CÓMO ENTREGABAN EL CORREO EN 1940

El correo que llega lanzado desde las nubes; el correo que sale, arrebatado por un avión que vuela a una velocidad de 100 kilómetros por hora. Estas hazañas forman parte de la tarea cotidiana de la compañía All American Aviation, Inc., al conducir la correspondencia aérea que el Tío Sam está haciendo llegar ahora a poblaciones pequeñas no comprendidas en los itinerarios de la aviación comercial.

Las valijas del correo de salida se suspenden de un cable cuyos extremos se hallan sujetos a la parte superior de dos postes distantes entre sí 18,30 metros, entre los cuales queda tendido de ese modo a una altura de 9.15 metros del suelo. Cuando el avión va acercándose a una de esas estafetas, el “correo del aire” apercibe dos cables: uno, el que sujeta la valija de la correspondencia que ha de entregarse, ha de largarlo momentos antes de llegar; el otro, que servirá para tomar la valija de la correspondencia de salida, lleva un gancho en el extremo que queda colgando.

El director de la All American Aviation, Inc., es Richard C. DuPont, entusiasta aficionado a la aviación y campeón de vuelo en planeadores. Dupont, que cuenta sólo treinta años de edad, organizó hace dos la compañía que hoy dirige, lo cual hizo a invitación del doctor Lytle S. Adams, inventor del dispositivo que se emplea para que el avión pueda recoger las valijas. A poco de organizada la compañía, el Departamento de Correos contrató con ella la conducción de la correspondencia a los estados de Pensilvania y Virginia Occidental.

Durante un año de vuelos de prueba, cinco aviones Stinson Reliant, de un solo motor, han recorrido 400.000 millas efectuando 23.000 operaciones de entrega o recogida de valijas de correspondencia sin interrupción del vuelo. A pesar de que el itinerario de los aviones cruzaba la región de los Montes Alleghenys, llamada “el cementerio de la aviación”, no se perdió un solo avión, ni un solo piloto de los destinados a ese servicio.

El dispositivo mediante el cual se recogen y entregan las valijas de la correspondencia sin necesidad de que el avión correo interrumpa el vuelo es objeto de constantes mejoras. A los postes de acero que se usaban en un principio, los reemplazan ahora otros de bambú, contra los cuales podría tropezar un avión sin que por ello sufriese averías. Los cables, de 16.75 metros de largo, en el extremo inferior de los cuales iba el gancho destinado a recoger la valija, por cuanto oscilaban, a veces no alcanzaban a veces a pescarla.- En vez de ellos actualmente se emplean pértigas de 4,25 metros de largo, las cuales facilitan a tal grado la precisión del enganche de la valija, que el encargado de efectuar esta operación podría llevarla a cabo aún cuando la distancia que separara a los postes entre los cuales se halla suspendida la valija fuese menos de un metro.

La Dirección General de Aeronáutica Civil expidió licencia permanente a la All American Aviation, que inauguró en el me de agosto tres líneas que sirven hoy a muchas poblaciones pequeñas. ´Algunas de ellas, situadas entre escarpados riscos a los cuales no llega el ferrocarril, tienen ahora correo aéreo. La menor de todas las poblaciones es Greenville, en la Virginia Occidental, de sólo 799 almas. En algunas de estas estaciones del correo aéreo ha sido menester podar los empinados árboles a fin de que el avión pueda efectuar sin dificultad las operaciones de tomar y recoger la correspondencia.

No siéndoles preciso contar con campos de aterrizaje aviones de la All American Aviation pueden continuar prestando servicio en circunstancias que obligarían a que se suspendiera el de otros que no se hallaran en igual caso. Así, por ejemplo, cuando las inundaciones del valle de Ohio, continuaron funcionando en tanto que todos los demás medios de transporte quedaron interrumpidos. La única diferencia fue que hubieran de utilizarse lanchas para llevar las valijas de la correspondencia a los lugares en donde ellos la tomaban. Una vez que se inauguren dos itinerarios más que hay en proyecto, el número de poblaciones a las cuales los aviones lleven las correspondencia se elevará a ciento treinta y nueve.

(Revista Selecciones 1940)