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LA MUCHACHA QUE MENDIGABA MATERNIDAD

-“¿Dispones de cinco minutos?”.

-“Y de cinco mil”, le contesté.

Clavó su mirada sobre mis ojos, y exclamó:

-“¡Deseo ser madre, lo necesito...!”.

En mi sesera pululaban mil y una preguntas, y le inquirí -tratándole de ayudar-:

-“¿Estás embarazada, quizá?”.

Al pronto, respondió:

-“¡Ni mucho menos!...”.

Me comentó que salía con chicos, tipos-casados y solteros-, y que “más valía no hablar de sus...”. También me explicó que su vida pasional -ley del deseo sexual- así la resolvía, mas su corazón aparecía frío, con color de muerto. Esta semejante nuestra ha sido y es una competente mujer siglo XXI: tiene talento, escribe libros, es maestra del Estado... formando parte del organigrama social por méritos propios. Mi buena amiga -salvando edades- es atea, no cree en los hombres y menos aún en el amor. Así me lo confesó, y anuencia me dio para comentarlo.

En cualquier caso, mi contertulia es una criatura valiente -hermosa, guapa e inteligente-, que escogió su voluntaria soltería. Es decir, el afrontar la vida lejos de sus progenitores, siendo responsable de sus propias decisiones. Esta solitaria y amorosa mujer, sabe que “el amor es una flor demasiado preciosa para cortarla” (proverbio chino), prosiguió con sus confesiones amigables. Así, desalojó de su interior miedos y temores con soledad.

Y me dijo más:

“Necesito dar cariño a alguien, necesito ser madre, necesito un hombre para fabricar un bebé -el de mis sueños-, pero ¡maldito sida!: tropiezo con él a la vuelta de cualquier esquina”.

Es evidente, hoy por hoy, que existen niños/as educados, y bien, por sus madres solteras.

Ante sus temores -que son los nuestros- aconsejé:

-“Busca un hombre -¡qué los hay!-, que respete tu cuerpo y temple tu alma”.

Explícale tu proyecto amoroso -le dije-, pues hallarás ese hombre. Él te transmitirá sus sentimientos de admiración, aprecio y agradecimiento..., que dejarán huellas perpetuas en el interior de tu vientre. Ésta es nuestra soledad de amor que estamos creando. Paradojas de las postrimerías de nuestro siglo XX: un solo niño, una sola madre también.

Y es que nos hace falta llorar, nos hace falta reír, nos hace falta comunicarnos... Nuestras penas y nuestras alegrías, pero comunicarnos. Por esto, sin duda, nos pasamos la vida "Mendigando maternidad". Hagamos que nuestros semejantes sean hermanos nuestros, en lo malo y en lo bueno, pero hermanos nuestros. No me cabe la menor duda de que ser madre es uno de los grandes tesoros de esta vida.

Escucho las palabras del poeta, que dice: “La mujer capricho/ por eso vive de él; / y el hombre que de ella vive, / capricho de ella es”. Erikson mantuvo que “las mujeres están destinadas a tener hijos”. Se equivocó, como seres humanos que somos. En verdad esta muchacha estaba mendigando maternidad. Si mi hija, de su edad, me hubiese pedido consejo, quizás, mi corazón lloraría lágrimas de invierno, y mi laringe articularía palabra alguna.