinación que más atrae a turistas y peregrinos, quienes, con gran devoción, visitan a la “Mestiza más linda de América”.