el milagro de lionel hampton
EVARISTO CAMARGO-RODAS - Periodista Cultural y Crítico de Arte - firenzischatzland@yahoo.es
El artista del Jazz, el superastro del Jazz cuya magnificencia de su arte, con todas sus fulgurantes notas de asombro, deleite y fascinación sonó un 20 de noviembre de 1985 en el teatro Amira de la Rosa en una función histórica, memorable y jamás igualada desde que esta ciudad conoce de música, es de lejos, la celebridad del genero más notable e importante que nunca haya pisado estos lares.
Por conducto del Centro Colombo Americano, de la embajada del los EE.UU, y del Departamento de Estado fue posible que una figura de la dimensión épica del Jazz como Lionel Hampton llegara y tocara en Barranquilla sentando un inigualable, insuperable y apoteósico precedente que, indeleble, marcó su ostensible impronta en la posteridad musical de la urbe. Para decirlo sin ambages sostengo que en el balance histórico de las jornadas de Jazz aquí, en un lado está solitario Lionel Hampton y, frente a él el grupo de todos los Jazzistas que por acá han llegado.
Así son las cosas en el parecer de este autor para que no queden dudas de que en el pasado no tan lejano a la ciudad arribaban excepcionales estrellas del arte jazzístico como Lionel Hampton.
En plena celebración del 45° aniversario de la fundación de su gran orquesta es cuando él llega a la ciudad. El significado absoluto del término leyenda tienen en él todas sus motivaciones y justificaciones. Su génesis vital es leyenda y por eso el mismo la encarno por derecho propio. Buena parte de las etapas y de los momentos estelares de la historia del Jazz en Norte América, es decir de la historia del Jazz tienen y cuentan a Lionel Hampton ya como participe ya como protagonista. La sola paternidad de la inserción del instrumento del vibráfono como parte de los recursos jazzísticos sería suficiente para su gloria..., pero él hizo y fue mucho más que eso.
Era uno de esos seres que Vivian en, con y por la música. Desde pequeño. Por eso constantemente sus manos, dedos y nudillos eran prolongaciones de los sonidos que bullían en su interior y que el procuraba sacar a flote con golpes, toques y arabescos en el espacio. Esa permanente inquietud le fue canalizada de niño, por una monja en la escuela de su localidad la que le enseño a leer música y a tocar los tambores.
Su inagotable curiosidad por explorar todo lo que su instinto le indicara fuese susceptible de generar sonidos le lleva a un encuentro, a un descubrimiento que marcaria su vida, su carrera y hasta la misma dinámica del Jazz. Estando, muy joven, en Culver City como miembro de la banda de Les Hite y donde tenían el privilegio de alternar con Louis Armstrong en el famoso Cotton Club, Hampton encuentra un vibráfono puesto por allí al desgaire. Enseguida siente la atracción, la vibración latente en el instrumento y comienza a pulsar las teclas, a tocarlas, a tañirlas, a sacarles los sonidos que el creía y quería generar.
Eran tan novedosos, excitantes y mágicos que estando casualmente por allí el mismísimo Louis Armstrong le escucha quedando prendado de lo que oía; tanto que invito a Hampton nada menos que a grabar con el un tema “MEMORIES OF YOU”. Luego otro grande Benny Goodman escribe un capitulo en la historia del Jazz al lograr integrar a Hampton a su grupo. Este contaba solo con 23 años cuando, efectivamente, con Teddy Wilson al piano, Gene Krupa en la batería, el mismísimo Goodman en el clarinete, integra un legendario cuarteto que fue la simiente, el origen y el inicio de los grupos de Jazz de cámara.

Verlo en Barranquilla constituyo para mí la experiencia suprema de cuantas haya podido disfrutar en materia Jazzística en mi vida y además considero Lionel Hampton y su gran orquesta de 20 maestros musicales han sido también hasta ahora la más alta instancia musical jamás presentada en Barranquilla en toda su historia en el Jazz.
Su actuación fue comprobar lo que es un músico que nació para tocar. Tenía 72 años cuando llegó a la ciudad pero en el escenario parecía un joven lleno de bríos. Derrochaba y prodigaba entusiasmo y alegría tales que toda su banda era como una sola criatura viviente formada de 21 seres fundidos en un solo haz de indescriptibles y mágicas sonoridades.
El que ya tenía todo lo que un músico puede pretender en su carrera, gloria, honores, fama, admiración, actuaba y se presentaba como si esa función, que asombrados contemplamos los privilegiados invitados del centro Colombo Americano, dependiera el futuro de su carrera, como si el aplauso de ese desconocido publico de un lugar discreto llamado Barranquilla le fuera necesario para seguir su poderosa performance.
Y a fe que hubo una conectividad mas allá de los sentidos, magnética, electrizante, mágica, telepática con el “Hamp” que esa noche épica dejo su estela sin parangón en la historia del Jazz en Barranquilla. Tanto que a personalidades no muy afines al jazz como los difuntos Alberto Assa y Alfredo Gómez Zureck cuando se los traía a colación, como excelso conocedores del arte musical que eran, no dudaban de alabar la genuina magnificencia de esa noche inolvidable.
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