Aunque Álvaro Uribe le entregó a Juan Manuel Santos un país muy diferente al que recibió de Pastrana, la complejidad de los problemas que habrá de afrontar son de una magnitud aterradora. Con el correr de los días se vislumbra una luna de miel de corta duración y la posibilidad de cumplir sus promesas de campaña son menores.
Los terratenientes mueven sus fichas y en el Congreso tienen aliados; la segunda generación de paramilitares está recuperando las posiciones abandonadas por sus jefes extraditados y la delincuencia juvenil desbordó las comunas y ya llegó a los colegios.
Estamos calificados como los mas violentos en América; en corrupción nos acercamos a Venezuela y en narcotráfico surtimos al mundo con cocaína. Solo la enumeración de estos problemas produce vértigo.
Juan Manuel Santos, el veterano político con mas de veinte años de triunfos sin una sola derrota, ¿saldrá avante con la carga que le espera? Hasta la minoría de congresistas que se supone son honestos esperan pasarle factura al Estado por los gastos de campaña que desembolsaron para alcanzar el título de “Honorables”, en forma de cargos bien remunerados o contratos con varios ceros a la derecha. Le lloverán intrigas por Ministerios, Embajadas, Consulados, Notarías y empleos que dejen morder parte de la torta del Tesoro Nacional.
No nos digamos mentiras. El poder legislativo, un conglomerado de varios centenares de personas en las cuales el afán de lucro está primero que el amor a la patria es un monstruo insaciable, y como una veleta cambia de rumbo al primer soplo. Las promesas de don Armando Benedetti para reformarlo las han hecho sus antecesores muchas veces y seguimos en lo mismo.
El miércoles 27 de marzo del año 1.991, -hace diez y nueve años,- Carlos Lemos Simmonds, un hombre que se las sabía todas, publicó en el EL TIEMPO, página 5ª, una columna titulada “De corruptor a moralizador” que parece escrita ayer tarde. En forma premonitoria se adelantó diez y nueve años a su tiempo y no alcanzó a vivir para verlo. Ahora que el periódico puso a disposición de los colombianos sus archivos en forma digital pueden leerla en Internet.
Para interesarlos, cito el final: “Mientras el Estado sea como es, ni ese ni ningún otro Comité parecido logrará ponerle freno a la corrupción. El tiempo, ya lo verán ustedes, me dará de nuevo la razón.” Si, don Carlos, usted estaba en lo cierto. La corrupción en los Estados es tan vieja como el mundo, no es invención colombiana.
Sin embargo, y con todos sus problemas, nuestra patria está en mejores condiciones que en los tiempos de Gaviria, Betancur y Pastrana, pues cambiamos a Pablo Escobar por el Loco Barrera y tenemos reducidas a las Farc a sus refugios fronterizos.