ANTES RETENES DE LAS FARC Y AHORA RETENES POLICIALES

Hace una escasa semana el nuevo gobierno presentó al Congreso de la Nación un proyecto de ley para combatir la corrupción entre políticos y contratistas. Algunas de sus novedades vienen de la eliminación de los beneficios jurídicos para los condenados y entre sus 95 artículos crea una Comisión Nacional para la Moralización y otra Ciudadana para la Lucha contra la Corrupción, todo con la apariencia una ley que ponga coto al crimen nefando del saqueo de los dineros recaudados por el estado para ser invertidos en el beneficio común.

Piquete de Policías haciendo retenPero por ninguna parte, por parte alguna, dice el proyecto presentado por el gobierno de Juan Manuel Santos al Congreso, cómo van a erradicar la brutal putrefacción, astucia y degradación de las agencias policiales que han convertido a Cartagena de Indias en la más grande olla podrida de la república.

Porque hay que decirlo. Con el sambenito que Cartagena de Indias debe ser el puerto mejor protegido de Colombia, donde las teorías de la Seguridad Democrática  sean paradigma para el resto de la nación, la Policía Nacional ha instaurado una depravada fuente de ingresos para la totalidad de sus integrantes a través de las decenas de retenes permanentes, móviles, diurnos, nocturnos, de amanecida, de anochecida, lunares, solares, cósmicos y de playa, mediante los cuales, en un sistemático mecanismo kafkiano de hostigamiento a las clases altas, medias, bajas, pauperizadas, desplazadas y por supuesto a los grandes, bajos y medianos delincuentes, sumados a estos los propietarios de toda clase de tiendas, tenderetes, carromotos, chazas, etc., la infame policía nacional de Cartagena de Indias recoge millones y millones de pesos por concepto de las extorsiones a que somete al respetable aduciendo que se han tomado más de una cerveza, que una llanta está a medio inflar, que le falta un bombillo a una farola, que el vidrio delantero es muy oscuro, que le falta un numero a la cedula, que el pase no tiene la firma de alguien a quien el bellaco policía de turno dice tiene que estar, que hace diez años la cherokee del pobre diablo era color rojo y ahora parece verde, que la mujer que va su lado está muy gorda, que no le gusta el que va atrás con un aretico de oro, que tirar en las playas está prohibido para el resto de los humanos menos para ellos que se tiran a cuanta pueden en sus radio patrullas, que no ha puesto las luces a las 5 y 59 de la tarde, y que por tanto debe darle entre 20 mil y un millón de pesos si no quieres que te llevemos el vehículo a los parques y te quitemos el pase por dos años, mientras el criminal de verde Inglaterra pregunta acucioso, y Ud. que hace, hace cuanto vive por estos lados, cuál de esos edificios de El Laguito es el suyo, ella que hace, Ud. parece de billete, es acaso de Medallo, etc., etc., todo salpicado con esas miradas de bandido bien entrenado y satisfecho de no ser de las FARC ni las AUC sino de la Honorable Policía Nacional de la Corrupta Republica de Locombia.

Cientos y cientos son los ciudadanos cartageneros que pueden dar testimonio de las extorsiones de la policía en esta ciudad. Pero están impedidos por una pasmosa norma jurídica mediante la cual si usted confiesa haber dado dinero a un policía primero va usted a la cárcel y luego veremos si el bellaco de verde inglés termina preso, cuando ya se ha hecho rico.

Que sorprendente sería que alguna agencia de inteligencia se diera a la tarea de vigilar los numerosos lugares donde en Cartagena de Indias la policía como cuerpo, o como pandilla de facinerosos, se estaciona a las horas menos imaginadas, las tres de la mañana por ejemplo en la carretera entre Arjona y Turbaco a la altura de un centro de vacaciones de maestros jubilados donde con uno de esos pajaritos de plástico con que silban los niños en Nicaragua acusan a los transeúntes de estar borrachos, amenazan con inmovilizarles los vehículos, les retienen los carnets de conducir y luego los extorsionan y si no accede la víctima, le suben el carro a una cama baja, lo esconden hasta que de tanto averiguar, le dicen que ellos tienen la solución: 800 mil pesos y desaparecen el parte, pero eso si debe usted pagar 100 mil por la cama baja que está en Arjona, donde le dan un recibo de un talonario de gallera.

General Óscar Naranjo

O ese portentoso lugar llamado Lomapiedra, único acceso a la amurallada desde el interior del país, donde las veinticuatro horas de cada dia una legión de avivatos adscritos a la Policía Nacional despluman a decenas de pobres motociclistas y moto taxistas con el vil argumento de que les falta un número en el casco, que no llevan encendidas las luces, que llevan el yelmo del lado derecho cuando por la mañana debían llevarlo por el izquierdo, que no se han escardado los dientes o que el señor que va atrás tiene dentadura postiza. Una cuadrilla de patibularios de cuello verde es lo que allí detiene y despoja a cuanto desamparado de la fortuna pasa por sus manos. Y qué no decir de la flotilla de taxis que autorizados por solo ellos pueden transportar gentes entre Ternera y Turbaco, porque por ninguna parte se puede conseguir una planilla para transitar entre esos municipios, donde la cama es Turbaco y el mostrador Cartagena para los pobres que en Manga o Castillo Grande logran un empleo de limpia casas o vendedor de Yambal.

Ay, si se pudiese instalar una cámara y un micro oculto en la misma curva de la podredumbre del mercado de Bazurto, donde un cabo blanco en compañía de un patrullero negro, domingos y feriados exprimen los bolsillos de los transeúntes en moto, en moto taxi, en taxi o en Cherokee, la cuatro puertas que en la mente corrompida de los policías de Colombia lo único que significa es billete, coca, parranda y putas porque ignoran que hace mas de un cuarto de siglo, esas pobres camionetas de los lava perros de los narcos fueron a parar a las manos de cualquier hijo de vecino o algún viejo jubilado soñando con ser rico. ¿Y qué no contar del retén que instalan los viernes a las diez de la noche en la Calle Larga para aligerar de sus dólares a los ávidos de carne y fandango que retumban hacia Quiebracanto y Havana?

Aun cuando nadie me lo crea, ya nadie teme al gobierno, ni va a respetar nada. En la mente de la corrupta policía de Colombia se ha incrustado la idea de que Alvaro Uribe no podrá ser reelegido nunca y entonces los tiempos donde hubo algo que temer han pasado a mejor vida. Juan Manuel Santos y Vargas Lleras no significan nada para los corruptos. Y ni siquiera su Ley Anticorrupción podrá aplicarse cuando la policía, como la pereza en tiempos de Nerón, es la madre de todos los vicios: la codicia, la gula y la pereza. Un policía no es otra cosa que un zángano a sueldo. Y si le dan leyes para aplicarlas, lo mejor es que se enriquezca infringiéndolas. La Policía de Colombia da asco. Renuncie General Naranjo, su policía es una vergüenza.

 

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