Continuando con el Diccionario de Voltaire, Parte III, debemos tener en cuenta, en el caso de algunas diferencias con las creencias del siglo XXI, que este documento fue impreso en el año 1770, hace ¡238 años!; se comenta a los amigos de Correvedile.com, como un aporte para conocer el pensamiento de los grandes filósofos de la historia.
AGAR.- El que despide a su amante, a su concubina, a su querida, si no le proporciona medios de vivir, pasa entre nosotros como un hombre malvado. Se nos ha dicho que Abraham era muy rico en el desierto de Gerara, aunque no tuvo una pulgada de tierra propia. Sabemos que destruyó los ejércitos de cuatro poderosos reyes con trescientos dieciocho pastores de corderos. Entonces, por lo menos debía haber regalado a su querida Agar un rebaño, así fuera pequeño, cuando la despidió en el desierto. Hablo aquí guiándome por las exigencias del mundo, pero reverencio las vías incomprensibles de Dios, que no son las que los demás mortales seguimos. En el caso de Abraham, yo le hubiera regalado corderos, unas cuantas cabras y un macho cabrío a mi antigua amiga Agar, algunos trajes para ella y para mi hijo Ismael; una buena burra para la madre, un borriquito para mi hijo; un camello para que les llevara el equipaje y uno o dos criados para que los acompañara y les defendiera, evitando el ser comidos por los lobos. El padre de los creyentes sólo dio un cántaro de agua y un pan a la pobre querida y a su hijo, cuando los abandonó en medio del desierto.
Algunos impíos sospechan que Abraham fue un padre poco cariñoso, que quería ver a su hijo bastardo muerto de hambre y cortar el cuello a su hijo legítimo. Pero éstos son misterios impenetrables de los libros santos y no nos compete meternos a escudriñarlos.
Verdad es que la posteridad de Ismael, hijo de Agar, se vengó cruelmente de la posteridad de Isaac, hijo de Sara, a favor del cual Ismael fue abandonado en el desierto. Los sarracenos, descendientes en línea directa de Ismael, se apoderaron de Jerusalén que, por derecho de conquista, pertenecía a la posteridad de Isaac. Hubiera yo querido que los sarracenos descendieran de Sara, porque esta etimología estaría más justificada y sería más natural la genealogía. Se supone que la palabra sarraceno trae origen de Sarac, que significa ladrón. No sé que ningún pueblo se haya llamado jamás Ladrón. Aunque casi todos los pueblos lo han sido, ninguno ha adoptado ese título.
AGRICULTURA.- Apenas es hoy concebible que los antiguos que cultivaban la tierra tan bien como nosotros, pudieran creer que los granos que sembraban necesariamente debían morir y podrirse en la tierra antes de nacer y de producir el fruto. Si al cabo de dos o tres días hubieran sacado de la tierra el grano, lo hubieran visto muy sano, un poco hinchado, con la nariz hacia abajo y la cabeza hacia arriba. Pasado algún tiempo, si hubieran hecho la misma operación, hubieran distinguido el germen del grano de trigo, los pequeños hilos blancos de las raíces, la materia lechosa que forma la harina, sus dos envolturas y sus hojas. Bastó que algún filósofo griego o bárbaro les enseñara que toda generación nace de la corrupción, para que todo el mundo lo creyera; y este error, que el mayor y el más estúpido de todos los errores, porque es opuesto a las leyes de la naturaleza, se difundió en los libros que se editaban para instrucción del género humano.
Las tres cuartas partes de los habitantes de la tierra lo pasan bien sin conocer el trigo, mientras nosotros pretendemos que no se puede vivir sin él. Los que viven voluptuosamente en las grandes ciudades, se asombrarían si supieran las peripecias que cuesta proporcionarles el pan. El arte de descuajar la tierra no se limita a un procedimiento sencillo; consiste en hacer fértiles las tierras estériles que no han producido nunca cosecha y de esta clase son los terrenos pantanosos, los que contienen greda o son pedregosos. Las tierras arcillosas, de Creta o de arena son rebeldes a todo cultivo. Únicamente pueden ser productivas llenándolas de tierra buena durante muchos años. Pero sólo pueden aprovechar este recurso los hombres muy ricos, que pueden contar con bueyes o buenos caballos que los ayuden a moldear el terreno para la siembra.
La quimera de la agricultura consiste en creer que podemos obligar a que la naturaleza produzca más de lo que generalmente puede producir. Empeñarse en esto es como si nos empeñáramos en tener el secreto de que una mujer diera a luz diez hijos al tiempo, cuando no puede dar a luz, cuando mucho a dos o tres. Todo lo demás que podemos hacer es cuidarla mucho durante el embarazo. El método más seguro para recoger una buena cosecha de grano consiste en servirse del sementero. Esta maniobra, por medio de la cual al mismo tiempo se siembra, se rastrilla y se tapa la semilla, evita las corrientes del viento, que muchas veces avientan los granos y libran de la sementera a los pájaros, que se la comen. No debe desaprovecharse esta ventaja. Además, cuanto más regularmente esté espaciada la tierra, tanto más libertad tiene para extenderse, produciendo tallos más fuertes y más espesos. Pero el sementero no conviene a toda clase de terrenos, ni a todos los labradores; para emplearlo se necesita que la tierra esté unida, que no sea pedregosa y que el labrador sea diestro. El sementero es costoso, y, además, hay que componerlo cuando se desbarata; para usarlo hay que emplear dos hombres y un caballo, y muchos agricultores solo tienen bueyes. Los agricultores ricos deben usar esa máquina útil y provechosa y prestarla a los más pobres.
AGUSTÍN.- No vamos a hablar aquí del San Agustín como obispo, ni como doctor y padre de la Iglesia, sino como el hombre, como ser humano. San Agustín tenía cerca de catorce años cuando su padre, que era pobre, lo llevó con él a los baños públicos. Dícese que era contra la costumbre de aquella época y que se oponía al decoro que el padre tomase el baño con su hijo. Así lo asegura Valerio Máximo y así también lo dice Bayle. Es cierto que en Roma los patricios y los caballeros romanos no se bañaban con sus hijos en los baños públicos. Pero, ¿creéis posible que los pobres que pagaban un octavo por tomar el baño observaran tales prácticas poco decorosas para los ricos?
El hombre opulento se acostaba con su concubina, en una cama de marfil y de plata, mientras su mujer, en otro departamento perfumado, lo hacía con su amante. Los hijos, los preceptores, los domésticos, dormían en habitaciones separadas, mientras el pueblo dormía amontonada en zaquizamíes. No se gastaban cumplimientos en ciudad de Tagaste, que pertenece a África y en que nació San Agustín, por lo que podemos asegurar que iba con su padre al baño de los pobres. Él mismo refiere que su padre, al verle tan viril, sintió paternal regocijo y concibió la esperanza de tener pronto los nietos, como efectivamente los tuvo. El buen hombre se apresuró a participar este deseo a su esposa Santa Mónica. ¿La prematura pubertad de Agustín, no puede atribuirse al uso anticipado del órgano de la reproducción?
San Agustín, que fue un niño muy libertino, era tan precoz de espíritu como de cuerpo y nos dice que antes de cumplir los veinte años, sin necesidad de maestro aprendió la geometría, la aritmética y la música. Esto prueba que en África, que nosotros llamamos bárbara, los hombres son más precoces que nosotros en todo. Sólo nos proponemos ver en este artículo que el mundo ha experimentado cambios, lo mismo que durante el breve curso de su vida los experimentan los hombres. Agustín, antiguo libertino, es luego orador y filósofo. Desempeña un gran papel, es profesor de retorica. Primero se hace maniqueo y después cristiano; administra el sacramento del bautismo, lo nombran Obispo y se convierte en padre de la Iglesia. Su sistema sobre la gracia durante mil y cien años inspira tanto respeto, como un artículo de fe-. Y al cabo de mil y cien años, los jesuitas encuentran el medio de anatematizar la exposición que de dicho sistema hicieron algunos filósofos, como lo veremos en el artículo de Gracia.
ALCORAN o CORAN.- Este libro gobierna despóticamente el África Septentrional (año 1770), desde el monte Atlas hasta del desierto de Barca; todo el Egipto, Siria, Asia Menor y otras grandes extensiones que rodean el Mar Negro y el Mar Caspio.
He aquí las primeras líneas de este libro: “Tributemos elogios a Dios, que es el Soberano de todos los mundos, al Dios de misericordia, al Soberano del día de la justicia; a Ti es a quien adoramos, sólo de Ti esperamos protección. Guíanos por caminos rectos, por los caminos que recorren los que Tú colmas de Gracia, no por los caminos que siguen los que dan motivo a tu cólera y andan extraviados”. Esa es la introducción del libro, a la que siguen tres letras mayúsculas: A, L, M, que según el sabio Sale son incomprensibles, ya que cada comentarista las explica a su modo. Pero es la opinión general es que significan: Alá, Lafit, Magid, o sea: Dios, la Gracia y la Gloria.
Mahoma continua escribiendo:
“Este libro no permite que se dude de él, y sirve para dirigir a los justos que creen en las profundidades de la fe, que observan todas las horas de los rezos, que están convencidos de que la revelación descendió de Ti, y que envió profetas que te precedieran. Los fieles deben tener firme seguridad en la vida del porvenir, y dirigidos por su Señor, serán dichosos”.
Los eruditos dicen que las anteriores palabras tienen mucha más energía en el idioma árabe, y, efectivamente, el Corán pasa todavía hoy por ser el libro más elegante y más sublime que se ha escrito en dicha lengua.
Reglamento de Mahoma sobre las mujeres.-
1.- No os caséis con idólatras hasta que sean creyentes. Una criada musulmana vale más que una dama idólatra.
2.- El que desee pronunciar votos de castidad teniendo mujer, se tomará cuatro meses de tiempo para decidirse. La mujer se portará con su marido, como él se porta con ella.
3.- Podéis divorciaros dos veces de vuestra mujer, pero si os divorcias la tercera, la despedís para siempre; la retendréis con humanidad, o la despediréis bondadosamente. No es lícito quedaros con nada de lo que le pertenece.
4.- Las mujeres honestas deben ser atentas y obedientes aún cuando sus maridos estén ausentes. Si son prudentes, absteneos de promoverles la menor cuestión; pero si tenéis alguna con ellas, escoged para que decida un árbitro de su familia y otro de la vuestra.
5.- Podéis tomar una mujer, dos, tres y hasta cuatro; pero si creéis no poder obrar equitativamente con todas, no toméis más que una. Darles viudedad conveniente si creéis próximo vuestro fin; cuidadlas, tratadlas siempre con cariño.
6.- No se os permite heredar a vuestras mujeres contra su voluntad, ni impedir que se casen con otros si os divorcias, excepto cuando se las declare culpables de algún crimen.
7.- Os es permitido casaros con esclavas, pero es mejor que os abstengáis de semejantes casamientos.
8.- La mujer divorciada tiene la obligación de amamantar a su hijo durante dos años, y el padre está obligado durante ese tiempo a pasarle alimentos proporcionados a su posición. Para destetar al hijo antes de dos años, es preciso el consentimiento del padre y de la madre. Si aquél se ve obligado a entregarlo a una nodriza, le pagará razonablemente.
Aparte de esto, el Corán es una compilación de revelaciones ridículas y predicaciones vagas e incoherentes, pero contienen leyes muy a propósito para el país que fueron dictadas, leyes que aún se obedecen (año 1770), sin que las hayan reformado ni enmendado los intérpretes mahometanos, ni nuevos decretos.
ALEJANDRÍA.- Más de veinte ciudades llevaban este nombre, y todas ellas fueron fundadas por Alejandro y sus capitanes, convertidos en otros tantos reyes. La única de esas ciudades que llamó la atención del mundo conocido entonces, por su grandeza y poderío, fue la que quedó convertida en la capital de Egipto. Hoy no es más que un montón de ruinas. Se sabe que la mitad de dicha ciudad se reedificó en otra parte, cerca del mar. La torre del faro, que fue una de las maravillas del mundo, ya no existe.
Esta ciudad floreció durante el reinado de los Ptolomeos y la época de los romanos. No degeneró mientras la poseyeron los árabes; sólo perdió su importancia cuando el paso del Cabo de la Buena Esperanza abrió a Europa el camino de las Indias, transformando el comercio del mundo. Lo que hay que notar de los habitantes de Alejandría fue la industria que poseyeron, unida a su actividad, su afición a los adelantos aplicables al comercio y a todos los trabajos que la hacían florecer; su espíritu porfiado y pendenciero y su relajo en las costumbres, en todo esto, no cambiaron nunca.
La ciudad se pobló de egipcios, de griegos y de judíos que, siendo al comienzo muy pobres, se enriquecieron con el comercio. La opulencia introdujo en Alejandría las bellas artes y la literatura; los judíos edificaron un templo magnífico; los cristianos establecieron grandes escuelas. Reinó allí tan grande y tan viva la animosidad entre los egipcios indígenas, los griegos, los judíos y los cristianos, que continuamente unos a otros se acusaban ante el gobernador, con frecuentes y sangrientas sediciones. En una de estas revueltas, que estalló durante el imperio de Calígula, los judíos, que lo exageraban todo, dicen que el celo que tenían por su religión y por el comercio les costó perder más de cincuenta mil hombres degollados por los alejandrinos.
El cristianismo, que Pantenes, Orígenes y Clemente habían establecido y que era admirable por sus sanas costumbres, degeneró al punto de llegar a convertirse en un partido político. Los cristianos copiaron las costumbres de los egipcios; la codicia de la ganancia dominó al espíritu religioso, y los habitantes de Alejandría, enemistados unos con otros, sólo estaban de acuerdo en profesar amor únicamente al dinero. Aunque los cristianos experimentaron la desgracia de haberse dividido en diferentes sectas, que se detestaban las unas a las otras y se acusaban recíprocamente, los más tenaces contrarios al cristianismo tuvieron que confesar que en su seno se encontraban las almas más puras y mas grandes; lo mismo sucede en la actualidad en ciudades mas desenfrenadas y mas locas, que Alejandría.
ALEJANDRO.- Cuando se reflexiona lo que hizo Alejandro, el cual, en la edad fogosa de los placeres y de la embriaguez que producen las conquistas, fundó mas ciudades que los demás conquistadores del Asia; cuando se reflexiona que un joven de veintidós años cambió el comercio del mundo, nos sorprende y nos extraña que Bolieau le trate de loco, y de ladrón de caminos. Alejandro fue elegido en Corinto capitán general de la Grecia y por alto cargo debía vengar a la patria de las invasiones de los persas y cumplió destruyendo ese imperio; aunque fue un personaje muy valiente, siempre fue magnánimo con sus prisioneros, sobre todo con la mujer.
Se afirma que Alejandro se apoderó de la famosa ciudad de Tiro por favorecer a los judíos, enemigos de los troyanos; pero igual se dice que es probable que Alejandro tuviera otras razones, entre ellas la de convenir a un capitán prudente no dejar que Tiro fuera dueña del mar, mientras él se dirigía a atacar a Egipto.
No cabe duda que Alejandro respetaba a Jerusalén; de todos modos es impertinente decir que “los judíos ofrecieron un ejemplo raro de fidelidad, digno del único pueblo que conocía entonces al verdadero Dios, negándose a entregar víveres a Alejandro, porque habían jurado ser fieles a Darío”. Sabido es que los judíos se sublevaban contra sus soberanos en muchas ocasiones, porque, según su ley, no debían servir a ningún rey profano. Es falso que los judíos fueran entonces el único pueblo que reconoció al verdadero Dios, como dice Roblin.
Los samaritanos adoraban a Dios, pero en otro templo; poseían el mismo Pentateuco que los judíos; el cisma que se promovió entre Samaria y Jerusalén fue, en pequeña escala, lo mismo que el cisma promovido entre los griegos y los latinos. El odio fue igual por los dos lados, suscitado por el mismo fondo de la religión. En cuanto Alejandro se apoderó de Tiro, fue a castigar a Jerusalén, que estaba cerca del camino que pensaba seguir. Los judíos, llevando al frente su sumo sacerdote, se presentaron a él humildemente y le entregaron cuantiosa suma, porque es sabido que el dinero apacigua a los conquistadores irritados. Alejandro se apaciguó y los judíos continuaron siendo vasallos suyos y de sus sucesores. Esta es la historia verdadera y verosímil.
Si Flavio Josefo refirió una fábula ridícula concerniente a Alejandro y a un pontífice judío, Plutarco, que escribió mucho tiempo después de Josefo, también quiso adornar con alguna fábula la vida de su héroe. Aumentó todavía lo que dice Quinto Curcio. Uno y otro aseguran que Alejando, al dirigirse a la India, ordenó que le adoraran, no sólo los persas, sino también los griegos. Pero es preciso saber lo que entendían por la palabra adorar. Si entendemos por adorar invocar a un hombre, como a una divinidad, ofrecerle incienso y sacrificios, erigirle altares y templos, Alejando no exigía nada de eso. Si pretendió que siendo el vencedor y el dueño de los persas, le saludaran a la manera persa, que se prosternaran ante él en ciertas ocasiones y que le trataran como a rey persa, no pretendió nada que no fuera natural y razonable.
Los miembros de los parlamentos de Francia hablan de rodillas a los reyes, cuando presiden los tribunales de justicia. El tercer Estado habla de rodillas en los Estados Generales. Arrodillados sirven los vasos de vino al rey de Inglaterra, y de este modo sirven a muchos reyes de Europa en su consagración.- De rodillas hablan al Gran Mogol, al emperador de la China y al embajador del Japón. Los consejeros de la China de orden inferior doblan la rodilla ante los consejeros de orden superior. Como igual reverencian al Papa, le besan el pie derecho. Ninguna de tales ceremonias se consideró nunca como adoración en el sentido riguroso de la palabra; de modo que todo lo que se ha dicho sobre la supuesta adoración que exigió Alejandro esté basada en un equívoco.
Las contradicciones respecto al carácter de Alejandro serian más difíciles de conciliar, ni no supiéramos que los hombres desmienten su propio carácter muchas veces; y que la vida y la muerte de los mejores ciudadanos y la suerte de una provincia han dependido con frecuencia de la buena o mala digestión de un soberano, bien o mal aconsejado. Pero, ¿cómo es posible conciliar hechos improbables, que se refieren de una manera contradictoria?
Unos autores dicen que Calístenes fue sentenciado a muerte y crucificado por orden de Alejandro, porque no le quiso reconocer como hijo de Júpiter. A esto debemos objetar que los griegos no usaban el suplicio de la cruz. Otros autores dicen que murió mucho tiempo después de un exceso de gordura. Ateneo asegura que le encerraron en una jaula de hierro, como un pájaro, y en ella se lo comieron los gusanos.- No es posible deducir la verdad de hechos tan contradictorios.
Lo que resulta probado en la historia de Alejandro, es que a la edad de veinticuatro años conquistó a Persia en tres batallas; que tuvo tanto genio, como valor; que cambió la faz del Asia, de Grecia y de Egipto y la del comercio del mundo conocido entonces; y que Boileau no debía burlarse de él, no siendo capaz de realizar tan gigantescas empresas, ni en doble número de años.