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Estaba aún fresco, en el recuerdo de los barranquilleros, el caso del asesinato de la llamada “Mujer X”, ocurrido en los primeros meses de 1932, crimen finalmente resuelto, cuando Efraín Duncan, el “Barba Azul” barranquillero confesó ser el asesino de Ángela Hoyos, la ex-Mujer “X” quien había sido degollada por éste en un paraje enmontado de Veranillo; cuando el 16 de abril de 1935, Barranquilla nuevamente se vio sorprendida por el asesinato de la súbdita inglesa, Catalina de Meek, en la antigua “Pensión Inglesa” de su propiedad, ubicada en el mismo hermoso edificio que fuera la casa habitación de la familia Cisneros, conocida bajo el apropiado nombre de “La Floresta”. (VER FOTOGRAFÍA...)
Solo que este crimen, al igual que muchos otros que vendrían después, quedó envuelto en el misterio y la más completa impunidad.
He aquí una versión en la que, con el ánimo de ser amenos, utilizamos el recurso de la imaginación.
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La madrugada del 16 de abril de 1935, un rumor invadió las calles y callejones de Barranquilla, clamor lastimero que bajó por el callejón de “Líbano” o “Avenida de la República”, hasta el caño del Mercado, llegando a los oídos de los madrugadores comerciantes del lugar; para regresar, haciendo el mismo recorrido hasta más allá de la calle del “Estanque”, ya en pleno corazón de “Boston” y “El Prado”, permitiendo así que los acomodados habitantes de esos prestigiosos barrios, se enteraran de la tragedia ocurrida, pocas horas antes, en la antigua “Pensión Inglesa” de la calle Murillo, y en donde su anciana propietaria había sido estrangulada.
“La Floresta”, antigua residencia señorial de la familia Cisneros, para 1935 era sólo un par de viejas casonas de madera, ya bastante desvencijadas y rodeada de plantas, entre las que se destacaban las trinitarias que, sembradas a su alrededor, parecía que con el tiempo terminarían por cubrirla para siempre.
Su frente daba, calle del Divididi o de Murillo de por medio, al parrandero, alegre y carnavalero Salón “Carioca”.
Pero “La Floresta” no tenía ya el esplendor de antaño, cuando sus 11.383 metros cuadrados de superficie, albergaban árboles frutales y hortalizas y sus dos casas de madera, junto a la más pequeña del servicio doméstico, lucían atractivas, con una capa de pintura verde sobre sus paredes de madera que le daban no sólo belleza, sino un simbólico sentido de esperanza futura.
Ahora, no era más que un sitio adecuado para el crimen, dado su estado de abandono.
Sus habitantes. En el deteriorado Kiosco de madera, hacia el centro del jardín, vivía Manuel Weeber, un sirviente curazaleño y su mujer ecuatoriana, María de J. Quiñónez, nativa del puerto de Esmeraldas. En el primer piso de la casa izquierda, y mirando hacia la banda norte del callejón del Rosario, ocupaba uno de los cuartos en arriendo, la señora Luisa Silva de Cortissoz y su hijo León, una callada y humilde costurera. En esa misma casa, pero en una habitación que daba hacia Murillo, vivía John Berg, el nieto adoptivo de la señora de Meek de quien muchos aseguraban era su sobrino.
En el piso segundo de la casa derecha, al cual se llegaba por una escalera también de madera, Frank Meek, el hijo, ocupaba un cuarto que estaba separado del de su madre por un estrecho pasadizo. Frank era un hombre de unos treinta años, inquieto, ágil, a pesar de ser un poco regordete, conocedor de la mecánica de aviación, pues desde hacía varios años laboraba para la empresa colombo-alemana de aviación, más conocida por sus siglas: SCADTA.
En el cuarto contiguo de la izquierda, vivía la camarera María Medina, una señora boyacense de edad avanzada, quien acompañaba fielmente a la señora de Meek desde hacía 14 años.
Habían otros cuartos en el primero y segundo piso, pero todos estaban vacíos, porque la Pensión ya no funcionaba como tal desde 1932, cuando la difunta, ante la grave crisis económica que aún azotaba al país, decidió venderla a la “Compañía Sindical Noguera”. Pero esto, era algo que ni siquiera su propio hijo Frank conocía.
Estas eran las personas que habitualmente residían allí, independientemente de las diarias visitas de una costurera y una cocinera, además de las alumnas que recibían clases en el pequeño taller de trocar hilos que ella había instalado y que en mucho ayudaba a la flaca economía familiar. El mecánico Juan Towood era otro de los visitantes esporádicos, lo mismo que Enrique van Hayle, un muchacho que había sido criado por la señora. Y por supuesto, su amiga Bessie Gillies, de nacionalidad inglesa, a pesar de ser nacida en Bogotá. Por último, Manuel Briceño, su cocinero de la Pensión Inglesa de la calle de San Blas, venía a menudo para cobrar los sueldos atrasados que le adeudaba la señora.
La mañana del 16 de abril: La señora de Meek, debido a su edad, se recogía en su habitación, a más tardar a las nueve de la noche, mientras que su hijo Frank arribaba en su motocicleta casi siempre a eso de las diez, lo mismo que su nieto John, con algunos minutos de diferencia. La camarera Medina se acostaba apenas lo hacía su patrona, y se levantaba todos los días a las cinco, a preparar el desayuno, muchas veces acompañada por el sirviente Manuel, pues doña Catalina se retiraba de su lecho con los toques de campanas de la un tanto alejada Catedral de San Nicolás, correspondientes a la misa de las 6.
La mañana trágica, el sirviente le dijo a la camarera Medina que le parecía extraño que siendo casi las siete, ni la señora ni su hijo Frank estuvieran sentados a la mesa para esperar el desayuno. La ausencia de John no les preocupó, pues era su costumbre, como joven sin ocupación, levantarse muy tarde y desayunar cuando ya todos lo habían hecho.
Ante esta advertencia, María Medina subió las escaleras y se acercó a la habitación de la señora, notando que el anjeo de la puerta estaba roto, pudiendo verla a lo lejos, todavía acostada y extrañamente con un brazo descolgado y la cara tapada con lo que parecía ser un vestido blanco de mujer. Al entrar, sospechó que su patrona estaba muerta. Llena de pánico y entre sollozos, se dirigió al cuarto de Frank golpeando fuertemente la puerta sin lograr despertarle, pues dormía profundamente, tal vez narcotizado, como lo declaró posteriormente en el interrogatorio.
Por fin pudo abrir sus ojos y, enterado del asunto, corrió veloz hacia la habitación de su madre, rompiendo casi de inmediato en un llanto que terminó de alarmar a los demás.
Bajó raudo las escaleras y vistiéndose como pudo con un pantalón encima de su pijama, ordenó ya desde la puerta de salida, avisaran a la señora Bessie de lo sucedido, mientras que él se dirigió presuroso hacia la Inspección Tercera que quedaba muy cerca de allí: en la acera occidental de la calle de Santa Ana, una que moría sobre el callejón del Rosario y miraba el costado norte del antiguo caserón donde ocurrió la tragedia.
El inspector Jesús María Molina, un hombre trigueño, de mediana estatura, de cabello abundante y negro, pero con entradas bastante pronunciadas, con más pinta de vendedor de seguros que de detective; acababa de llegar a su oficina, todavía un tanto estropeado por la parranda de la noche anterior en la tienda “El Sporting” del italiano Moscarella, en Progreso y Sello.
Encontró a Frank sentado en una butaca contigua a la oficina y de inmediato le hizo pasar.
.- ¡Mataron a mi mamá! ¡Mataron a la señora de Meek! le gritó al oído.
.- ¡Calma, calma! ¿De qué me está hablando?
.- ¡De mi madre! Que mataron a mi madre, ¡quizás para robarle...!
El Inspector se levantó de su asiento y no sin antes arreglarse su corbata, le tomó por el brazo y caminó con él hacia el lugar de los hechos.
La primera en abrir fue la Medina, quien con su rostro bañado en lágrimas le dijo:
.- ¡Mataron a la señora, mataron a mi patrona!
.- ¡Cálmese!, cálmese, repitió -el Inspector.
Minutos más tarde llegaron varios detectives, uno de ellos especialista en dactiloscopia, acompañados por el teniente Heilbron.
El inspector les ordenó seguir y comenzar las labores de rigor en estos casos. De inmediato convocó a todos los moradores y los reunió en el jardín. Les dejó a la espera, mientras subió a la alcoba, presentándose ante el lecho de la víctima para observar de cerca el cadáver. Miró a su alrededor y se dio cuenta de que el cuarto se hallaba en completo desorden.
A los pies de la cama, cerca de la ventana había una cómoda. Bajo el lecho, un baúl estaba rodado y casi abierto, como si alguien hubiese querido forzar su candado.
Pero antes, había visto la puerta de entrada del dormitorio y observó que la moldura que sujetaba la malla de alambres estaba rota y la propia malla cortada longitudinalmente.
El armario que daba a un costado de la pieza, mostraba sus ropas íntimas y algunos objetos regados por el suelo.
De inmediato se paró frente al lecho y desde todos los ángulos observó la dantesca escena.
El cadáver estaba en posición decúbito dorsal y presentaba una profunda equimosis o contusión en el rostro y en el cuello. Un traje de lino le apretaba la garganta estrechamente y se le envolvía sobre la boca, lo que era, según el inspector, una clara evidencia de que el victimario acalló los gritos de horror de la señora. Además, la tela que le sirvió para estrangularla, estaba manchada de sangre, de donde dedujo que la víctima arrojó sangre por la boca, bajo la mano que le quitaba la vida. Sin embargo, su dentadura postiza estaba intacta.
En cuanto a la alcoba, ya lo dijimos, estaba en completo desorden. La parte superior del toldo apareció roto y tenía algunas manchas de sangre, posiblemente la misma sangre que expulsó la señora en el momento en que era asfixiada. Era de suponer además, que hubo un forcejeo causante de la rotura del mismo.
Por otro lado, encontró una mesa de noche con libros y revistas al lado de la cama, y sobre la parte derecha un carriel con objetos de uso personal.
Dos sillas, poco firmes, se hallaban en medio del dormitorio, evidenciando que no estaban en su sitio habitual.
Por lo demás, la oscuridad del lugar, a pesar de que el sol estaba afuera, le daba a la habitación un aspecto desolador.
El Inspector se sentó en una de esas sillas, y con el rostro denotando desconcierto, esperó impaciente la llegada del personal de Medicina Legal.
De repente, se abrió la puerta y dos camilleros entraron parsimoniosamente, para llevarse el cadáver y conducirlo al Cementerio Universal a practicarle la correspondiente autopsia.
Los dos hombres, apenas colocaron los restos mortales sobre la camilla, debidamente envueltos hasta la cabeza con una sábana, bajaron como pudieron por la crujiente escalera. Al llegar a la salida, tuvieron que solicitar la ayuda de algunos agentes policiales, pues una muchedumbre se apiñaba ante la puerta. Hasta el mismísimo Adolfo Held estaba entre los curiosos, aunque él, como vecino, tenía todo el derecho a enterarse de los detalles de la tragedia.
.-“Vaya a la Departamental don Adolfo.”- le dijo respetuosamente uno de los policías, mientras se ocupaba de apartar a los más impertinentes.
El inspector bajó tras ellos, no sin antes ordenar que sellaran el cuarto, se dirigió al jardín donde estaban esperándole los moradores para ser interrogados. El último en llegar había sido John Berg, pues, como siempre, se acababa de levantar, esto, a pesar de todo el alboroto que había en la casa.
.-A ver jovencito. ¿Quién es usted? –le preguntó el inspector.
.-Soy John, el nieto de la señora-le respondió, todavía restregándose los ojos, pero muy sorprendido por la gravedad de los hechos.
.- ¡Acérquese un poco más! –le gritó.
.- ¿Cómo se llama?
.-John, John Berg...
.- ¿Es usted el nieto de la víctima?
.-Si, así es...
.-Pero su apellido no me dice que sea usted realmente familia.
.-En realidad no lo soy. Soy más bien un nieto de crianza.
.- ¿Dónde trabaja?
.-Yo no trabajo. Vivo de las comisiones que ella me da por las diligencias que casi a diario le hago.
.- ¿A quién?
.- ¡Pues a mi abuelita!... ¿a quién otra?
.- ¿Nunca ha trabajado?
.-Mire, señor Inspector. Yo estoy aquí desde hace tres años, luego que vine de Nueva York donde residía y desde entonces estoy sin trabajo y viviendo casi de limosna, pero estoy joven y puedo en cualquier momento conseguir uno para juntar dinero y regresarme a Nueva York, pues, la verdad es que aquí está la situación bastante difícil en cuanto a obtener un puesto de trabajo.
.- ¿Dónde estaba usted anoche?
.- ¿A qué hora?
.-Yo no le estoy preguntando eso, sino simplemente dónde se encontraba anoche. ¿En casa?
.-No. Yo acostumbro a venir a eso de las diez de la noche, pero ayer vine más tarde, como a las 11 porque estaba en el cine. Fui al...
.-¿Al Rex?
.-No, al Apolo.
.-Pensé que habría ido al Rex por aquello de estar recién inaugurado ese teatro.
.-Estuve a punto de hacerlo, pero me encontré con unos amigos que iban para el Apolo y me les uní.
.-Qué película vio?
.-“Broadway al desnudo”. Esta es una comedia musical...
.-No, no, no me la cuente. ¿Tiene usted algún testigo?
.-Si, los señores, José Salvat y Aquiles Arrieta, con quienes compartí antes y después de la película. Ellos fueron los que me convencieron que fuera con ellos al Apolo y no al Rex.
.-Cuándo llegó… ¿quiénes estaban en casa?
.-Creo que todos. El último en llegar, que yo sepa, fue Frank, a quien divisé desde mi ventana entrando con su moto. Pero eso no debo yo responderle...
.- ¿Por qué?
.-Porque quien debe saber con exactitud es el sirviente Weeber, pues es él quien abre la puerta a todo el que va llegando.
.-Tiene razón...le dijo y le ordenó retirarse, llamando de inmediato a Manuel.
El sirviente Weeber era un hombre bastante fornido y con la piel tostada, tal vez por haber nacido en las hermosas playas curazaleñas.
Se le acercó un tanto asustado, cosa que observó el inspector, pero su actitud no le despertó sospechas, pues su olfato de sabueso experimentado le indicaba estar ante un hombre bueno y dedicado a sus labores, sin más aspiraciones que el mantenimiento de su humilde hogar. Por lo demás, estaba enterado que éste era un viejo conocido de la señora de Meek, pues había trabajado para ella como cocinero durante cuatro años, cuando tenían la sucursal de la pensión en la calle de San Blas entre Cuartel y 20 de Julio.
.- ¿Recuerda usted si además de John Berg entró otra persona a la Floresta en la noche de ayer?
.-Si, el señor Frank con su moto. Yo mismo le abrí. Por cierto que ya tenía bastante sueño.
.-Dígame. ¿Fue usted la primera persona que vio el cadáver?
.-No, la camarera. Recuerdo que yo le hice ver que me resultaba extraño que ella, la señora, no hubiese bajado aún, a pesar que ya eran las siete de la mañana.
.-Bueno...siendo usted en realidad el portero, puede decirme: ¿qué otras personas vinieron a la casa durante el día 15 de abril?
.-Los mismos de siempre. Es decir: la cocinera, la costurera y las dos o tres muchachas que estudian en los talleres de trocar-hilos. Porque lo que es el señor Briceño no viene desde hace 20 días.
.- ¿Briceño? ¿Quién es Briceño? ¿Vive aquí?
.-No, él es un señor venezolano que trabajó para la señora como cantinero en la otra pensión, pero ella le quedó debiendo unos dineros por sueldos atrasados. Él viene todos los meses a cobrar y se va.
.-¿Cuándo vino la última vez ?
.-Hace como veinte días. Mire. Él ha venido dos o tres veces a cobrar su dinero a la señora Meek y siempre lo ha hecho muy cortésmente, a pesar de que una vez no pudo cobrar. Otro que visita de vez en cuando es el niño Van Hayle, pero ya tiene una semana que no viene. La señora Bessie sí, y a cada rato porque es muy amiga de la patrona.
.-Ya lo sé. Por eso le he pedido que se quede a cuidar la casa, acompañada por un par de agentes mientras continuamos la investigación.
El inspector, un tanto cansado le despidió y llamó a la camarera Medina.
.-Usted fue la primera que descubrió el cadáver. ¿No es así?
.-Sí...
.-Dígame. ¿Cree usted que los asesinos fueron ladrones?
.-No lo creo así.-respondió.
.-Pero me dicen que de los dedos de la víctima desaparecieron 3 anillos avaluados en 1.500 pesos.
.-Sí, pero, ¿no le parece extraño que esos mismos ladrones no se llevaron otras prendas y cosas?
.- ¿Cuáles?
.-Pues vea, el anillo que se le halló en el dedo anular de la mano derecha, uno que tenía un signo de la logia: ELKS.
.-¿Era masona la señora ?
.-No sé. Creo que sí, porque por algo cargaba ese anillo.
.-Pero se olvida usted que también encontramos un broche de oro sobre la solapa de una camisa. En otro bolsillo un billete americano de 5 dólares, además de 32 pesos que guardaba en el camisón.
.-Entonces tengo razón...Yo creo que más bien fue...
.-¿Notó algo sospechoso ?
.-A eso de las cuatro de la madrugada sentí un golpe como de algo que tiran contra el pavimento, pero pensé que había sido el gato.
.- ¿Cuál gato ?
.-Uno que vive aquí y que muchas veces se tira desde un árbol hasta el balcón que, como es de madera, suena muy fuerte.
.-Entonces... ¿es posible que el gato haya visto a los criminales? -preguntó el inspector en un tono un tanto socarrón.
.-Tal vez, respondió, tapando con la mano derecha su boca que empezaba a descubrir una sonrisita burlona.
.-.Entonces, ¿no cree que fueron ladrones?
.-Ya se lo dije. Yo creo más bien que fue por venganza que la mataron.
.- ¿Venganza?
.-Sí, de alguno de sus acreedores, pues, quiero que sepa que la señora debía mucha plata. Le debía, por ejemplo, al señor Briceño.
¿Briceño el cantinero?
.-Sí... ¿y cómo usted lo sabe?
.-Porque me lo dijo Weeber, el sirviente.
.- ¿Y qué le dijo él?
.-Que ese señor andaba muy enojado porque la señora le debía y no le quería pagar.
El inspector se la quedó mirando y esperó que ella continuara hablando para poder confrontar su respuesta con la de Manuel.
.-Sí, así es. Andaba muy enojado, porque del trabajo realizado en San Blas le debía como 8 meses de sueldos atrasados.
.-Pero, ¿acaso la Pensión quedaba en San Blas?
.-Creo que era una sucursal, pero no sé exactamente. Pregúntele al niño Frank, pues él conoce toda esa historia en detalles.
.-Pero, volvamos con Briceño. Me decía que...
.-Que andaba muy enojado. Muchas veces venía e insultaba a la señora. Recuerdo que una vez dijo en voz alta, como para que todos le oyéramos:.. “La vieja esa se quiere quedar con mi plata, pero yo le meteré abogado para que me pague...”
.-Pero eso no tiene nada de malo, dijo el inspector.
.-Sí, pero en otra ocasión dijo:... “Lo que soy yo le arranco mi plata en cualquier forma...”
El inspector de inmediato llamó al teniente Heilbron y le ordenó al oído que hiciera efectivo el arresto de Briceño, cosa que fue fácil ya que él trabajaba en el Bar “Bolívar” el cual quedaba muy cerca, en Medellín con Progreso.
.-A sus órdenes, señor inspector, le contestó Heilbron. Se lo traeremos de inmediato.
.-No-le contestó el inspector. Llévenlo directamente a la Departamental, pues allá quiero continuar mañana con los interrogatorios.
La camarera, mientras tanto, trató como de retirarse, pero el inspector la detuvo con un grito.
.- ¡No! No se vaya, que todavía no hemos terminado.
.-¡Si no me voy ¡ Sólo quiero traer una silla para sentarme.
El inspector volvió a mirarla fijamente y le dijo de repente:
.-Pero… ¡pudo haber sido usted¡
.-Cómo así. ¿Qué quiere usted decirme?
.- ¡Qué pudo ser usted la asesina!
.- ¡Por Dios! ¡Bendito sea Dios!...!Cómo se le ocurre tamaña calumnia! Si yo adoraba a doña Catalina. Además, aunque ya casi no recibía sueldos, tenía mi buena alcoba y comida. ¿Qué más puede pedir una persona anciana como yo?
.-Olvídelo, olvídelo, le dijo el inspector y ordenó a sus detectives, quienes eran cuatro, llevaran detenidos a todos hacia la Policía Departamental del Parque San José, con el fin de esperar hasta el siguiente día para continuar con la investigación.
Uno de los detectives se atrevió a preguntarle si no sería conveniente conducirlos a la cárcel de Obando, a lo que el inspector contestó con un gesto negativo de cabeza.
.-Pero… ¿dónde dormirán...?
.-En los pasillos, en los pasillos. Colóquenles unas colchonetas en los pasillos.
SEGUNDA PARTE
Al siguiente día, luego de pasar por su oficina de la calle Santa Ana para ver algunos papeles relacionados con el accidente de la lancha “3 de mayo”, se dirigió a la Departamental. A eso de las 10 de la mañana, ya estaba instalado en el altillo de la azotea y se dispuso a iniciar los interrogatorios.
El primero en ser llamado fue Manuel Briceño, hasta ese momento el principal sospechoso.
Briceño no había podido dormir bien, no sólo por haber estado ocupado en espantar mosquitos, sino maldiciendo de su mala pata:... “esto me pasa por bocón, por estar vociferando tanto sobre las deudas de la señora” se repetía a cada rato...
.-Buenos días, le dijo el inspector. Siéntese por favor.
.-Buenos días, le contestó Briceño.
.-Dígame. ¿Dónde estaba usted la madrugada del crimen?
.-En mi casa. ¿Dónde más?
.-Limítese a contestarme.
.-Ya se lo dije. En mi casa.
.- ¿Dónde vive?
.-En la calle Maturín y Hospital. Allí tengo mi casita.
.- ¿Vive solo?
.-Por supuesto que no. ¿Acaso ha visto usted algún venezolano que viva solo en Barranquilla?
.-No lo sé, le contestó el inspector con un poco de enojo.
.-Mi esposa es María Comas y es natural de Soledad. Ella está muy preocupada y desde esta mañana se instaló frente a la policía. Dice que no se va de allí hasta que no me suelten.
.-A qué hora regresó esa noche a su casa?
.-A la misma de siempre. A eso de la 1 de la madrugada.
.- ¿Tiene usted testigos?
.-Mi mujer y el señor Fernández.
.- ¿Fernández?
.-Si, Juan Fernández Fernández. Es el dueño del Bar “Bolívar” en donde trabajo como cantinero.
El inspector llamó por aparte a los dos, es decir Fernández y la mujer de Briceño, y sus declaraciones coincidieron, por lo que se concluyó que Manuel había dicho la verdad y que era por tanto completamente inocente.
Los interrogatorios de Luisa Silva de Cortissoz y María Quiñónez fueron rápidos y no arrojaron la menor sospecha en el inspector, por lo que fueron puestas en libertad, lo mismo que la camarera, Briceño, Weeber y el mecánico Towod, quien había dormido en el kiosco del sirviente la noche del crimen.
Quedaron detenidos Frank y el nieto John, como los principales sospechosos ya que, cuando inspeccionaron las habitaciones el día martes, el teniente Heilbron, quien era el jefe de la oficina de la seguridad, encontró en el cuarto de Frank una camisilla mojada que fue recogida por uno de los detectives. A este respecto pensaron las autoridades que Frank debió llevarla en su cuerpo hasta momentos antes de haber sido hallado el cadáver.
Y lo peor fue que, en el apartamento de John se encontró otra camisilla, también mojada, como si hubiera sido usada durante ejercicios violentos.
La otra cuestión era la de la herramienta hallada en la habitación de Frank con la que, se supuso, se rompió el anjeo de la puerta del cuarto de la víctima.
El inspector ordenó entonces que tanto Frank como John fuesen trasladados de inmediato a la cárcel de “Obando”, la temible “80”, aunque en calidad de simples detenidos por sospechas.
Al tercer día, otros sospechosos de la calle fueron interrogados. Los jamaicanos Francisco Stewart y Alejandro Cover, domiciliados en el edificio Noguera (calle de San Roque, entre Pica Pica y Progreso), fueron denunciados por un empleado de la energía eléctrica, quien los sorprendió en las inmediaciones de “La Floresta” a eso de las cuatro de la madrugada, hora en la que se creyó, mataron a la señora de Meek. Pero, ellos declararon que estaban domiciliados en el Bar Águila de la calle Murillo con la carrera Rosario y que precisamente a esa hora, quizás un poco más tarde, se estaban mudando para el edificio “Noguera”. La sospecha era entonces infundada, pues les llovieron los testigos que confirmaron el hecho. Además, Stewart había sido el equipajero de la Pensión Inglesa hasta hacía poco tiempo, y ahora se desempeñaba como traductor en el Muelle de Puerto Colombia.
Lo mismo ocurrió con el taxista del carro número 500, de quien sospecharon por haber sido visto con su auto, a gran velocidad, Olaya Herrera hacia arriba, llevando consigo dos pasajeros, a eso de las 5 de la madrugada, pero, luego de un exhaustivo interrogatorio se demostró que el inocente taxista, sólo cumplía con el deber de llevar a dos festivos franceses, técnicos de la fábrica de sedas “Filtta”, quienes habían decidido terminar sus sendos “guayabos” en las playas, entonces hermosas, de Puerto Colombia.
Fueron llamados a declarar: la señora Dominga Gil, mesera del Bar “Venecia”, situado cerca del Apolo; Hernando Sandoval; Candelaria Barranco, quien era la costurera de la señora de Meek; Georg Smith, un simpático muchacho de ascendencia americana, amigo de la familia; Justino Guarnizo, jardinero de la Floresta quien venía esporádicamente para arreglar el jardín, junto con su ayudante, además María Comas, la mujer de Briceño a quien volvieron a llamar para ver si encontraban alguna contradicción en sus declaraciones, pero sin resultados.
Todos esos interrogatorios no arrojaron pista alguna para descifrar el crimen.
El resto del día lo dedicó el inspector a ocuparse del caso de la lancha “3 de mayo”, accidentada el 15 de abril, con saldo de varios muertos, entre ellos un niño, tragedia atribuida a la irresponsabilidad del sobrecupo de pasajeros y carga.
El jueves se fue directo para la cárcel de Obando y lo acomodaron en uno de los cuartos destinados a los retenidos sumariados, para llevar a cabo allí los interrogatorios que faltaban.
El primero en ser llamado fue John, el nieto postizo, aunque para muchos en Barranquilla, era el sobrino.
Con el pelo revuelto, en señal de que apenas se acababa de levantar, se sentó frente a él en la silla que le habían colocado. Eran algo más de las diez de la mañana.
.-Buenos días-le dijo el inspector.
.-Buenas...contestó a secas.
.-Dígame una cosa: ¿por qué me mintió la otra vez?
.-¿Cómo así ?
.-Usted me dijo que en la víspera había ido al cine.
.-Sí, lo dije y lo sostengo. Además, tengo testigos.
.-Está bien. Pero... ¿ve usted esta camisilla?
.-Sí, ¿y qué?
.- ¿Es suya verdad?
.-Sí, es mía.
.-Bueno, pues, la encontraron en su cuarto y estaba totalmente mojada, empapada en sudor.
.-Pero, ¿qué de interesante tiene el que la hayan encontrado sudada?
.-Pues, que parece que hubiese estado usted haciendo un gran esfuerzo para haber sudado así de esa manera. ¿La sudó usted después de llegar de cine?
.-Mire, Inspector. Me olvidé contarle que esa noche quedé tan impresionado con la película...
.- ¿Cómo se llamaba la cinta?
.-“Broadway al desnudo”. Ya se lo dije...Como le decía, me olvidé contarle que estaba tan emocionado por ese film que no podía conciliar el sueño. Así que, decidí salir a dar una vuelta, y resulta que me fui caminando, con paso apresurado, hasta la calle de San Blas. Cuando regresé era ya muy tarde y sentí que había sudado bastante.
.- ¿Sudando en la noche?
.-Pero… ¿es que acaso no sabe que aquí en Barranquilla se suda tanto de día como de noche?
.-Sí, pero no creo que así de forma tan abundante.
.-Eso depende de cada organismo. Además, recuerde que el mes de julio es uno de los más ardientes.
.- ¿A qué hora retornó?
.-A eso de las doce. Pero, como le dije, completamente sudado. Pasé a mi cuarto y coloqué la camisilla encima de la silla, con el fin de que la camarera la recogiera para lavarla al día siguiente, pero como fue entonces el día de la tragedia, allí quedó, hasta que ustedes la encontraron.
.-Bueno, quiero que sepa que está siendo sometida a estudios dactiloscópicos para ver qué encontramos.
.-Pueden hacer lo que quieran. Yo tengo mi conciencia tranquila. Nada temo, pues, estoy seguro de mi inocencia.
.-Eso lo veremos, le dijo el inspector. Ahora, puede retirarse.
Casi al instante trajeron a Frank para lo mismo.
.-Buenos días, señor inspector, le expresó, sin esperar a que él le saludase primero. ¿Ya encontraron al asesino?
.-En eso estamos. Precisamente, encontramos en su cuarto un destornillador y una lima, además de una camisilla mojada.
.-Con ella dormí la noche anterior, y cuando me despertó la camarera sentí que había sudado a chorros. Tal vez por el narcótico.
.- ¿Narcótico?
.-Sí, señor. Yo pienso que alguien me narcotizó, porque dormí profundamente y largo, y cuando me despertó María Medina sentí que la cabeza me daba vueltas y tenía la boca amarga, amarga como la hiel.
.- ¿Y cómo explica lo de las herramientas?
.-Son mis herramientas, pues practico la mecánica.
.-Sí, pero da la casualidad que con el destornillador rompieron el anjeo de la puerta del cuarto de su mamá.
.-Y acaso el asesino no pudo retornar las herramientas hasta mi cuarto nuevamente? Además, no creerá usted que yo soy el asesino. Acuérdese que soy el hijo de la señora de Meek...
.-Bueno, espero que así sea. Ya están siendo examinados estos objetos. Esperemos los resultados dactilares. De todas maneras, debo hacerle otras preguntas.
.-Dígame usted. ¡Soy todo oído!
.- ¿Cuál es su nombre completo?
.-Francis Forwood O’Bryen Meek.
.-¿Cómo dice?. Escríbamelo por favor, pues, no es muy bueno mi inglés.
Frank así lo hizo y de una vez aprovechó para escribir el de su madre, pues sospechaba que también se lo preguntaría el inspector.
.-Helen Susan Kathleen Hoare... ¡Estos ingleses y sus nombres raros!-exclamó el inspector al leer sobre el papel. ¿Por qué no me lo traduce?
.-Bueno, el de mi madre sería: Helena Susana Catalina...
.-Y, el Hoare?
.-Ese no tiene traducción.
.- ¿Y el suyo?... ¡déjelo, déjelo así! Mejor no me lo traduzca.
.-Está bien, pero además, señor inspector, eso no sería legal...
.- ¿Dónde nació?
.-En Barranquilla, pero estoy nacionalizado como inglés. Mejor dicho, recibí la naturalización...
.- ¿Quiere decir que es usted un ciudadano inglés?
.-No, señor inspector...no soy ciudadano inglés.
.-En qué quedamos ¿es o no es...?
.-Quiero decirle que no se puede decir ciudadano inglés, sino súbdito inglés, porque Inglaterra es un Reino. Sería ciudadano si fuera francés, colombiano o cubano por ejemplo, pues éstas son todas repúblicas. ¿Entendido?
.-Muy bien, muy bien. Todos los días aprendemos algo nuevo...
.-Así es, replicó.
.- ¿Tiene usted más hermanos?
.-Si, mi hermano John.
.- ¿John? Pero… ¿no es el nieto?
.-Lo que pasa es que no me dejó terminar. Me refiero a mi hermano mayor: John Wallace. Él vive en la actualidad en Londres. Todavía no debe saber lo que ha sucedido. Tengo además una media hermana que le llaman Edith Meek Crouse, la cual es casada.
.- ¿Y cómo se llama su padre?
.-Se llamaba, porque él ya murió.
.- ¿Cuándo?
.-En 1907. El 6 de octubre para ser más exactos. Él se llamó en vida John Meek Junior. Era un navegante y comerciante nacido en Liverpool.
.- ¿Era comerciante?
.-Sí, pero todo lo que sé me lo contaba mi madre, pues cuando él murió tenía yo 2 años de edad.
.- ¿Qué le contaba su mamá?
.-Me decía, por ejemplo, que él le había vendido a la “Compañía Internacional para la navegación a vapor por el Río Magdalena”...
.- ¡Qué nombre tan largo...!
.-Ese era el nombre de una compañía de navegación que existió en Barranquilla hasta 1886, cuando se fusionó con otras y se formó la “Compañía Colombiana de Transportes”. Pues, como le venía diciendo, mi mamá me contó que fue él quien vendió a esa Compañía el vapor “Mariscal Sucre” construido en Inglaterra y, lo comisionaron a él para que se los vendiera.
.- ¿Cuándo fue esa venta?
.-Creo que en 1885, porque mi mamá todavía conservaba un documento fechado el 5 de noviembre de 1886 en donde le cancelaban a mi padre las últimas 2. 637 libras esterlinas de las 3.139 que costó ese barco. Por cierto, supe que ese buque naufragó en 1889, cuando ya pertenecía a la flota de la Colombiana de Transportes y era capitaneado por el americano William Landkin Bradford.
.-Por lo visto era un buen negociante.
.-Claro que sí. Supe que también incursionó en el negocio de minas de oro.
.- ¿También?
.-Sí. Por ahí en el baúl que mi madre tiene debajo de su cama, el mismo que trataron de abrir los asesinos, encontrará usted un documento notarial acerca de la constitución de la Compañía Accidental para explotar la mina de oro llamada “Estéban Pérez” en 1889.
.-Y quienes eran sus socios?
.-No recuerdo a todos, pero me parece que estaban: Juan B Roncallo, Otto Flohr, Henry Price y Wehdeking representado por Carlos Fernando Foecke.
.-Los recuerda usted muy bien. No será que le dejó una buena herencia?
.-En ese caso le quedaría a mi madre, pero no lo sé. Ya hemos estado revisando los papeles para lo del Juicio de Sucesión, y, según mi abogado no hay nada al respecto.
.- ¿Y dónde quedaba esa mina de oro?
.-Por los lados de Majagual.
.-Pero entonces debemos concluir que tuvo usted un padre rico?
.-Tal vez, pero esa riqueza parece que la perdió antes de morir.
.- ¿Cuándo conoció él a su mamá?
.-Tengo entendido que mi mamá vino directo a Barranquilla desde Londres en 1893, siendo todavía muy joven.
.- ¿Por dónde entró?
.-Por Puerto Colombia. Acuérdese que el Muelle se inauguró en ese mismo año 93.
.- ¿Vino acompañada?
.-No lo sé. Ella nunca me habló de eso. Lo único que sé es que se casó con mi padre el 22 de abril de 1894, por lo civil y ante el Juez Segundo, Pedro Casalins.
.- ¡Qué buena memoria tiene...!
.-Es que ya tengo los papeles preparados para lo del juicio de sucesión.
.- ¿Qué edad tenía su madre cuando fue asesinada?
.-68, pero leí en El Heraldo que tenía 75. Eso es falso, pues los papeles son los que dicen la última palabra ¿No es verdad?
.-Si, así es. Pero volvamos a lo del crimen. Dígame… ¿Quién sería para usted el asesino?
.-Eso no puedo decírselo, pero creo sinceramente que pudo tratarse de simples ladrones.
.-No cree usted que haya sido su nieto John?
.-No, no lo creo. El es un buen muchacho. Además, quería mucho a mi madre, aunque fuera su abuela postiza.
.-Y que me dice de los otros ¿Briceño o la camarera Medina?
.-No, señor inspector. Definitivamente no. Yo creo que fue algún ladrón.
.-Pero entonces, ¿por qué no se llevó todas las joyas?
.-Por nerviosismo tal vez. Acuérdese que la camarera sintió un ruido tremendo. Es posible que el ladrón estrangulara a mi madre por temor a que ella con sus gritos despertara a la gente.
Cuando Frank dijo esta última frase se quedó callado y sus ojos quisieron llenarse de lágrimas, pero se contuvo y agachó la cabeza.
.-Puede que tenga usted razón-le contestó el inspector.
.-Además,- le dijo Frank-ya un poco repuesto de sus emociones-“no sé si leyó la Prensa del 20 de abril. Allí dicen que un desconocido trató de penetrar a media noche a la alcoba de mi madre. ¿No cree usted que vendría a buscar las prendas que no se había llevado antes?...
.-Es probable. Sin embargo, nada podemos hacer, ya que, debido a la estupidez del agente quien, en lugar de esperar calladamente la culminación del hecho delictivo, le alertó con un grito y el ladrón escapó en medio de la oscuridad sin dejar rastro...
.-Lo que pasa es que, aquí en Barranquilla, cualquiera con treinta y cinco pesos de sueldo y un revólver viejo marca “Lechuza” se convierte en Sherlock Holmes.
.-Así es, dijo el inspector sonriéndose. Aquí estamos todavía en pañales en estas cuestiones criminalísticas.
.-¿Qué otra pregunta debo responder?
.-Por el momento ninguna más. Quería saber más sobre la historia de la Pensión Inglesa pero lo haremos otro día y más bien cuando sepamos quién fue el asesino.
.-Pero, dígame, ¿Hasta cuándo voy a estar detenido?
.-No lo sé. Creo que muy pronto debemos tener los resultados de las pruebas de dactiloscopia.
.-Pero supe que usted ya soltó a los demás...
.-Tenga paciencia, pues, pienso que este caso como otros, quedará sin resolverse. Lo más seguro es que el asesino ya está en el exterior. Además, debe saber que el señor cónsul de Inglaterra en Barranquilla me llama todos los días y me pide que le suelte. Él cree mucho en su inocencia.
.- ¡Es que lo soy!
Frank le dio la espalda y sin despedirse, volvió a su cuarto de “detenido sumariado”, mientras que el Inspector Molina se encaminó a su oficina de la calle de Santa Ana.
Pasaron los días, y ante el fracaso de las pruebas dactilares y las otras investigaciones, se dio por cerrado el caso.
Para el 25 de abril, tanto John como Frank fueron dejados en libertad incondicional. Con respecto al primero porque lo de la camisilla no arrojó prueba alguna y en relación a Frank, las huellas digitales halladas en el destornillador no eran las suyas, por lo que se concluyó pertenecían al fugitivo asesino.
Pero Frank no se quedó tranquilo y al día siguiente visitó al inspector para preguntarle más detalles. Le explicó que para solucionar este caso había tenido que pedir la colaboración de la fiscalía, a través del Juez Superior que era el doctor Esmeral. De manera que, el Fiscal Samuel de Sola Roncallo había estado interviniendo en la práctica de las diligencias...
.-Entonces no fue usted capaz de solucionar este caso?
.-Tuve que pedir ayuda. Y dé gracias a Dios que fue así, porque de lo contrario hubiera usted pasado unos cuantos meses en la cárcel. Imagínese que el expediente tenía más de cien páginas.
.- ¿Y cuál fue la prueba reina?
.- ¿Cómo así?
.-Quiero decir… ¿Qué les hizo concluir que era inocente?
.-El concepto de los peritos. Pues, debe usted saber que, por muchos detalles, pormenores y señales de las huellas, los peritos fueron del concepto que, mucho antes de la llegada de John, algún desconocido se recató en parte oculta de la casa para ejecutar su crimen en el momento oportuno.
.- ¿Se recató? ¿Eso qué quiere decir?
.-Recatar significa esconderse, pero así se dice en términos judiciales.
.-Ahora soy yo quien he aprendido algo nuevo.
.-Así es. Como le decía, los peritos constataron el fundamento de estas suposiciones que lo corroboran varias circunstancias de posibilidad admisible. La casa, en su parte posterior está circuida de una arboleda más o menos frondosa, que la recata de la vista del público y que permite fácilmente el escondite de cualquier extraño, a lo cual se agrega el silencio que generalmente se observa allí desde ciertas horas y que empieza a sentirse tan pronto como el sirviente Weeber y el resto del servicio se retiran a sus habitaciones.
.-Realmente… ¡estoy admirado!
.- ¿Por qué?
.-No sabía que fuera usted tan inteligente y capaz.
.-Bueno, lo que pasa es que tuve que estudiarme lo que los peritos escribieron. Ya me lo sé casi de memoria.
.-De todas maneras denota usted mucha inteligencia.
.-Muchas gracias, pero no es para tanto...
.-Pero siga usted...por favor.
.-Bueno, debo agregar que la prueba pericial fue también de suma importancia.
.- ¿La prueba peri...qué?
.-La Pericial. Esta no es más que la diligencia de inspección ocular, que, como se sabe, constituye en los procesos criminales una prueba de valor probatorio que se afianza en el concepto de los peritos y que sirve para determinar los vestigios que deja todo hecho en el momento de realizarse. En tratándose de crímenes, esta diligencia es de importancia excepcional y si se quiere una de las principales providencias que dicta el funcionario Instructor para la comprobación exacta del delito. Por muchas razones la diligencia practicada el martes 23 de abril constituyó un motivo de inculpabilidad a favor de los detenidos.
.-Y… ¿por qué nos soltó usted apenas en el día de ayer?
.-Porque había que esperar la opinión del Agente del Ministerio Público. Afortunadamente, cuando él leyó las sumarias la noche anterior, las consideró favorables para darles la libertad.
.-¿De manera que ya cerraron el caso?
.- ¡Absolutamente cerrado! Puede irse usted tranquilo. Espero me permita visitarle pronto, pues me quedé con las ganas de conocer un poco más acerca de la historia de la Floresta, de la Pensión Inglesa y otras cositas más.
.-Cuando guste, señor Inspector. Las puertas de mi casa estarán para usted siempre abiertas, pero debe visitarme pronto, antes que me mude.
.- ¿Se muda usted?
.-Sí, pero los detalles se los contaré cuando me visite.
.-Frank Meek le extendió la mano y él apretó la suya en un gesto amistoso. De inmediato, retornó a su casa. Por el corto camino, sintió la tristeza de saber que al llegar allí, su madre no estaría esperándole como siempre lo hacía, pero se consoló pensando en que muy pronto marcharía hacia otros lugares que le hicieran olvidar estos tristes momentos...
TERCERA PARTE
El domingo 6 de mayo se presentó, casi al medio día, el inspector Molina ante la puerta de la Pensión y fue el propio Frank quien le abrió y le hizo pasar amablemente.
.- ¡Buenos días! ¿Está usted solo?
.- ¡Sí! He enviado a Manuel por unas cervezas al Salón Carioca, pues tenía la corazonada de que usted se aparecería en el día de hoy.
.-Pero si usted mismo me ha abierto la puerta, quiere decir que está usted en la sola compañía de Weeber?
.-Y de su mujer María Quiñónez. Los demás se han marchado...
.- ¿Y por qué?
.-Sencillamente porque les dije que muy pronto debía mudarme.
.-En ese momento, apareció Manuel con dos bolsas llenas con botellas de heladas cervezas, todas de diversas marcas, justo en el instante en que se disponían a sentarse en unas sillas de metal y una mesita central del mismo material, al costado derecho del jardín y debajo de un frondoso árbol que hacía más agradable la estancia en el lugar.
.-Se está muy bien aquí-dijo el inspector.
.-La verdad es que no se puede uno quejar. Creo que éste es uno de los sitios más frescos que tiene Barranquilla.
.-Y dígame, ¿para dónde se fueron los otros?
.-Bueno. La camarera María Medina regresó a Tunja donde una hija. John se mudó con un amigo, quien le ofreció ayudarlo para retornar a Nueva York en barco. Luisa Silva de Cortissoz fue a vivir con la costurera. Sólo quedó Manuel con su mujer. Por cierto, él dice que no regresará a Curazao ¡ni de vainas!, pues está muy amañado en Barranquilla. Piensa conseguir trabajo en alguno de los bares de la ciudad y tal vez en el “Carioca” que tenemos al frente.
Manuel interrumpió viniendo desde la cocina para preguntar qué marca de cerveza deseaban ingerir.
.- ¿Qué cerveza prefiere, señor inspector?
.- ¿Qué marcas tiene?
.-Las únicas que hay en Barranquilla: Águila, Costeña o Nevada. ¿Cuál prefiere?
.-Bueno... la Costeña es sabrosa, pero es de los cachacos, lo mismo que la Nevada...
.-Ni tanto-le refutó Frank. La Costeña es de Bavaria que es una fábrica que instalaron los alemanes en Bogotá.
.-Se equivoca. “Bavaria” fue fundada por colombianos y holandeses.
.- ¿Holandeses? Tengo entendido que fueron unos alemanes.
.-Mire, amigo Frank... Le puedo asegurar que fueron holandeses, pues tengo un hermano que trabaja allá y él me dice que esa fábrica la fundaron en 1930, el holandés Guillermo Kopp Costello, quien es un empresario que representa en Colombia a la “Handel en Industrie Maatschappij”, que no sé cómo diablos se pronuncia, pero que traduce algo así como: Comercio y Sociedad Industrial, la cual tiene su sede principal en Ámsterdam. Ellos se unieron a los señores Julio Jiménez, Rafael Salazar y Gabriel Ángel, quienes representaban a la “Cervecería Continental” de Medellín. Hay otros socios colombianos y holandeses, pero estos que les nombré serían los principales...Garbrecht... ¡Ferdinand Garbrecht!, es otro de ellos. Los demás no los recuerdo...
.-Pero tiene usted muy buena memoria para poder retener esos nombres.
.-Lo que pasa es que, como le digo, mi hermano trabaja allá y cuando viene de vacaciones me cuenta todo lo concerniente a su empresa. Él está muy contento con su trabajo...-
.-Entonces, me imagino que preferirá usted una “Costeña” o una “Nevada”, para solidarizar con la empresa donde labora su hermano.
.- ¡Se equivoca! Como buen barranquillero, prefiero una cerveza “Águila”. Sobre todo ahora que sacaron un nuevo eslogan.
.- ¿Cuál?- le preguntó Frank.
.-“Sin Igual y Siempre Igual”.
.- ¡Oh!... ¡Sí! ¡Ese es un estribillo maravilloso! Me gustaría saber de quién fue esa idea.
.- ¿De quién iba a ser? ¡De Don Arturo!
.- ¿Don Arturo de Castro Palacio?
.- ¡Ese mismo! Él lo ideó y lo estrenó con motivo de los III Juegos Nacionales que se realizaron aquí en el pasado mes de enero.
.-Pues, no tenía la menor idea que hubiese sido una creación de él.
.-Usted sabe que don Arturo es un tipo genial. Tiene vainas de loco, pero por lo mismo es muy inteligente. Además, recuerde que a la cervecería, debido a la competencia de “Bavaria”, se le habían bajado mucho las ventas. Y eso a pesar de que se unieron...
.- ¿Se unieron? ¿Quiénes?
.- ¿Es que acaso no sabe de la unión de la antigua Cervecería Barranquilla con la Bolívar?
.-No, no lo sabía.
.- ¡Caramba! Me extraña-le dijo el inspector.
.-No tiene nada de extraño, pues no soy hombre de negocios.
.-Yo tampoco. Sin embargo, sé que la Cervecería Barranquilla fue fundada en 1913 por don Alberto Osorio y otros más en representación de “Cortissoz y Compañía”, mientras que la Cervecería Bolívar, en 1922, con socios como Jacobo Correa y Federico Schemel. Pero, cuando vieron la enorme competencia que significaba Bavaria desde Bogotá, finalmente, y en una acción inteligente decidieron fusionarse en 1933, creando la empresa: “Cervecerías Barranquilla y Bolívar”, pero ya con personalidades de la talla de don Julio Mario Santo Domingo, Ramón Santo Domingo y José Domingo Pumarejo...
.- ¡Carajo!-dijo Frank. ¡Está usted bien enterado!
.-Bueno. En eso sí me he preocupado por saber.
.-Y por qué habían bajado las ventas?
.-Por muchas razones, pero me inclino a creer que la propaganda que ellos tenían era poco impactante. Recuerdo aquella del pasado año 34 que decía: “Antes, Ahora y Siempre, Cerveza Aguila”. O aquella otra que me parecía tan tonta: “Aguila no es solamente un nombre”. “Aguila es un símbolo” “Aguila simboliza la más alta calidad de Cerveza fabricada en Colombia”. Y todo esto lo decían a través de un muñequito que se inventó algún dibujante de pacotilla.
.-Pero, es que además me parecía muy larga-dijo Frank.
.-Así es. Hasta usted que no sabe de estas cuestiones de la publicidad se da cuenta. Pero, después sacaron una más corta, aunque lo mismo de ridícula: “Si no toma Aguila no tome Cerveza”. ¡Por Dios! ¿A quién se le ocurrió semejante estupidez?
.-¡Realmente estúpida y ridícula!-reafirmó Frank. Sin embargo recuerdo una de las últimas que sacaron el año pasado, la cual decía simplemente: “Cerveza Aguila Siempre Igual”...
.-Ya veo que se acuerda muy bien. Pero ésta de ahora: “SIN IGUAL Y SIEMPRE IGUAL” es sencillamente ¡Genial! Yo creo, sinceramente, que este eslogan va a durar muchísimos años, y hasta me atrevo a decir que traspasará las fronteras y se hará popular en el mundo entero, porque es una propaganda y lo repito una y mil veces: ¡GENIAL!
.-Entonces, debo suponer, con toda seguridad, que querrá usted una cerveza Aguila...
.-Sí, por favor, pero que sea: “SIN IGUAL Y SIEMPRE IGUAL”, contestó riéndose el inspector.
Luego de la tercera cerveza ingerida por ambos, la conversación se volvió fluida y amena, y poco a poco fueron regresando al tema que más interesaba al visitante: la historia de la Pensión Inglesa.
Después de una breve pausa que el inspector aprovechó para ir a orinar y Frank para ordenar a María Quiñónez la preparación de unas picadas; comenzaron un interesante diálogo que inició el inspector al preguntar:
.-Me decía que tiene usted que mudarse pronto. ¿Por qué?
.-Porque la casa ya está vendida.
.-Pero yo tenía entendido que estaba hipotecada. Al menos eso fue lo que leí en el periódico.
.-Eso creí yo también, pero ahora descubrí que mi madre la tenía vendida, desde 1932. Es decir, hace tres años atrás.
.- ¿A quién?
.-A la Compañía Sindical Noguera. Imagínese que la vendió en 35.000 dólares y no me había dicho nada. Yo sí me preguntaba de dónde sacaba mi mamá dineros para seguir viviendo, porque lo que recibía por el arriendo de la bomba de gasolina y la fabriquita de trocar hilos no era mucho.
.-Yo sabía que su mamá tenía un pequeño taller de trocar hilos, aunque más bien era una escuela, pero lo de la bomba sí que me sorprende.
.-No, la bomba no es de nosotros. Nosotros le alquilamos una faja de terreno en 1929 al señor Rafael Labrador para que instalara allí una gasolinera. Es la misma que ya ha visto usted que queda aquí al lado de la casa, por el costado o esquina norte de la carrera Líbano.
.-Pero es una gasolinera pequeña.
.-Por eso mismo el arriendo que nos pagan es poco, pero al menos sirve para la comida.
.-Pero su mamá también tenía entradas por la pensión. ¿No es así?
.-No, porque la pensión ya no funcionaba como tal. Precisamente desde esa fecha. Yo estuve en estos días hablando con don Arístides....
.- ¿Arístides?
.-Sí, Don Arístides Noguera, el dueño de la Compañía Sindical. El me aclaró toda esta cuestión, la cual se resume en que mi mamá se la vendió por 35.000 dólares en el año 32, pero acordaron que ella no se iría de aquí, sino que seguiría pagando un arriendo de 262 pesos durante un año, y que entonces probaría recobrar la propiedad. Sin embargo, el plazo se cumplió en noviembre del año 33 y mi mamá no sólo no la pudo comprar, sino que ni siquiera pagó los arriendos.
Gracias a Dios, don Arístides es un señor muy bondadoso y nos ha permitido seguir viviendo 2 años más. Pero, ahora, luego del asesinato de mi madre, hemos llegado a un acuerdo que es en realidad beneficioso para nosotros: él nos reconoció 6.000 pesos más, pero yo debo abandonar esta vivienda cuanto antes, apenas tenga un sitio donde mudarme.
.- ¿Así están las cosas?
.-Así como lo oye. Naturalmente, me tomaré un tiempo prudencial, al menos hasta que se resuelva lo de la herencia.
.- ¿Y sí dejó una buena herencia la señora?
.-Sí, pero no es algo que valga la pena.
.- ¿Qué les dejó?
.-Bueno. Nos dejó, a mi hermano John y a mí, una casita construida en la urbanización “La Nueva Granada”.
.- ¿Dónde queda?
.-Es una urbanización nueva, pero queda por los quintos infiernos. La casita está avaluada en 50 pesos. Cincuenta miserables pesitos. Imagínese que los muebles que tenemos aquí, valen más que ella.
.- ¿Cuánto valen estos muebles? Quiero decir, los que hay en esta casa.
.-Los peritos los avaluaron en 700 pesos o sea, casi lo mismo en dólares, pues 1 dólar equivale a 1 peso con 55 centavos en estos momentos.
.- ¿Tan alta está nuestra moneda?
.-Sí.
.- ¿Y piensa usted vender todos estos muebles?
.-Creo que sí, pero seguramente me darán mucho menos dinero por ellos.
.- ¿Y qué otra herencia recibe?
.-Lo único que ella dejó de algún valor fueron casi 6.000 acciones que tenía en la “Santa Marta Coffe Company”, por un valor de 11.600 pesos más o menos.
.-Pero eso no está del todo mal. Con ese dinero podrá usted enderezar sus cargas. ¿No es cierto?
.-Digamos que sí. Pero esto le demuestra que mi madre no dejó gran cosa y que por lo tanto no podía haber interés alguno en asesinarla para cobrar una supuesta jugosa herencia. Y a propósito, ¿han encontrado al asesino?
.-Usted sabe, que este caso está cerrado...
.-De todas maneras me gustaría escuchar de su parte un último comentario.
.-Mire, amigo Frank. Primeramente creí que había sido el venezolano el asesino.
.- ¿Cuál venezolano?
.- ¡Briceño, hombre! Recuerde que se sospechó de él por aquello de sus amenazas en contra de su mamá. Luego, me incliné a creer que fuera la camarera, debido a su insistencia en acusar al primero. Después, sospeché fuertemente de John, pero me convenció cuando desbarató la creencia de que él estuviera detrás de alguna herencia ya que sabía que la señora estaba quebrada y que no figuraba entre los herederos.
Finalmente creí que podía haber sido usted por el asunto de las herramientas, pero las fallidas pruebas de dactiloscopia y la opinión del Fiscal respecto a que usted adoraba a su madre y que era consciente de una enfermedad terminal que ella tenía...
.- ¡Cáncer en la mama izquierda!
.-Bueno. No quise ser tan directo...y que usted vivía preguntándole al doctor Anastasio del Río todo lo referente a su enfermedad y al tiempo de vida que le quedaba.
.-Pero, ¿usted ya sabía lo de la enfermedad incurable de mi madre?
.-Lo supe últimamente.
.-Pero, ¿es posible entonces que hubiese pensado que yo estaría interesado en acelerar su muerte para cobrar la herencia?
.-No le veo ninguna lógica, menos aún cuando usted dice que su mamá estaba quebrada, económicamente hablando.
.-Eso no lo sabía yo, pero de todas maneras yo no hubiese sido capaz de cometer semejante crimen contra el ser que me dio la vida.
.- ¡De eso estoy seguro! Pero, ¿para qué seguimos hablando si este caso ya ha sido cerrado? Recuerde que se concluyó que fueron uno o varios ladrones los autores del crimen. Lamentablemente nunca serán capturados.
.-En Colombia no, pero si estuviéramos en los Estados Unidos por ejemplo, esos asesinos ya estarían en la silla eléctrica.
.-Yo creo lo mismo. De lo que sí estoy seguro es que este crimen era digno de un Sherlock Holmes. Este asesinato será recordado por los barranquilleros como uno de los más famosos, pero totalmente impune.
.-En eso estamos de acuerdo-le dijo Frank. ¿Y qué otra inquietud tiene?
.-Con respecto al crimen ya le dije que el caso fue cerrado. Yo vine porque quiero saber más sobre la Pensión Inglesa y sobre este bello lugar en donde estamos disfrutando de unas deliciosas cervezas, conocido como La Floresta.
.-Bueno, con mucho gusto-le dijo Frank y a continuación expresó: quedamos en que ellos se casaron en 1894. Yo creo que el negocio de la Pensión Inglesa, que también era un café, debió comenzar a finales o principios de este siglo, es decir, entre 1899 ó 1900.
.- ¿Aquí mismo?
.-No, señor inspector.
.-Llámeme Jesús-, o es que acaso… ¿no somos ya amigos?
.-Está bien...José, perdón, Jesús... La Pensión Inglesa comenzó en el Paseo de Colón con el callejón del Mercado que oficialmente se llamaba carrera “Esteban Márquez”, al frente de la Iglesia de San Nicolás. Allí permaneció varios años. Era un sitio muy visitado por las personas más importantes de esa época, tales como: los Obregón, los Correa, los Heilbron, los Senior, los Cortissoz y otros más.
.-Pero, entonces era una competencia para el famoso Café “La Estrella” de Don David Pereira?
.-El Café “La Estrella” apenas abrió sus puertas en 1902. Quedaba en toda la esquina del callejón de San Nicolás con el Paseo de Colón, en el lado norte. Pero, este era solo un Café. No era una pensión. Eso sí, fue un sitio muy agradable y como dice un amigo mío que conoce bastante la historia de Barranquilla: era el “rendez-vous” de la ciudad.
.- ¿Rendez-vous? ¿Y qué quiere eso decir?
.-Es un término francés y quiere decir algo así como punto de encuentro de la gente. Es que todo lo que valía dentro de la sociedad barranquillera se reunía allí, para tertuliar al calor de un café o una copa de licor. Eso es: punto de encuentro.
Además, don David era un hombre que tenía mucha experiencia en este tipo de negocios, pues ya había sido el dueño del café o club “San Carlos” que quedaba un poco más abajo, hacia el sur de la calle Real, la que muere frente a un costado de la misma iglesia.
.- ¿Y era tan acogedor como el otro?
.-Eso sí no lo sé, pero debe haber sido así, pues estaba ubicado en un edificio bajo, de mampostería que era de los sucesores de don Estéban Márquez. Y usted debe saber que, en esa época, eran muy pocos los edificios de mampostería en nuestra ciudad.
.- ¿Y qué pasó con ese club?
.-Don David se lo vendió al italiano Segnini y se fue a levantar el nuevo café “La Estrella”, en asocio con don Rafael Niebles, otro comerciante de agallas en ese tiempo.
.-Pero...sigamos con la Pensión Inglesa.
.-Bueno, quedamos en que se instalaron sobre el Paseo de Colón. No sé cuánto tiempo estuvieron allí, pero en algún momento se mudaron a un edificio muy bello, sobre la calle de San Blas con el callejón del Camposanto, hoy la carrera Ricaurte. Imagínese que el edificio al cual me refiero, era una de las casas de propiedad de don José Víctor Dugand.
.- ¿El banquero?
.-El mismo. Ese señor francés venido de Riohacha, quien después fundó un Banco en 1917. Pues, allí, en esa bella mansión funcionó por varios años la Pensión Inglesa. Creo que mi padre ya había muerto, pero mi madre ya tenía mucha práctica en su manejo.
.- ¿Y cuántos años estuvieron allí?
.-Hasta que a las autoridades se les ocurrió colocar en ese lugar las oficinas de la Gobernación del Atlántico.
.- ¡Ah!, Pero, ¿Se refería usted al edificio de la actual Gobernación?
.- ¡Claro!, ¿Y qué otro?
.- ¡Perdón!, es que estaba confundido, pues habló usted del callejón del Camposanto...
.-Sí, Camposanto. Así se llamó la carrera Ricaurte de hoy.
.- ¿Y en qué año pasaron la Gobernación para ese edificio?
.-No lo sé con exactitud, pero la Gobernación del General Eparquio González que, como todo el mundo sabe, fue larga, transcurrió allí.
.- ¿Y qué pasó entonces con la Pensión?
.-Nos tuvimos que mudar más hacia el norte pero sobre la misma San Blas, solo que a la altura de las carreras de 20 de Julio y Cuartel. Ese Café Inglés y Pensión a la vez, era sucursal de la principal que quedó donde estamos ahora sentados.
.-Cuando se mudaron para acá… ¿Le compraron esta propiedad a la familia Cisneros?
.-No, a don Otto Gustavo Müller.
.-Pero yo tenía entendido que La Floresta era la casa del ingeniero cubano Francisco Javier Cisneros.
.-Pues, ¡Está usted equivocado! Déjeme aclararle que La Floresta era de sus sobrinas: María y Emma Cisneros, las hijas del difunto doctor Eduardo Cisneros, uno de los hermanos de Francisco Javier.
En ese momento entró la María Quiñónez con unas exquisitas picadas que contenían varios platos, desde pedazos de carnes de res y cerdo hasta huevas de pescado y por supuesto ensaladas, además de otras dos cervezas bien heladas, viéndose obligados a suspender la conversación.
Luego de consumir las opulentas picadas que más se asemejaron a un almuerzo, continuaron con la charla. El inspector volvió a preguntar:
.-Pero, esto es algo nuevo para mí. Yo tenía entendido, y conmigo son muchas las personas que así piensan, que La Floresta era propiedad de Francisco Javier Cisneros...
.-Pero, ya ve que no.
.-¿Y cómo usted, siendo tan joven, conoce toda esta historia?
.-Por mi mamá. Ella me lo contaba, pues debió ponerse al corriente de todo, cuando se decidieron a comprar La Floresta.
.- ¿Pero eran entonces las hijas de Cisneros las dueñas?
.-Mire Jesús...déjeme explicarle. Si usted se calma y se queda callado por un minuto yo le explico todo.
Resulta que la cubana, nacida en Güira de Melena: Carmen Elosegui de Cisneros, vivía en Nueva York en donde estaba casada con el doctor Eduardo Cisneros, hermano del Ingeniero Francisco Javier. Ella tuvo dos hijas con él: María y Emma Cisneros. Al quedar viuda, decidió venirse a Barranquilla, pues sabía que aquí vivía, casi que de manera permanente, su cuñado Francisco Javier, en razón de estar ocupado en la construcción del muelle de Puerto Colombia.
.-En que época ocurrió eso?
.-Eso fue para los años 80 del siglo pasado. Fue en esa época cuando ella compró La Floresta, que para entonces eran unos lotes de terreno, al comerciante judío sefardita, David López Penha Junior...
.- ¿Sefar...qué?
.-Sefardita. Ese era el nombre que les daban a los judíos de origen español y portugués diseminados por el mundo. Muchos de ellos vinieron a parar a Curazao y de allí a Barranquilla.
.-De acuerdo. Pero me decía que ella sólo compró los lotes a ese tal López Penha?
.-Si, así es. Pero hay que aclarar que él a su vez le recompró uno de los lotes, el tercero, que quedaba, para ...no complicarnos la vida, donde hoy está el Salón “Carioca” del frente, es decir, al oriente de la calle Murillo y casi llegando hasta Sello. Donde está hoy el Carioca, el cual como usted sabe ha sufrido algunas modificaciones ya que le pusieron muros de mampostería a su alrededor; había una casa de madera incluida en esta venta, que era del mismo tamaño que el Carioca de hoy, porque es que debemos decir que el Carioca se construyó en el mismo sitio y extensión que ocupara esa casa.
.-Pero se está alargando mucho y me voy a volver a confundir...
.-Es muy sencillo. Lo que es hoy el Carioca era la antigua casa “El Líbano” que David López Penha le compró a Carmen Elosegui junto con ese enorme terreno. Esto fue en 1890.
.- ¿Y será por eso que la carrera se llama Líbano?
.-Muy bien, ya usted se me adelantó. La gente empezó a llamar Líbano al callejón porque la casa de don David llevaba ese nombre...
.-Y pensar que yo creía que el nombre derivaba del hecho de que por ahí vivían muchos libaneses.
.-Puede que también sea cierto, pues en el año doce de este siglo, existió el Salón Líbano que quedaba una cuadra más abajo, es decir en la calle de California, que así se llamó la Medellín de hoy. Por cierto que allí, en ese Salón Líbano, los hermanos Martínez Aparicio proyectaron cine durante más de un año. Dicen que era un Salón de Cine muy democrático.
.- ¿Democrático?
.-Me explico: cuando el cine se empezó a proyectar en salones, era la costumbre colocar el lienzo o telón en medio de la sala y, para poder ver la película de frente usted debía pagar una elevada tarifa a la que sólo podían aspirar las familias acomodadas, mientras que la gente del pueblo se tenía que conformar viendo la película desde el otro lado, aunque pagando una boleta más económica.
.-No entiendo muy bien, pero creo que entonces la gente veía la película al revés?
.-Así es, pero también es cierto que se las ingeniaban poniendo un espejo para verla al derecho.
.- ¿Y eso que tiene que ver con el Salón Líbano?
.-Pues, que en el Líbano todo el mundo podía admirar la película de frente, pues ellos colocaban el lienzo totalmente al fondo, sobre la pared. De manera que ricos y pobres veían la película por el mismo precio.
.- ¿Entonces, sería un salón muy popular?
.-Sí, pero duró apenas un año, pues, en 1913 crearon el Salón de las Quintas sobre Murillo entre el Rosario y Aduana, y lamentablemente lo tuvieron que cerrar. Además, los Martínez Aparicio prefirieron irse a trabajar en el Salón “Universal” de Abraham Zacarías López Penha...
.- ¿Abraham Zacarías?
.-Sí. Éste era el hermano menor de don David, quien, por cierto, ya había muerto, en 1893.
.-Pero otra vez nos desviamos...
.-Bueno, pero era necesario. Como le decía, la gente empezó a llamar el Líbano a este callejón que es hoy la carrera del mismo nombre, pese a que últimamente nos quieren imponer el de “Avenida de la República”, pero eso resulta muy largo y la gente sigue y seguirá hablando de la carrera Líbano. Es lo mismo que pasó con la calle Paraíso que hoy llaman de David Pereira. Se llamó Paraíso porque ese era el nombre que tenía la casa de Don Ramón Jimeno Collante.
.- ¡Qué interesante es todo lo que usted cuenta!
.-Para redondear, digamos que unos años más tarde, don David le vendió esa casa al inmigrante alemán Louis Gieseken, quien al ser casado con la señorita Paulina Conde, le cambió el nombre a la casa.
.- ¿Cómo así?
.- ¡Caramba! Parece que las cervezas le están haciendo efecto...La casa se llamaba “El Líbano”. Don David se la vendió a Louis Gieseken y éste, como estaba casado con Paulina Conde, le cambió el nombre a la casa y le puso “Villa Paulina” .Entendió ahora?
.- ¡Perfectamente! Es que ahora sí habló usted claro.
.-Pero la gente no cambió su costumbre de seguir llamando el Líbano al callejón, como hasta en los días que corren.
.-A propósito de calles. He notado que usted conoce casi todos los nombres de las calles y callejones de nuestra ciudad.
.-Así es-le contestó Frank. Inclusive los más antiguos. ¿Sabe usted, por ejemplo, cómo se llamaba esta misma carrera Líbano para finales del siglo XIX?
.-No tengo la menor idea.
.-Pues bien, Líbano era entonces el callejón del “Alba” o carrera de “Stuard”, mientras que la del Rosario u Olaya Herrera de ahora se llamaba callejón de “San Mateo” o carrera de “Torices”.
.- ¿Pero tenían dos nombres?
.-Si, como callejón, que era el popular y como carrera que era el nombre oficial, el que imponían las autoridades.
.-Pero eran nombres muy bellos. ¿Y qué otros sabe?
.-La carrera Topacio se llamó callejón del “Ramo de Azahares”. Y Obando, calle de “La Aurora”.
.-Pero, sigamos con La Floresta-le dijo el inspector.
.-Pues bien, La Floresta era, como le dije anteriormente, unos lotes que iban de la calle David Pereira, antigua Paraíso, hasta la calle de Murillo, de este a oeste. Y del callejón del Alba o Líbano al de San Mateo o Rosario, de sur a norte.
.- ¿Tenía la misma extensión de ahora?
.-Era un poco más grande. Imagínese que tenía una extensión de 11380 metros cuadrados de superficie.
.- ¿Ocupaba, como ahora, toda la manzana?
.-Así es. Entonces, quedamos en que doña Carmen Elosegui compró esos lotes...
.-Y empezó a construir...
.-No trate de adivinar. ¡No se me adelante por favor...!.
.- ¿Qué pasó entonces?
.-La señora Esther Senior de Wolff le vendió a doña Carmen dos armaduras de madera que conformaron las casas actuales.
.- ¿Quiere decir que estas casas eran pre-fabricadas?
.-No exactamente, pero algo parecido.
.- ¿Y fue don David López el primer dueño de esos lotes?
.-No, la primera propietaria fue doña Rebeca Tavares de Senior, quien era una samaria casada con don Abraham Isaac Senior quienes, no sólo eran, al igual que don David, de origen judío, sino parientes del primero, pues doña Sara López Penha era la esposa de Jacob Senior, un hijo de Rebeca y Abraham. ¿Entendido?
.-Más o menos. Pero, quedamos en que los Cisneros eran los dueños de La Floresta, quiero decir, doña Carmen Elosegui de Cisneros.
.-Bueno, doña Carmen embelleció este lugar, sembrándolo de árboles y hortalizas, aunque hay que reconocer que ya existían algunos, crecidos en medio de un monte natural, pero ella se encargó, como le dije, de embellecer este lugar. Le colocó una tercera casita para el servicio doméstico, que es la misma que vemos allá en el centro de este jardín, aunque ya bastante deteriorada; instaló grandes tanques para el almacenamiento del agua, e inclusive un sitio para una caballeriza. Pero, lo más interesante es que doña Carmen empezó a recibir las visitas de su cuñado Francisco Javier, quien a la sazón era ya viudo de doña Magdalena Movilla, otra cubana desaparecida desde 1888, pero muy familiar y queridísima con sus sobrinas ya que ella misma no había tenido hijos con Francisco Javier. Tan querida fue, que antes de morir, las declaró herederas universales de sus bienes a la par de su esposo.
.- ¿De cuáles bienes?
.-De los que ella tenía tanto en Cuba como en Nueva York. Pero, estas constantes visitas de Francisco Javier dieron como resultado que doña Carmen terminara enamorándose de su cuñado y a los pocos meses contrajeron matrimonio.
.- ¿Cómo así? ¡Barájemelo bien!-
¡Así como lo oye!
.-De manera que… ¿se convirtió en el esposo de la viuda de su hermano?
.- ¡Exactamente! Yo creo que lo hicieron no sólo para ahuyentar la soledad de ambos, sino para proteger a esas niñas huérfanas: María y Emma Cisneros. Fue entonces cuando se instalaron a vivir aquí en La Floresta, aunque se lo pasaban viajando a Nueva York, sobre todo Francisco Javier por razones de negocios.
Y cómo fue que La Floresta vino a parar a manos de la señora de Meek?
.-Eso fue después. Resulta que en 1897 muere doña Carmen Elosegui, y a los seis meses Cisneros.
.- ¿De qué murió Cisneros?
.-De la enfermedad de Brigth.
.- ¿Enfermedad de Brigth? Pero yo tenía entendido que de “cólico miserere” que es la misma apendicitis.
.- ¿Y entonces, para qué me lo pregunta?
.-Para reafirmarme en esa versión.
.-¡Pues no es así¡. Eso del “cólico miserere” es un invento de la gente. La realidad es que él murió de la enfermedad de Brigth o nefritis, a los 61 años de edad.
.-En qué quedamos:¿Brigth o nefritis?
.-Es lo mismo, lo que pasa es que esa enfermedad fue descubierta por el doctor inglés Brigth y por eso le llamaron así, pero es la misma nefritis que, como usted debe saber, es una inflamación de los riñones.
.- ¡Otra cosa más que he aprendido en el día de hoy!-exclamó alegre el inspector.
.-Por cierto que Cisneros murió pobre-dijo Frank.
.- ¿Pobre? No puede ser, si él fue el constructor del muelle y por sus manos pasó mucho dinero. ¿Cómo así que murió pobre?
.-Al menos endeudado.
.- ¿Y cómo lo sabe?
.-Por mi mamá. Ella decía que La Floresta estaba salada, que desde que nos mudamos para acá le empezó a ir mal, y, siempre ponía el ejemplo de Cisneros. Nos contaba que el conocido ingeniero cubano sólo había dejado como herencia la finca “Casacoima” la cual quedaba por los lados de Me Quejo y Sabanilla y un remolcador inservible, pero que los pasivos superaban sus activos.
.-Pero entonces, ¿La Floresta no era de él?
.-Ya se lo dije anteriormente, la heredaron sus sobrinas.
.- ¿Y cómo vino a parar a manos de ustedes?
.-Mi papá se la compró, junto con otras fincas pequeñas, al alemán Otto Gustavo Müller en 1901, en una negociación de hipoteca que le permitía terminar de pagarla en 1907.
.-Entonces, quiere decir que Müller la compró a las herederas?
.-Si, así es. Luego este alemán la vendió a mi papá.
.-Supongo que se mudaron para acá en 1901?
.-Creo que fue así pero no estoy muy seguro, pues, como le dije, mi papá se comprometió a terminar de pagarla en 1907, pero justamente es el año en que él muere y parece que estuvimos a punto de perder la propiedad, no sólo de ésta, sino de otras más pequeñas.
.- ¿Y qué pasó entonces?
.-Por unos documentos que encontré el otro día, supe que vino un proceso de remate y mi mamá se lo ganó y logró comprarla nuevamente por la suma de 8.000 dólares.
.- ¿Cuándo?
.-En 1914. Para entonces era yo un muchacho de 9 años de edad. Recuerdo con mucho placer esa época. Fue la mejor, pues, La Pensión Inglesa de la calle Murillo estaba en todo su apogeo. Era muy visitada, no sólo por turistas extranjeros, sino por la gente que venía a Barranquilla para vacacionar y preferían hospedarse aquí.
.-¿Y la Pensión Inglesa de la calle de San Blas?
.-La de San Blas entre 20 de Julio y Cuartel siguió funcionando como sucursal de ésta, pero con el tiempo los negocios se desmejoraron y mi mamá la vendió a un señor de apellido Díaz Granados. Hoy, todavía existe, pero con otro nombre”.
.- ¿Cuál?
.-“Avenida Central”. Así se llama. Pero es el mismo edificio del Café Inglés de antaño.
.- ¿Y ese esplendor de La Pensión Inglesa de aquí de Murillo hasta cuándo duró?
.-Ya le dije que, en 1932 mi mamá la vendió a la Compañía Sindical Noguera, por la suma de 35.000 dólares...
.- ¡Buena plata!
.-Si, pero recuerde que en el 29 vino la gran crisis económica mundial. Fue entonces cuando decidimos alquilar una franja de terreno al señor Labrador para instalar allí una estación de gasolina, pero la crisis continuó su curso. ¿Recuerda?
.- ¡Claro! El famoso “viernes negro” de Nueva York.
.-Recuerdo también-dijo Frank-que por esos años esta propiedad había sido avaluada en 70.000 pesos.
.-Pero eso lo leí en El Heraldo-dijo el inspector.
.-Si, también lo leí. Además, alguien me informó que unas personas le ofrecieron a mi mamá 200.000 pesos para que se las vendiera.
.- ¿200.000 mil pesos en 1929?
.-No, parece que fue en 1928. Esas personas querían construir un gran teatro en este lugar.
.- ¿Aquí mismo? ¿En La Floresta de hoy?
.-Así como lo oye. Y esto parece ser cierto, pues, fíjese que en el año 30 inauguraron el hermoso Teatro “Apolo”.
.- ¿Y su mamá rechazó esa oferta?
.- ¡Si señor! La rechazó, no la aceptó y prefirió continuar luchando hasta que ya no pudo más.
.- ¿De manera, que querían construir el Apolo aquí?
.-No lo estoy asegurando, pero creo que fue así.
.-Pero, hubiera sido mucho mejor, en cuanto a su ubicación.
.-No lo creo. El “Apolo” de don Alberto Osorio está bien allí. Además, su casa está apenas a dos cuadras más arriba.
.-Y por qué no lo construyó en los terrenos de su casa?
.-Porque ya estaría en los predios de la urbanización de “El Prado” y hay una cláusula que prohíbe los teatros dentro de esa urbanización. De manera que el Apolo quedó bien donde está, sobre la calle del Estanque, la Caracas de hoy, con la Avenida Colombia.
.- ¿Y qué paso con las hermanas Cisneros?
.- ¿María y Emma Cisneros?
.-Sí.
.-Cuando vendieron La Floresta, mediante el apoderado Grau, quien era un cubano amigo de la familia; a Otto Gustavo Müller, se marcharon a vivir a Medellín.
.- ¿Pero, la vendieron a buen precio?
.-En unos 20.000 pesos, aunque el terreno y las tres casas valían alrededor de 38.000 pesos, es decir, mucho más, pero tuvieron que conformarse con ese ofrecimiento.
.- ¿Y a qué dedican su tiempo en Medellín?
.-Bueno, ya esto parece chisme, pero me han dicho que salieron buenas para los negocios. Me dicen, pero no lo puedo aseverar, que ambas se han convertido en las principales accionistas de la Compañía “Cine-Colombia S.A”. la cual es oriunda de Medellín.
.- ¿La Compañía distribuidora de cine?
.-La misma.
.-Pero entonces deben de estar tremendamente bien, pues ese es un monopolio antioqueño que tiene mucho futuro, pues, no sólo son distribuidores de cine, sino que se han convertido en propietarios de muchas salas y hermosos edificios de teatro en todo el territorio nacional.
.-Así es, así es-repitió Frank, denotando en su voz que ya estaba un poquito cansado. El inspector Molina lo comprendió y sin más preámbulos se puso de pie y le manifestó que estaba muy agradecido pero que ya era hora de marcharse. Frank, por su parte, miró su reloj de pulsera y dijo:
.-Si, amigo Jesús, pues ya son las cinco de la tarde...
Le acompañó hasta la puerta, dándole el acostumbrado apretón de mano, además de la infaltable palmadita sobre la espalda. El inspector hizo lo mismo, saliendo de inmediato y cruzando de un salto la calle hasta colocarse frente a la puerta del Carioca, en esos momentos cerrado. Continuó, bajando por la carrera Líbano, la avenida bandera de don Samuel Hollopeter, y sin mirar hacia atrás, caminó lentamente, en un estado de somnolencia parecido al que se produce cuando salimos de ver una película; recordando con lujo de detalles lo que había escuchado de Frank.
Al llegar al edificio Palma, antes de desviarse en dirección a la Intendencia Fluvial, se paró y respiró aliviado la brisa que venía del Paseo de Bastidas, pensando al mismo tiempo que, si había fracasado en la solución de un crimen, al menos le quedaba el consuelo de haber aprendido un poco más de la historia de Barranquilla.
Tomó rumbo hacia el norte y sin poder evitarlo, observó varios carteles pegados a las paredes del hermoso edificio, donde anunciaban la proyección, en el Apolo de la cinta: “Catalina la Grande” y por una natural asociación de nombres se acordó de la otra Catalina, su Catalina de Meek, la protagonista principal, en el papel de víctima, en la película de la vida real que los barranquilleros conocieron y recordarán por siempre como: EL CRIMEN DE LA PENSIÓN INGLESA.
Fuentes
1.- El Heraldo, martes 17 de abril de 1935
2.- La Prensa, martes 17 de abril de1935
Fuentes notariales
1.- Protocolo 141=Obligación=La Compañía Internacional de Navegación por vapor en el Río Magdalena, a favor del señor John Meek, por cantidad de pesos
5 de noviembre de 1886.
NOTARIA SEGUNDA
2.-Protocolo 58=Venta de tres lotes de terreno llamado “La Floresta” por la cantidad de $870, oo Rebeca Tavares de Senior a David López Penha Junior.
25 de abril de 1887.
NOTARIA PRIMERA
3.- Protocolo 21=Compañía Accidental para explotar la mina de oro llamada “Esteban Pérez”: La otorgan Eberhard Deetjen, Otto Flohr, Henry Price, John Meek Junior, Carlos Fernando Foecke en representación de Wehdeking y Juan B Roncallo.
29 de enero de 1889.
NOTARIA PRIMERA
4.- Protocolo 80=Lo otorga, el señor William L Bradford como capitán del vapor “Mariscal Sucre” por el naufragio de dicho buque.
25 de marzo de 1889.
NOTARIA PRIMERA
5.- Protocolo 239=Venta con hipoteca de dos armaduras de casas que se pondrán en el predio “La Floresta”.=Esther Senior de Wolff vende a doña Carmen Elosegui de Cisneros.
15 de julio de 1889.
NOTARIA PRIMERA
6.- Protocolo 470=Venta de un lote de terreno y una casa de madera: Otorgada por la señora Carmen Elosegui de Cisneros a favor del señor David López Penha.
11 de noviembre de 1890.
NOTARIA PRIMERA
7.- Protocolo 60=Venta del establecimiento “San Carlos”=David Pereira a Italo Segnini.
2 de febrero de 1899.
NOTARIA SEGUNDA
8.- Protocolo 295=Venta de la finca “La Floresta” que hace el señor Eusebio Grau, como apoderado de las señoritas María y Emma Cisneros a favor del señor Otto G. Müller.
26 de mayo de 1899.
NOTARIA PRIMERA
9.- Protocolo 691=Protocolización del juicio de sucesión de Francisco Javier Cisneros
23 de agosto de 1899.
NOTARÍA SEGUNDA
10.- Protocolo 81=Protocolización del Juicio de Sucesión Testamentaria de la señora Carmen E de Cisneros.
8 de diciembre de 1899.
NOTARÍA PRIMERA
11.- Protocolo 156=Otto Gustavo Müller, súbdito alemán protocoliza venta de “La Floresta” a John Meek Junior, venta ocurrida en enero de 1901.
7 de marzo de 1902.
NOTARÍA PRIMERA
12.- Protocolo 488=Constitución de una sociedad denominada “Cervecería Barranquilla”
5 de mayo de 1913.
NOTARÍA PRIMERA
13.- Protocolo 1344=Protocolización de diligencias de remate a favor de la señora Catalina Meek.
15 de agosto de 1921
NOTARÍA SEGUNDA
14.- Protocolo 466=Constitución de la sociedad anónima denominada:”Cervecería Bolívar”
20 de marzo de 1922.
NOTARÍA PRIMERA
15.- Protocolo 308=Contrato de arriendo=Rafael F Labrador y otros y Kathleen Meek.
26 de enero de 1929.
NOTARÍA SEGUNDA
16.- Protocolo 3111=Constitución en Bogotá de la Sociedad Comercial anónima denominada “Consorcio de Cervecerías Bavaria”
4 de noviembre de 1930.
NOTARÍA SEGUNDA DE BOGOTA
17.- Protocolo 706=Constitución de la sociedad anónima “Cervecerías Barranquilla y Bolívar S.A.”
22 de agosto de 1933.
NOTARÍA TERCERA
18.- Protocolo 1272=Protocolización del Juicio de Sucesión de Helen Susan Kathleen de Meek.
18 de noviembre de 1935.
NOTARÍA TERCERA
Nota del autor: La antigua Pensión Inglesa, pasó a ser más tarde el “Jardín Águila”, más conocido como “La Checa”.
En la actualidad se encuentra allí el moderno edificio del Banco de la República.
FIN

Antonio Acevedo Linares
Escritor y Catedrático - Bucaramanga, Colombia
| Vanguardia & Cultura |
| Santander y su Historia |
| Acción Subversiva Poesía |

Carmen R. Pinilla Díaz
Academia Historia Zapatoca - Bucaramanga, Colombia
| Primer Ataque Aéreo de la Historia |
| La Leyenda de las Cerezas |
| Decálogos para el Buen Vivir |

Alejandro Duarte Rueda
Dirigente Gremial - Barranquilla, Colombia
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Denilce Flórez Cardona
Asesora Negocios - Barranquilla, Colombia
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Mariano Cabrero Bárcenas
Escritor - La Coruña, España
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