Se encuentra usted aquí

LA CARTA QUE ENCONTRÉ

Esta es una carta que encontré por ahí, en la que el remitente le plantea al dueño de la vida muchas necesidades y me tomé el atrevimiento de leerla, y la verdad me encantó, por eso hoy, con inmenso cariño la transcribo para ustedes, mis queridos lectores: la carta dice así:

¡Hola Jesús, ¿cómo estás?... Te escribo para saludarte y porque ahora sí tengo que surtirme, pues la “canasta básica” con que me enviaste al mundo se me ha ido agotando, a lo largo de estos años.

Por ejemplo, la paciencia se me acabó por completo, igual que la prudencia y la tolerancia; ya me quedan poquitas esperanzas y el frasquito de la fe, está totalmente vacío; la imaginación también está escaseando por estos rumbos; así que quisiera pedirte nuevos productos para mi canasta.

Para empezar, me gustaría que rellenaras los frascos de paciencia y tolerancia, pero hasta el tope, y mándame, por favor, el curso intensivo de “cómo ser más prudente, volúmenes 1, 2, 3. y 4. Envíame también varias bolsas grandes, pero “bien grandes” de madurez, que tanta falta me hace; también quisiera un costal de sonrisas, de esas que alegran el día a cualquiera.

Te pido que me mandes dos piedras grandes y pesadas para atarlas a mis pies y tenerlos siempre sobre la tierra. Si tienes por ahí guardada un brújula para orientarme y tomar el camino correcto, te lo agradecería mucho.

Regálame imaginación otra vez, pero no demasiada, porque debo confesarte que en algunas ocasiones tomé grandes cantidades y me empachó; regálame también nuevas ilusiones y una doble ración de fe y esperanza, que la verdad, me caerían excelentes.

Te pido también una paleta de colores para pintar mi vida, cuando la vea gris y oscura; me sería muy útil un caneco de la basura para tirar todo lo que me hace daño y por consiguiente me estorba. Por favor, Señor don Jesús, mándame un botecito de merthiolate y una cajita de curitas para sanar mi corazón, porque últimamente ha tropezado bastante y tiene muchos raspones..

Te pido muchas zanahorias para tener buena vista y no dejar pasar oportunidades por no verlas; necesito también un reloj grande, muy grande, para que cada vez que lo vea me acuerde de que el tiempo corre y no debo desperdiciarlo, porque después tengo que llorarlo, como lo lloran los santos.

Podrías mandarme mucha fuerza y seguridad en mí mismo, sé que voy a necesitarlos para soportar los tiempos difíciles y para levantarme cuando caiga en el camino; también quisiera un frasco de pastillas, de las que hacen que crezca la fuerza de voluntad y el empeño, para que me vaya bien en la vida y te pido, además, cinco o seis toneladas de “ganas de vivir”, para cumplir mis sueños.

Necesito también un lapicero con buena tinta, para escribir todos mis logros y mis fracasos; pero, más que nada, Señor Jesús, te pido que me des mucha, pero mucha vida, para lograr todo lo que tengo en la mente y para que veas que no desperdicio el tiempo que me diste aquí, en la tierra.

De antemano, te agradezco lo que me puedas mandar y te agradezco el doble, todo lo que me mandaste la primera vez.

Con mucho cariño, respeto y amor, tu amigo...