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EL FENÓMENO VERDE

Si las tendencias derivadas de las encuestas se mantienen como hasta ahora, se arribará al 30 de mayo con todos los aspirantes presidenciales galopando en pos de la segunda vuelta. Ellos se dejarán contar en esa fecha porque les queda de para arriba hacer algo diferente, más que nada a los que marchan en la cola del pelotón. A menos que decidan sacrificar su dignidad política en aras de la seguridad burocrática.

Con la intención de voto actual, Juan Manuel y Mockus serían los llamados a combatir por la presidencia en el mes de junio. Y a partir de ese momento arrancará la tercera guerra mundial entre todas las fuerzas implicadas: el uribismo, los verdes, los amarillos, los rojos y el desteñido Vargas Lleras. Esto acontecería si antes el tsunami Verde no se lleva por delante a los demás competidores en la primera vuelta.

El desteñido Vargas Lleras quedaría como el patito feo del cuento (a quien nadie quiere en un principio), pero cuando el debate electoral se caliente podría definir la suerte del ganador convirtiéndose en ganso que empuja con su cuerpo al futuro Presidente, en el supuesto de que haya segunda ronda. Lo más natural es que se le pegue a Santos, pero eso dependerá de lo que acontezca en mayo y de las estrategias para procesar alianzas de los finalistas que combatirán en junio, si el tsunami no revienta las cercas del vecindario.

La pobre Noemí se achica y achica como Alicia en el País de las Maravillas. De no pasar nada con ella en la primera vuelta, los godos sufrirán una crisis más espeluznante que la provocada por los maquiavélicos amigos del príncipe. Porque Pastrana y Belisario tirarán para un lado (hasta donde puedan) en tanto que la godarria clientelista y politiquera (la mayoría de ese conglomerado humano) jalará hacia el otro extremo (el venerable Santos) para seguir chupando del presupuesto del Estado. Consecuencia: los azules más partidos de lo que están ahora.

Esto quizás suceda si los ex-presidentes dejan de lado el pragmatismo y no se le midan a recomponer la alianza gobiernista. Pero nada hace pensar que el uribismo azul y santista no regrese al pasado, echando a Pastrana y a Belisario a sus respectivos retiros. A menos que ellos prefieran cogobernar con todo el combo que sigue el “ideario” de Uribe (un sapo que Andrés Pastrana difícilmente masticaría).

Los amarillos y los rojos viven su propio vía crucis. Ellos, junto a Noemí y Vargas Lleras, serán crucificados en mayo. De seguro que resucitarán al día siguiente de la clavada en la cruz para continuar peleando espacios en el tinglado político. Si el asunto se redujera a la distribución milimétrica de los cargos del gobierno, todo estaría consumado. Como Santos y Uribe tienen Doctorado en esa materia, de seguro engullirían a la pobre Noemí (¡otra vez embajadora!) y al nieto de Lleras Restrepo (luciría estupendamente en un ministerio de defensa, porque se autoproclama fiel seguidor de la “seguridad democrática”).

Pero con el Polo y el liberalismo los uribistas tienen menos margen de maniobra. No por ellos sino porque una fracción muy gorda de los liberales y todo el polismo ve a Santos como el enemigo a vencer, en razón a que es el hijo advenedizo que Uribe reconoce. Y a que este tiene las manos tan manchadas como su mentor, por lo de las chuzadas, los falsos positivos, los auxilios de Agro Ingreso Seguro y la politiquería y el clientelismo que se alborotaron bajo este gobierno.

En estas condiciones es improbable una alianza entre los uribistas y Pardo, a menos que el liberalismo también se fraccione por la presión de los gamonales y militantes rasos que sufren las consecuencias de transitar por el desierto durante tanto tiempo y por estar llevando cable sin poder beber un poco de leche de mamá gobierno. El jefe del partido, Piedad Córdoba y otros liberales morirán con las botas puestas, en tanto que muchos otros copartidarios suyos irán a dormir a los brazos cariñosos de Juan Manuel y sus amigos. Qué otra cosa puede inferirse si así es la esencia de nuestra maltrecha democracia.

Rafael Pardo es un candidato bien preparado que compitió por el primer cargo en un momento inoportuno. Porque lo que se necesitaba ahora era enjundia, atrevimiento, para escalar posiciones en la intención de voto. Pero Pardo se reprimió mucho (tal vez por sugerencia de los asesores) y atacó muy poco los flancos débiles del uribismo, dejándose llevar por el criterio de que confrontar al Presidente restaba votos, debido a la popularidad que esté cosechó entre muchos colombianos. Además, tampoco le ayuda mucho su flemático temperamento. Una posición muy racional y contenida es la que ha mostrado este aspirante en los debates televisados, con lo cual ha sido muy poco convincente. Y por experiencia se sabe que no basta con tener buenas ideas sino que es imprescindible saber venderlas en un proceso electoral donde el adversario cuenta con mejor maquinaria.

Petro y el Polo han hecho una campaña agresiva pero tampoco les basta con eso, pues sobre este partido pesan los estigmas promovidos por la derecha que los asocia con las Farc, con Chávez y con la revolución. Uribe derechizó al país y ayudó a construir un imaginario que aún pesa en el comportamiento político del colombiano medio.

Además, el Polo está pagando una manda por sus peleas internas y por el fracaso de algunos de sus miembros cuando fueron gobierno. En Barranquilla, por ejemplo, los problemas de algunos mandatarios asociados con este movimiento político han desacreditado a ese proyecto ante los ojos de cierta parte de la intelectualidad y del ciudadano común. Algo parecido se presentó en Bogotá, donde las críticas a Samuel Moreno también tocan a Gustavo Petro, aunque este niegue el efecto apoyándose en los resultados electorales de Congreso.

Mucha gente ha dejado de ver al polismo como una alternativa viable de poder capaz de reemplazar al uribismo, o como una oposición fresca con voluntad de transformar los hábitos politiqueros de la nación. A esto se agrega el hecho de que su consulta interna lo mostró como un partido en crisis, a tal punto que el señor Gaviria (el precandidato perdedor) se aisló del debate, reintegrándose a última hora cuando ya parece demasiado tarde. Esa acción miope le abrió una tronera muy grande a la ya frágil nave polista.

Para completar el cuadro, están enfilando los cañones hacia un objetivo equivocado. Sentados en su mesianismo (los únicos que podrían cambiar el país son ellos) atacan y atacan a Antanas Mockus sin darse cuenta que este candidato heredó, sin quererlo, el efecto teflón del Presidente Uribe. Recuérdese que ese mágico efecto provocó (y aún provoca) que todo cuanto se dijera en contra de Uribe lo ayudara a subir en popularidad. El mismo Chávez, sin proponérselo, reforzaba a Uribe cuando lo hería de palabra, convirtiéndolo en una suerte de mártir de la patria que el pueblo debía proteger.

Algo parecido acontece ahora con Antanas. El troglodita Fernando Londoño Hoyos (ex-ministro del príncipe) lo zarandeó por su párkinson en un medio nacional. Palabras más palabras menos escribió que el filósofo no servía para el cargo porque estaba incapacitado. O sea, el mismo argumento de Uribe Vélez cuando habló del caballo discapacitado. El tonto de Londoño cometió el error de compararlo con un presidente norteamericano enfermo ¡que duró como tres períodos en el poder y partió en dos la historia social y política de ese país en el siglo veinte! Qué dialéctica señores…pero qué dialéctica. Idiotas útiles él y los demás uribistas porque con sus ataques ayudan demasiado a los intereses de los Verdes.

En el último debate por televisión, Santos y Vargas Lleras se la enfilaron a Mockus poniendo carita de yo no fui, pero con el puñal escondido detrás de sus chaquetas. La idea era ganar puntos azorando a su competidor. Pero les salió el tiro por la culata, porque le dieron la oportunidad al Verde para que hablara más y mejor que casi todos sus contertulios. Fue un papayazo que Antanas aprovechó sin que le temblara la mano. Por eso ganó el debate y cosechó más puntos en las encuestas.

Petro también presionó al nuevo mesías con una pregunta para que demostrara que no era un hombre de izquierda, que no defendía los intereses de los trabajadores. Qué ingenuidad. Y más papaya para el verdoso. ¿Es que acaso Gustavo cree que el voto independiente se desplazará hacia él desluciendo al Verde y ofertándolo como un hombre de derecha? Se equivoca de cabo a rabo porque no ha sabido descifrar adecuadamente el imaginario dominante dentro de la población colombiana.

Después del Caguán este pueblo desarrolló una alergia generalizada a todo lo que oliera a guerrilla. Y extendió la enfermedad con respecto a los aromas que caracterizan a la izquierda democrática, la cual recibió muchos ramalazos por los pecados que cometieron otros (por los secuestros y demás crímenes de la guerrilla). Por eso es que los radicales armados son parcialmente responsables de la derechización del país, pues le regalaron los mejores argumentos a la caverna colombiana dirigida por Uribe.

En un contexto simbólico así decirle a un candidato que es derechoso equivale a entregarle el premio mayor, aunque el personaje no merezca el calificativo porque no se parece a Uribe, a Santos, a Ordoñez o a Londoño Hoyos, cavernícolas por excelencia. ¿O es que acaso Petro y su partido pretenden que la gente se trague el cuento de que Mockus continuará las líneas principales del régimen de Uribe? Más miopía política no se puede pedir. Y la miopía es mala consejera a la hora de conseguir votos, sobre todo de opinión. Ella produce piropos en vez de agresiones efectivas que desluzcan al contrincante.

La estrategia de Gaviria, Petro y Robledo es desacreditar a Mockus para arrebatarle el voto de opinión. Por eso no lo bajan de neoliberal, usando este epíteto como una especie de látigo que, desafortunadamente, los lacera a ellos mismos. Porque si por neoliberal se entiende manejar pulcramente la plata del Estado, limpiar las empresas de ladrones y politiqueros y aplicar la ley para que la vida mejore es una bendición contar con una oferta de este tipo, más que nada después de vivir la pesadilla orquestada desde la Casa de Nariño, plagada de corrupción, clientelismo, politiquería y crímenes que podrían llevar a más de uno hasta la Corte Penal Internacional.

Otra vez la lectura de los polistas es inadecuada, porque regalan la impresión de que ellos no están de acuerdo con el cambio en las costumbres políticas, cuando este ha sido uno de los paradigmas que más defienden en sus programas y sus discursos. Atacando al Verde se dan rejo ellos mismos. Sin proponérselo, desde luego.

Y ayudan a que la ola se convierta en tsunami. Aliándose, sin quererlo ni pensarlo, con sus peores enemigos: los uribistas y el propio príncipe que descalifican a Mockus por su enfermedad (Al menos Petro y sus compañeros han mantenido el debate en el nivel en el que siempre debe estar: en el de las ideas programáticas).

Pero deben de interpretar mejor el momento político, pues su principal enemigo no es Antanas. Ellos han hecho las denuncias más valientes y honestas contra el régimen del efecto teflón. Gracias a su labor en el Congreso (y con el apoyo de la justicia) se desmanteló la alianza perversa entre políticos, paramilitares y narcotraficantes. Su plataforma es necesaria en un país como este, repleto de inequidades contra la gente trabajadora que carece de poder. Su acción política ayuda a reforzar la democracia mediante la construcción de un escenario donde la fiscalización es un contrapeso para enfrentar la voracidad de los ladrones de cuello blanco y de los que se visten con ropaje de sangre.

Si Mockus gana también triunfarán ellos, aunque parezca mentira. Y como sus ataques benefician al heredero del efecto teflón hay que solicitarle a los polistas que lo sigan correteando porque con ello le prestan un gran servicio a la patria: evitan la victoria de Juan Manuel y ayudan a que el Verde triunfe en primera vuelta. La unión del uribismo y del polismo en contra de Antanas es la mejor estrategia que se haya podido inventar para llevarlo al poder como un nuevo mesías.

La victoria del partido Verde y sus aliados creará un nuevo clima político en este país que ha sido tan maltratado por la catástrofe patrocinada desde el Palacio de Gobierno. La historia será dura con el príncipe y sus esbirros; acerca de eso no cabe la menor duda. La gente progresista, democrática y decente de esta nación debe luchar con todas sus fuerzas para que el cambio no se frustre, para evitar que la mano negra acabe con las esperanzas de mucha gente hastiada con lo que han hecho quienes detentan el poder. Por eso, señores: ¡sigan atacando a Mockus!