* El presidente Eduardo Santos representaba lo que los españoles llaman el centro democrático: prudente, equilibrado, ni muy a la derecha, ni muy a la izquierda. Pero sabía interpretar los episodios nacionales en los momentos estelares con ardentía y fortaleza. Desde 1913 había dicho: “El silencio en política es oro, a condición de que sepa romperse a tiempo y de manera viril y clara”.
Así lo hizo para la campaña de 1930, en su presidencia durante la Guerra Mundial y cuando su periódico El Tiempo fue censurado, incendiado o clausurado.
* Monseñor Bernardo Herrera Restrepo, príncipe de la Iglesia y del Partido Conservador, durante 40 años y hasta 1928, presidía los grados en universidades y seminarios hasta su muerte. Solía preguntar sobre filosofía, teología y dogma. Un día, al interrogar a un rosarista sobre si se podía bautizar con caldo a un niño enfermo y en peligro de muerte, el alumno respondió: “Distingo, si es caldo del que nos dan en el desayuno, Sí; pero si es caldo del que toman los obispos, no, porque está muy contaminado”.
* El rey Jorge III de Inglaterra paseaba aceleradamente por el campo y el hambre lo llevó a un restaurante del camino, en donde pidió un pequeño refrigerio, con dos huevos. Al recibir del mesero la cuenta –tres libras esterlinas-, preguntó el monarca si el precio alto porque los huevos eran escasos. El dueño le respondió: “No son escasos los huevos, son escasos los reyes por aquí”.
* Durante la ocupación de Francia por los nazis alemanes, Pablo Picasso, pintor universal y hombre de izquierda, hizo parte de la red de intelectuales de la resistencia contra Hitler. Una tarde, en su estudio artístico, pulía el histórico cuadro dedicado a las víctimas de Guernica, ciudad española abatida por los bombardeos germanos. Al entrar la Gestapo y ver en el caballete el trágico cuadro, preguntó el capitán de la SS quién había hecho eso. Inmediatamente Picasso respondió: “No fui yo, sino ustedes quienes lo hicieron”.
* El patriota y científico norteamericano Benjamín Franklin fue conocido por liderar la independencia de su patria y descubrir la antena para detener los efectos de la tormenta. En Francia, se decía que había arrebatado el rayo al sol y el cetro a los tiranos. Empero, los estudiantes hispanos, irrespetuosamente, dicen que a Benjamin Franklin, el inventor del pararrayos, sus compatriotas le mamaban gallo.
* Desde la Primera Guerra mundial, la diplomacia exige, desde el fondo de las edades, el conocimiento de los idiomas. Primero, el latín, después el francés y el inglés. Al llegar a Europa, el Dr. Carlos Holguín Mallarino, hace más de 100 años, fue preguntado por qué los latinoamericanos no hablaban otros idiomas en la vida internacional. Rápidamente Mallarino contestó: “A nuestros diplomáticos les entran todos los idiomas, pero no les sale ninguno”.
* Churchill, de quien no se cansan sus biógrafos de relatar extraños episodios, sufrió un accidente al llegar a EE.UU., ya que allí los automóviles van siempre por la derecha y en Inglaterra, por la izquierda. En Washington, en sonada visita antes de la Segunda Guerra, giró –como siempre- a la izquierda y fue gravemente atropellado por un automóvil que conservaba su derecha.
* Jorge Eliécer Gaitán, entonces alcalde de Bogotá, se casó en Medellín con doña Amparo Jaramillo y tuvo una hija, doña Gloria Gaitán. Después del atentado que le causó la muerte, esperaba en la clínica la gente el diagnóstico, y el Dr. Echandía informó la infausta noticia de su fallecimiento. Relatan que preguntado el maestro por la última voluntad del caudillo, Echandía dijo que el moribundo sólo había pronunciado dos frases: “Amparo para el pueblo y Gloria para el partido liberal”.
* En la década de los 50, era conocida la animadversión entre el presidente encargado, Roberto Urdaneta Arbeláez y el jefe conservador de oposición, Gilberto Alzate. En provincia, los jefes gobiernistas decían entonces: “El que se humille será ensalzado y el que se Alzate, será aplanchado”.
* Rojas Garrido, como presidente radical, encargado del poder por Mosquera, era un anticlerical fervoroso. En la Convención de Rionegro, dijo: “Mostradme un cura pobre o con hambre”. Un día, al cruzar en una frágil canoa el rio Magdalena, las olas lo pusieron a temblar y a rezar las oraciones que recordaba haber aprendido en su tierna infancia. Criticado por conversión a la fe católica en esos momentos de peligro, exclamó: “Yo soy ateo convencido, pero en tierra firme”.
* El ex ministro Cruz Santos se molestaba porque sus alumnos del Colegio del Rosario sabían los nombres de los presidentes, pero no recordaban los de los virreyes. Finalmente, encontró unos versos que ayudaban a la memorización: “Pedroza, Guerrero, Jorge Villalonga/ primeros virreyes que España mandó,/ Eslava, Pizarro, Solís, De La Cerda,/ Guirrior a quién Flórez después reemplazó./ Y Góngora ilustre, con Gil y Ezpeleta,/ después Mendinueta y Amar y Borbón./ En la independencia don Benito Pérez/ en Ciudad del Istmo su sede sentó”.
* En EE.UU hay gente que de todo culpa a los hispanos. A raíz del ataque a las Torres Gemelas, de Nueva York, un mexicano preguntó a un cubano sobre el autor del criminal atentado. La respuesta fue inmediata: “El terrorista fue un tal Iván”, Y hubo periodistas que creyeron que el tal Iván, era un hispano. (Talibán).
* El doctor Eduardo Santos, siempre muy generoso en París, invitó a unos estudiantes colombianos, dedicados a la literatura, a un elegante restaurante de la Ciudad Luz. A la hora del postre, indagó sobre la preferencia de los compatriotas, y todos al unísono, respondieron: “Queremos un Chateaubriant”.
* El presidente Aquileo Parra nació en Barichara, en el departamento de Santander, en modesta casa de bahareque; desde temprana edad, fue comerciante en tabaco, quina y sacos de fique, para ayudar a su pobre familia. Sus padres querían enviarlo a San Gil para que estudiara en el Guanentá, pero el niño prefería colaborar en la casa y formar su personalidad autodidacta, con sencillos libros; cuando le insistían en ir al plantel, solía responder: “Mejor Aquí-leo”.
* Cuentan que Napoleón –apresurado por su talante militar- solía decir a sus cortesanos: “Vístanme despacio que estoy de prisa”. En cambio, el cervantino Sancho Panza expresaba a su compañera: “No olvides que quien te viste, te desviste”.
* Nuestro gran canciller Eduardo Zuleta Ángel tuvo una terrible discusión con el diplomático peruano Arca Parro sobre si en la Comisión Económica para América Latina, creada por la ONU, debía haber sólo funcionarios de nuestra América o del mundo entero. Como los dos diplomáticos no llegaron a ningún acuerdo, Zuleta explicó: “Yo hablé en francés y él no me entendió; él habló en inglés y yo no le entendí”.
* Las masas que seguían a Jorge Eliécer Gaitán atacaban frecuentemente a los periódicos adversos con piedras, palos y ladrillos; obedientes esas multitudes al caudillo, las reunía para poner orden y les decía: “Quiero que saquen las tesis de mi libro “Las ideas socialistas en Colombia” y de la plataforma del Teatro Colón; no sigan sacando argumentos del bosque del chircal y de las canteras”.
* Bolívar gustaba, como todos los caudillos de la historia, dormir en el campo de batalla. Pero acantonado el Ejército en improvisados cuarteles, le ofrecían al Libertador el colchón muelle y dorado. Incómodo, el Jefe era interrogado: “Excelencia, ¿extraña la cama?. ¡”No!, respondía el paladín invicto, “yo extraño la hamaca”.
* José Félix de Restrepo, en Cúcuta en 1821 entró de rodillas al Congreso Constituyente, con una ley en la mano, exigiendo la libertad de los esclavos. Y dijo: “En las edades venideras, cuando nuestros nietos vivan en una tierra no manchada por la esclavitud, se llenarán de admiración y miraran con lástima y desprecio a sus abuelos, que llegaron a poner en duda los primeros derechos del hombre, conocidos y respetados entre aquellos pueblos que llamamos bárbaros, porque no han imitado nuestros vicios. Debía haber una sentencia que prohibiese para siempre entre nosotros hablar de la esclavitud, con temor de deshonrarnos a los ojos de la posteridad”.
* Los políticos creen equivocadamente, que un largo discurso les otorga la inmortalidad. Aneurin Bevin, laborista inglés, se limitó a decir, para lograr opinión popular: “El desarrollo del capitalismo inglés se hizo con los salarios que no les pagaron a nuestros abuelos”. Y el discurso de Lincoln, en Gettysburgh, periódicamente citado en oraciones solemnes, se recuerda por su hermoso final: “Estos muertos no murieron en vano; esta nación, bajo Dios, tendrá un renacimiento de la libertad, y que el gobierno del pueblo y para el pueblo, no desaparezca de la faz de la tierra”.
* Alguna audaz dama parisina preguntó al Tigre Clemenceau por qué no se casaba después de su estruendoso divorcio. El estadista le contestó: “Sencillamente, porque el hombre se casa cuando no tiene éxito con las mujeres”.
* El entusiasmo liberal en la Guerra de los Mil Días fue, en un momento dado, muy grande, por los triunfos de Rafael Uribe Uribe en el Peñón y en La Laja, pero en el Alto de La Paja tuvo el caudillo antioqueño imprevista derrota. Un poeta lugareño cantó así esos episodios: “Uribe no la rebaja, la gana de todos modos, en el Peñón y en la Laja, pero lo que es en la Paja, sí la ganaron los godos”.
* El ex ministro de gobierno, Luis Ignacio Andrade entró a un convento, después de su agitada vida pública y se llamó Fray Anselmo de Santa Quitería. Todos los huilenses creyeron que su retiro de la vida pública era total, hasta que en una reunión en Neiva le oyeron decir: “He dedicado mi vida al Dr. Laureano Gómez y al conservatismo doctrinario. Ahora, la vida que me resta se la dedicaré a Dios, que viene a ser lo mismo”.
* El ex ministro Augusto Ramírez Moreno, del grupo de los Leopardos, clasifica así a los oradores políticos: “Hay tres elocuencias: la melódica, que va desde el canario, hasta el gallo de riña, pasando por el sinsonte y el turpial. Es la forma auténtica de la oratoria y en su subsuelo descubrimos siempre la gran cultura o el certero instinto literario. Está la elocuencia del graznido, que va del azor al cóndor, pasando por el gavilán, el águila y el buitre. Y está la elocuencia leonina, la del rugido, la de Rojas Garrido, Caro y Concha, que obra por zarpazos, vagabundos y enormes, como los cometas. Cuando uno de esos hombres habla, hay un terremoto moral en el auditorio, su impacto en el alma líquida de las muchedumbres, parece un cataclismo de la historia”.
* Cartagena proclamó el 11 de noviembre de 1811, la independencia absoluta de España, con esta declaración:”Nosotros, los representantes del buen pueblo de Cartagena de Indias, con su expreso y público consentimiento, poniendo por testigo al Ser Supremo de la rectitud de nuestros procederes y por árbitro al mundo imparcial de la justicia de nuestra causa, declaramos solemnemente a la faz de todo el mundo, que la Provincia de Cartagena de Indias es, desde hoy de hecho y por derecho, Estado libre, soberano e independiente; que se halla absuelta de toda sumisión, vasallaje, obediencia y todo otro vínculo de cualquier clase y naturaleza que fuese, que anteriormente lo ligase con la corona y gobierno de España y que, como tal Estado libre y absolutamente independiente, puede hacer todo lo que hacen y pueden hacer las naciones libres e independientes. Y para mayor firmeza y validez de nuestra declaración, empeñamos solemnemente nuestras vidas y haciendas, jurando derramar hasta la última gota de nuestra sangre antes que faltar a tan sagrado comprometimiento”.
Después vendría el sitio, la ocupación el cadalso y el martirio.
* La posesión presidencial de don Marco Fidel Suárez fue sobria; todo siguió igual en su casa de claveles, de canarios y de oración. Los vecinos querían verlo salir e imaginaban soldados de casco, cornetas y espectáculo, o una comisión del Congreso. Vestido de negro, como siempre, salió con María Antonia, su hija, de bonito traje rosado, a pie, por el Camellón de los Carneros. Tomaron un coche de alquiler y “al Capitolio”. Esa fue la impresión que de niña registró la periodista Inés de Montaña.
* La transición política de 1930 en Colombia estuvo signada por la intervención de la Iglesia a favor del general Vásquez Cobo y del gobierno de Abadía, en respaldo de Guillermo Valencia. Ante la división, ganó el liberal Enrique Olaya Herrera. El maestro Valencia, furioso, solía decir: “Los obispos pidieron votar por el general Vásquez Cobo, que no se ha leído el Catecismo Astete, ni las Cien lecciones de Historia Sagrada, que conocen hasta los niños de colegio”.
* El presidente norteamericano F. D. Roosevelt sufrió un atentado, el 15 de febrero de 1933, a manos de un anarquista italiano quien fuera posteriormente condenado a muerte y, con extraño humor, expresó que la silla eléctrica lo curaría de terribles dolores de estómago que lo habían molestado durante toda su existencia.
* Todos sabemos que Bolívar decía, en los días de la Carta de Jamaica, que de España nos separaba un odio tan ancho, como el propio océano. A los ingleses y americanos les pasó lo mismo durante largo tiempo, al punto de que Bernard Shaw le escribió a su colega gringo: “No olvides, Mark Twain que EE.UU. e Inglaterra son dos países hermanos, hondamente separados por una lengua común”.
* El presidente colombiano Guillermo León Valencia llegó al poder el 7 de agosto de 1962. Días después al analizar los ministros la situación económica, llegaron a la conclusión de que debían devaluar el peso, en virtud de la realidad recibida del gobierno anterior. Acorralado por los periodistas, Valencia respondió: “La devaluación es una criatura que a mí me tocó bautizar, pero fueron otros los que la engendraron”.
* El ex ministro Tulio Enrique Tascón fue profesor universitario, cuando entraron las primeras alumnas a la universidad; era un convencido de pasar lista y de tener en cuenta las fallas de los estudiantes. Al día siguiente de un examen una alumna se excusó por no haber asistido con el argumento de un cólico menstrual agudo. El profesor le respondió: “Señorita, la universidad también tiene sus reglas”.
* El maestro Darío Echandía era conocido por sus frases lapidarias. Preguntado por sus alumnos, en 1960, sobre quién ganaría el debate parlamentario en las urnas –si los liberales, conservadores, laureanistas, opinistas-, Echandía respondió: “Aquí las mayorías parlamentarias las tiene la Federación de Cafeteros”.
* Un conocido alcalde de Cúcuta aludió, en un memorable discurso, a la espada de Aristóteles. Inmediatamente fue reprendido por un académico historiador, al confundir el arma con la espada de Damocles. El burgomaestre respondió en seguida: “Esos toches griegos todos cargaban espada”.
* El Dr. Ernesto Samper, en una enconada campaña presidencial, recibió, en el aeropuerto Eldorado varios disparos que quedaron incrustados en su cuerpo, mientras el dirigente Antequera murió en el atentado. El humor bogotano no se hizo esperar y la gente decía: “Ernesto Samper es el candidato más aplomado que tiene Colombia”.
* Los presidentes Clinton y Bush han tenido nombradía y fama mundial desde ángulos diferentes. Un periodista americano, con cierto humor británico, sintetizó el tema así: “Yo prefiero confiarle mi hija a Bush y mi dinero a Clinton".
* El presidente Miguel Antonio Caro tenía en Palacio una joven empleada del servicio locamente enamorada de un guardia presidencial, de fina estampa. La pobre chica no sabía leer ni escribir y solicitó al mandatario que le redactara una carta para el apuesto vigilante del Batallón Guardia Presidencial. Previsiva, la sirvienta le advirtió al Sr. Caro: “Don Miguel Antonio, por favor, ponga al final de la carta que perdone, de todo corazón, los errores de ortografía”.
* El presidente Andrés Pastrana se la jugó toda por el diálogo con las Farc y con Tirofijo, hace algunos años. Y recuerda al respecto, en un diálogo, una frase de Fidel Castro alusiva al tema: “Si yo estuviera ahorita al frente de Manuel Marulanda, le diría: haga la paz con este godo”.
* Juan Evangelista Conde era un cacique caucano del siglo XIX domiciliado en Palmira. Era muy amigo del general Mosquera y del fraude electoral. Hacía votar en los comicios a los niños de 12 años, con documentos de muertos y de ausentes. Al ser denunciado, dijo que lo hacía para que los niños “vayan aprendiendo”.
* El ministro Gutiérrez Anzola, connotado penalista, salió de su cartera en 1960 y tuvo sonada audiencia pública, enfrentando al jurista Gómez Aristizábal, quien relata que el debate probatorio fue muy acre; el joven Gómez Aristizábal se definía como un arquitecto de su propio destino, que se hizo a sí mismo y no venía de la Corte Suprema, ni del Consejo de Ministros. Gutiérrez Anzola, enfurecido, respondió: “Si usted se hizo a sí mismo, ¿por qué se hizo tan feo y tan chiquito?”.
* El ex presidente Darío Echandía aceptó la Gobernación de su querido departamento, Tolima. Su programa de Gobierno decía: que los tolimenses pudieran pescar de noche, Y sus frases fueron célebres: “¿El poder, para qué?. En política se puede meter la pata, pero no la mano!.
* El presidente Pedro Nel Ospina visitó el departamento de Santander, en 1924. La celebración regional fue muy importante, la comida popular fue nutrida y con chicha, como bebida santandereana. Al tomar la totuma, el mandatario se sonrojó y el gobernador Emilio Padilla, le dijo: “Excelencia, veo que usted cree que no es de…coroso”.
* En el anecdotario sobre la muerte de Pinochet figura una frase que su chofer le atribuía al autoritario presidente cuando iban de prisa hacia la capital chilena: “Oye cabrón, es mejor llegar tarde a Santiago, que temprano a los infiernos”.
* El dictador venezolano Juan Vicente Gómez tenía fundada fama de ignorante. Se esperaba una sentencia en un sonado pleito judicial y su ministro le dijo: “Mi querido General, le informo que falló la Corte Suprema”. Y Juan Vicente, respondió: “Si la corte falló, debemos cambiarla”.
* El doctor Eduardo Santos fue a Santander en 1940. En Curití fue agasajado con un piquete de cabrito, pepitoria, ají, yuca frita; la bebida era el guarapo, pero nadie se atrevía a pasarle la espumosa totuma a la elegante y fina primera dama, Lorencita Villegas de Santos. Con acento paisa, Lorencita pidió su totuma de guarapo y al probarla exclamó: “A esta bebida tan sabrosa, lo único que le falta es posición social”.
* El presidente Gerald Ford –sencillo, humilde y con gran humor- no se creía más de lo que era y lo precisó en términos de marca de carros. Con referencia a la historia de su patria americana, dijo: “Soy un Ford, no un Lincoln”.
* Las fiestas del Palacio de Versalles eran de un brillo espectacular. Sin embargo, en todas partes se cuecen habas. Una condesa recuerda en sus memorias, escritas en la tarde de su existencia, que al reclamar su bello abrigo de piel, un cortesano le respondió: “Madame, los abrigos de piel se acabaron a las 12 de la noche”.
* El presidente Carlos Lleras Restrepo aspiraba a la reelección en octubre de 1975 y tenía predilección por los antioqueños, en virtud del mutuo afecto por las cuestiones económicas. Entre sus seguidores de la montaña, estaba Hernán Toro Agudelo, a quien le atribuían el siguiente relato: “Encuentro a Lleras muy bien y estoy seguro de que va a resistir la campaña, y si lo elegimos, también aguanta los cuatro años de presidencia; lo que queda por averiguar es si a él lo resistiremos nosotros”.
* Unos cortesanos audaces obsequiaron al caudillo Francisco Franco una inmensa tortuga de las Islas Galápagos y le advirtieron que esos animales, con pruebas científicas, tenían una vida de más de 200 años. El dictador les respondió: “Es lo malo que pasa con los animalitos, cuando les hemos tomado cariño, se nos mueren”.
* El presidente Marroquín, en los episodios de la separación de Panamá con la colaboración norteamericana, tuvo una actitud tan indigna, que en una reunión de viejos chocolateros les dijo: “A mi no me pueden atacar los colombianos por los sucesos de Panamá, porque recibí un país y entregué dos”.
* En presentación televisada sobre la historia de Colombia, aparece Alfonso López Pumarejo como campeón de ciclismo colombiano en su primera juventud. Al preguntarle a personas que estuvieron muy cerca del gran estadista hasta qué edad practicó este deporte, respondieron: “Hasta cuando se casó”.
* Cuando el presidente Kennedy visitó Colombia, un funcionario de la Cancillería, habitualmente bien informado, llegó el día anterior a los baños turcos del Hotel San Francisco, a pontificar sobre el programa que se desarrollaría el día siguiente; entre otras cosas dijo que, al terminar el consomé, el presidente americano rompería el protocolo para pedir una taza adicional. Cuál sería la sorpresa, cuando dos días después, en la prensa se anunciaba el hecho: Kennedy repitió caldo.
* El más cruel de los virreyes, Juan Sámano, salió huyendo hacia Honda, cuando tuvo noticias de la derrota española en la Batalla de Boyacá. Los soldados que lo vigilaron hasta el río Magdalena fueron indagados por el Libertador, días después, sobre qué decía el virrey en su fuga desde Santafé. Los soldaditos contestaron: “El Virrey aceleraba el paso y nos decía, “corramos que nos alcanzan esos hp cobardes”.
* El rey Luis XVIII, en 1819, y en presencia del mariscal Oudinot, les dijo a los cadetes de la escuela militar y a la tropa: “No olviden que cada soldado tiene en el morral de campaña el bastón de mariscal Oudinot; a cada uno le corresponde sacarlo del maletín de campaña”.
* El más corto testamento político es el de Napoleón Bonaparte: “Yo deseo que mis cenizas reposen sobre las orillas del Sena, en medio de ese pueblo francés que yo tanto amé”. Y se cumplió su deseo. En la Cripta de los Inválidos descansa, al lado de las banderas arrebatadas por Francia a sus enemigos.
* Florentino González, uno de los fundadores del liberalismo colombiano, estadista emérito, en los días posteriores a nuestra independencia, se casó con una de las Ibáñez, famosas por su belleza. Bernardina Ibáñez había tenido una hija extramatrimonial con Miguel Saturnino Uribe, millonario socorrano y solterón empedernido, hombre enamorado y con amplia descendencia. Por lo anterior, al donar un colegio el empresario, se recitaba esta copla galana: “Miguel Saturnino Uribe, amigo de los “capachos” /reconstruyó este plantel, /pero hizo antes los muchachos /que habían de estudiar en él”.
* En el debate ministerial entre el presidente Eduardo Santos y su canciller López de Meza, la amigable discusión se inclinaba a alejarse del eje Roma-Berlín-Tokio, naturalmente sin declarar la guerra. Pero no encontraban la fórmula ideal de estar contra el fascismo sin convertir a Colombia en país beligerante. Al fin encontraron la definición para la política exterior de nuestro país: “Colombia es neutral, pero no indiferente”.
* El presidente colombiano José Vicente Concha era amigo de la tertulia con muy buenos vinos y realizaba los conversatorios bohemios en su bella finca campestre, llamada la Granja, detrás del Country Club de Bogotá. Allí almorzaba, entre chiste y chiste y entre copa y copa, y retornaba en coche al Palacio de Nariño, en la tarde. Los cachacos, al verlo pasar por Chapinero, decían: “Ahí viene el señor presidente Concha de la Gran-jala”.
* Don Rufino José Cuervo, lingüista eminente e hijo del presidente Rufino Cuervo, vivió muchos años en París, dedicado a escribir el Diccionario de Construcción y Régimen. En la Ciudad Luz, a las 5.00 de la madrugada asistía a la misa, todos los días, en la iglesia de La Magdalena. Una portera nueva, vigilante del edificio, al verlo subir la escalera al amanecer decía: “Quien ve al colombiano con cara de santo, quién sabe en dónde y con quién pasará la noche y llega aquí a la madrugada”.
* El maestro Guillermo Valencia tenía distancias políticas y cercanía familiar con el talabartero José Restrepo, quien le arreglaba las monturas y las alforjas para sus cabalgaduras. Demorado e incumplido, Restrepo, como muchos artesanos, desató el mal humor de Valencia ante el retardo para entregarle los aperos de su bestia. El talabartero le respondió: “Maestro, ¿usted cree que arreglar una montura o remendar unas alforjas, es tan fácil como hacer versos o discursos?”.
* El Leopardo y orador bumangués José Camacho Carreño tuvo muchos triunfos políticos, diplomáticos y forenses. La desgracia lo acechó, mató a un cuñado, pero salió absuelto. Sus amigos gestionaron una notaría para él en el distrito de Cundinamarca y Bogotá. El leopardo respondió a la cordial propuesta: “Sinceramente agradecido, pero si acepto una notaría, el pueblo puede creer que ya estoy archivado”.
* El doctor Lucio Pabón Núñez, político ocañero, estaba elaborando la lista para la Asamblea Departamental de Norte de Santander. Un aspirante cucuteño, de reputación dudosa, fue rechazado y Pabón Núñez le dijo claramente que no lo incluía, porque tenía tres procesos penales en curso. Y el aspirante le contestó: “Y luego, doctor Pabón, cuántos procesos penales se necesitan?”.
* En Pasto, el parlamentario liberal Carlos César Puyana tenía un periódico llamado El Radio, publicación muy dura contra la derecha clerical y conservadora de Nariño. El día de la posesión del Dr. Laureano Gómez, el 7 de agosto de 1950, desde púlpitos y tribunas, para oír el discurso del mandatario, se pregonaba: “Prendan el radio, prendan el radio”. La multitud pastusa se desplazó y le prendió fuego a El Radio, el combativo periódico de la familia Puyana.
* A un escritor venezolano se le preguntó por qué al general llanero José Antonio Páez se le llamada El Centauro, a lo que respondió el escritor: “A Páez se le llamaba El Centauro, porque era mitad general y mitad caballo”.
* El chiverudo y bohemio Felipe Lleras Camargo era senador y tenía una amante cuya cabellera simulaba la del gran poeta Florentino. En un debate parlamentario, se hablaba del Dante y de la caída a los infiernos. El chiverudo, entre dormido y despierto, levantó la cabeza y dijo: “Yo duermo con el Dante”.
* El ministro José Antonio Montalvo, en criticado alarde oratorio, dijo que el Gobierno se defendería a sangre y fuego. La frase hizo carrera y un día le presentaron al senador valluno Demófilo Candela y al oír su nombre, Montalvo le dijo: “Mucho gusto, senador Candela, yo soy sangre y fuego”.
* El poeta Santos Chocano fue designado secretario presidencial por el dictador Estrada, en Guatemala. En una conspiración traicionó a su jefe y se le siguió un Consejo de Guerra donde fue condenado a muerte. Los escritores del continente se movieron para salvarlo y, al fin, Vargas Vila logró preservar la vida del vate con este telegrama: “Excelentísimo señor Estrada Cabrera, ruégole preservar la vida del despreciable Santos Chocano, para que su sangre no envilezca la santidad del patíbulo”.
* Cuenta Lleras Restrepo, en su libro Hacia la restauración democrática, que un amigo militar le habló muy mal de la clase política colombiana y le comentó que en Colombia no había un Churchill entre los políticos y los administradores públicos, y Lleras le respondió: “Es cierto que no tenemos estadistas de esa altura, pero nuestro ejército tampoco tiene un Napoleón”.
* El libertador Simón Bolívar sufría mucho en las reuniones sociales por los cuentos verdes y vulgares del General Maza. Lo peor era que siempre empezaban los cuentos con una excusa: “Me perdonan los sacerdotes y las señoras por el cuento que voy a relatar, porque seguro que ya lo saben”.
* El jefe del Estado Vaticano, el papa bueno Juan XXIII, estuvo largamente preocupado con el libro de Palember sobre las finanzas del Vaticano, especialmente por el paquete accionario de la Santa Sede en una sociedad anónima productora de preservativos. El escándalo se hizo extensivo a los bienes pontificios, los bancos, las empresas constructoras y las amplias plantas de personal que trabajaban para la Santa Sede. Preguntado el Pontífice por un periodista audaz, en concurrida ceremonia, sobre cuántas personas trabajaban en el Vaticano, inmediatamente respondió “aproximadamente trabaja la mitad”.
* El general Rafael Reyes sufrió un atentado en Barro Colorado, después de haber asumido poderes dictatoriales. Los sindicados fueron condenados a muerte y las damas de la alta sociedad bogotana fueron a Palacio a pedir clemencia por los acusados. El Presidente Reyes recibió a las señoras en el Salón de los Virreyes, en medio de una terrible algarabía, que no permitía oír cosa alguna. El mandatario golpeó con su bastón el piso y pidió que hablara la más vieja, lo que produjo un silencio absoluto en el despacho presidencial.
* El ilustre presidente Kennedy tenía un concepto sagrado de la misión del político americano y por ello se educó sólidamente para llegar a la Casa Blanca; sin embargo, oyendo las duras críticas a la politiquería de los personajes del sur y a la corrupción de la élite del poder, desanimado de esta situación, un día expresó, en un reportaje histórico: “Todas las madres de EE.UU sueñan con que su hijo predilecto llegue a la Presidencia de la República, con la imposible condición de que no intervengan en política”.
* Cuando llegó la llamada Regeneración de Rafael Núñez y Miguel Antonio Caro, los liberales independientes que seguían a Núñez se fueron volviendo cada vez más conservadores. Don Graciliano Acevedo les hizo estos versos: “El partido independiente perdió, sin querer, el in/ y se quedó dependiente; /cansado de verse así, /enseguida perdió el de/ y vino a quedar pendiente;/ después, en el mes de abril, perdió el pen, le quedó el diente,/ y hoy tiene gastado el di/ y se ha convertido en ente,/ su origen, principio y fin”.
* Muy odiado Rafael Núñez por los radicales, Vargas Vila lo definió así: “He aquí el tirano esfinge…, fue opresor y adúltero como un rey asirio; ¡todo en él tuvo la densa oscuridad del abismo! Apóstata ambicioso, debiendo su poder a la traición, tuvo el fuego y el encono que llevan siempre los apóstatas contra la causa abandonada; el poeta se hizo déspota, el ateo se hizo creyente; la mano hecha para pulsar las cuerdas de la lira, se ejercitó en tirar las cuerdas de la horca”.
* Tomás Cipriano de Mosquera, se casó en Popayán, ya octogenario. Días antes, el Embajador de EE.UU lo visitó en dicha ciudad y le propuso casarlo por el rito protestante. Mosquera respondió: “No creo en la religión católica, que es la verdadera, menos voy a creer en las musarañas de los protestantes”.
* En la reforma del artículo 121 de la Constitución de 1886, el doctor Darío Echandía dijo que el texto debía ser enmendado, pero que no se podía, por un simple artículo, prohibir los golpes de Estado. Un parlamentario adverso le dijo: “Maestro, pero sí se pueden prohibir los golpes de opinión”, calificativo que el ex presidente había dado a la transición militar de 1953.
* El doctor Julio César Turbay Ayala consideró que los miembros de la Junta Militar que permitieron el tránsito al gobierno civil en 1958 merecían el bronce. Inmediatamente, Guillermo León Valencia respondió: “¡Los miembros de la Junta Militar merecen el bronce, pero en cadenas!”.
* n la política antioqueña, hubo un jefe tradicionalista, el general Berrío, que encabeza las convenciones conservadoras y, como primer punto de orden del día, pedía que se eligiera vicepresidente. El estudiante Gilberto Alzate Avendaño anotó: “Si es por orden alfabético, me corresponde presidir, y si es por orden analfabético, debe presidir el general Berrío.
* El Che Guevara fue designado, por Fidel Castro, presidente del Banco Central de Cuba. Con ese cargo, firmó los billetes en la etapa inicial de la Revolución Cubana. La razón de su nombramiento fue clara: Fidel Castro preguntó si había un economista y el Che entendió comunista, levantó la mano y Castro lo nombró.
* En la elección de José Hilario López, el Congreso estuvo sometido a la presión de las sociedades democráticas dirigidas por el sastre Ambrosio López. En medio de la algarabía, se oyó a Mariano Ospina expresar¨”Voto por el general José Hilario López, para que no sea asesinado el Congreso granadino”.
* Al analizar la actitud del fundador del Conservatismo, Caro le aplicó la siguiente estrofa: “La esposa del romano Colatino/ al verse impura, prefirió morir./ Los hombres del Congreso granadino/ le besan la mano al asesino/ a trueque de vivir”.
* El senador tolimense Alfonso Palacio Rudas tenía una bella biblioteca y una entusiasta pasión por los libros. Aspiraba a los cargos del Estado, pero gastaba su tiempo en anaqueles y lecturas. Un día se encontró con un amigo en la puerta de la Librería Gran Colombia y, después de saludarlo, le increpó: “Doctor Palacio Rudas, entre más se acerque a las librerías, más se aleja del poder·.
* El occidente colombiano, especialmente el departamento de Nariño, se sintió abandonado de los poderes públicos durante largos años. Algunos nariñenses, desesperados por el aislamiento, propusieron anexarse al Ecuador. El maestro Guillermo Valencia defendió la unidad nacional con patriótico fervor y, al ser felicitado expresó: “Mi discurso tiene dos razones: mantener la unidad colombiana y evitar que los caucanos quedemos de pastusos”.
* El doctor Abadía Méndez tenía un secretario leal que, lamentablemente, dejaba entrar al palacio presidencial y al despacho del mandatario a todo el que solicitara hablar con el jefe de Estado. Desesperado, Abadía le dijo a su colaborador: “Al próximo lagarto que deje entrar a mi oficina lo nombro secretario privado, en lugar de usted”.
* La agonía del general Tomás Cipriano de Mosquera fue muy larga y sus enemigos esperaban el correo de Popayán, con la ilusión de su fallecimiento. Una tarde, en el Senado, se supo que Mosquera, ante el temor de su muerte, se había confesado. Inmediatamente, el general Posada Gutiérrez expresó: “Con tal de que se muera Mosquera, aunque se salve”.
* Tomás Cipriano de Mosquera y Rafael Reyes implantaron la pena de muerte y fusilaron a varios de sus adversarios. Por eso, sus enemigos consideraban que eran gobiernos “fusilánimes”
* En la época federal, los Estados Unidos de Colombia tuvieron nueve Estados con autonomía política y patrimonial. Frente al Colegio del Rosario, en Bogotá, había una cervecería que era centro de reunión de trasnochadores y bohemios y tenía el nombre “Los Nueve Estados”; los borrachos siempre se encontraban en el cafetín, Los Nueve Estados y uno de los poetas hizo esta rima: “Estos son los nueve Estados, que a veces parecen diez/ los Estados Soberanos y el estado de embriaguez”.
* Napoleón III, emperador de los franceses, gustaba de tener la llave y penetrar en los dormitorios de las damas de la corte y en los castillos de la aristocracia. Un día, se encontró en el jardín de las Tullerías con una española, Eugenia de Montijo, y le preguntó por dónde se pasaba para llegar a su dormitorio. La noble española le respondió: “Para ir a mi dormitorio, se pasa por la Iglesia”, y el Emperador se casó con ella y la coronó.
* En 1934, después de la paz de Colombia y el Perú, se nombró una delegación en Río de Janeiro, para firmar un protocolo. Nuestro canciller era Roberto Urdaneta Arbeláez, que era sordo, y vetaron el nombre por esa razón. Guillermo Valencia insistió en que lo dejaran, con el argumento de que Urdaneta oía crecer la hierba.
* Durante muchos años Tulio Cuevas y Raquel Mercado formaron parte de la Organización Internacional del Trabajo; en una convención en Ginebra, la secretaria leyó: “Monsieur Guevas” y la carcajada de la delegación latinoamericana fue general; en seguida leyó “mademoiselle Raquel Marcado” y la risa fue mayor entre los asistentes.
* En la campaña presidencial de 1930, Vásquez Cobo, candidato conservador, visitó al Dr. Alfonso López Pumarejo, para convencerlo de que adhiriera a su candidatura. Para adularlo, le habló de su padre, don Pedro A. López, en los mejores términos. El líder liberal le dijo: “General, ¿usted vino a hablar con el hijo de don Pedro A. López, o con el jefe del Partido Liberal?”.
* El Barón Luis, ministro francés de Economía en el siglo XIX, se hizo a un gran prestigio por su frase inolvidable: “Dadme una buena política y yo os daré buenas finanzas”.
* En el gobierno del dictador Francisco Franco, en España, era tanta la persecución a toda idea avanzada, que los ignorantes censores del Ministerio de Propaganda sólo permitieron entrar a las cárceles de los presos políticos dos libros: El Pensamiento Político de la Derecha, de Simona de Beauvoir y La Sagrada Familia de Marx y Engels, con la convicción de que el primero era un texto reaccionario y el segundo, un libro piadoso.
* Un escritor poco conocido pero citado por Fraga Iribarne, Cazamián, decía acerca del conservatismo inglés: “Este partido tiene el prestigio de estar en perpetua transformación, sin cambiar jamás”.
* En Colombia, entre 1910 y 1930, existía la costumbre de incluir en la alta diplomacia y en cargos menores a los derrotados en las elecciones. Un cachaco ingenioso definió la situación así: “Es consuelo del vencido en la derrota esperar del vencedor la cuota”.
* Un conocido intelectual mexicano, enemigo del PRI en privado y burócrata empedernido en público, solía decir: “Vivir fuera del presupuesto es vivir en el error”.
* Comentan que la crueldad de Stalin era tanta, que al hablar de demografía y de cifras, repetía: “Un muerto es un muerto, pero un millón de muertos, es una estadística”.
* Cuando Flaminio Barrera, escritor y penalista santandereano, fue elegido a la Asamblea Departamental, por el distrito electoral de Mogotes, en donde hay una belleza natural llamada El Hoyo de los Pájaros, algún diputado burlón le preguntó si venía del hoyo de los pájaros y el Dr. Flaminio le respondió: “Del hoyo de los pájaros venimos todos, Honorable diputado”.
* En el debate parlamentario de Augusto Ramírez Moreno, mas conocido como El Leopardo, se le enfrentó duramente el representante liberal del Cauca, de apellido Hormiga. Ante las insistentes interpelaciones de Hormiga, el Leopardo le advirtió: “Si me sigue interpelando, lo fumigo, representante Hormiga”.
* En una sonada convención conservadora, estaba al frente un senador boyacense de quién se decía era hijo de un ilustre prelado católico. El orador, José Camacho Carreño, molesto con la presidencia que le negaba el uso de la palabra, le dijo: “No quiero que nos dirija este espermatozoide clerical de sacristía escapado de un mundo laico”.
* En la década de 1920 a 1930, hubo un gran debate, con citas de Marco Fidel Suárez, Mariano Ospina Rodríguez y Soledad Acosta de Samper, sobre el origen judío del pueblo antioqueño. El debate terminó con la frase de Antonio José Restrepo: “No es que los antioqueños desciendan de los judíos; al contrario, son los judíos los que descienden de los antioqueños”.
* Un inglés, Aneurin Bevin, hombre de izquierda, discutía con un parlamentario conservador sobre el crecimiento de la economía y del imperio británico. Bevin, ante los argumentos del adversario, reconoció el desarrollo de Inglaterra en estos términos: “El crecimiento de Inglaterra es evidente y cierto, porque la grandeza del capitalismo británico se ha hecho con los salarios que no les pagaron a nuestros abuelos”.
* En el gobierno del presidente Roosevelt, se tuvo la cobertura asistencial y el bienestar social para el pueblo americano, con el apoyo de la primera dama, doña Eleanor Roosevelt, inteligente, pero más conocida como la mujer más fea de EE.UU. La derecha republicana, irrespetuosamente, sostenía que doña Eleanor embellecía cuando se colocaba la máscara de gas en los peligros de la Segunda Guerra Mundial.
* En la lucha de la izquierda liberal contra el Frente Nacional, militaba una aguerrida juventud iconoclasta, que no aceptaba la grandeza de los líderes de los partidos tradicionales. Tanto en las manifestaciones públicas, como en las fiestas universitarias, se cantaba esta copla irreverente, muy común entonces: “Ospina y Laureano/ Lleras y Echandía/ son cuatro lagartos/ de la oligarquía”.
* El senador Tobías Hernández, muy cercano al grupo del doctor Laureano Gómez, vivía muy pendiente de lo que dijeran los periódicos sobre su vida pública y su intervención parlamentaria. Para tal efecto, solía repetir: “No me importan tanto los elogios de El Siglo, sino los ataques de El Tiempo.
* La hidalguía del maestro Guillermo Valencia era un axioma. Sin embargo, cuando Marco Fidel Suárez fue sindicado de los préstamos bancarios con respaldo en su sueldo, Valencia dijo: “A nadie se oculta que el Presidente Suárez era un hombre muy prestante”. Años después, presente Valencia en la choza pajiza de Bello, donde nació Suárez, el poeta tomó la pluma y escribió en el libro de visitas: “Si me lanzó la vida contra tu carro un día/ mi alma ante tu genio siente un fervor profundo/ y aquí donde está el sitio de tu alba epifanía/ traigo la voz de un pueblo, quisiera la voz del mundo”.
* Después de una de las tantas derrotas que sufrió Winston Churchill, el escritor Bernard Shaw le hizo la siguiente invitación: “Te invito a la primera función de mi última obra, El Hat Matusalén, en el Convent Garden y te envío dos boletas, para que asistas con un amigo, si aún tienes amigos después de la derrota”. A la invitación, Churchill respondió: “Mi querido Bernard: por compromisos anteriores, no puedo asistir a la primera función de tu última obra, pero asistiré a la segunda, si es que hay una segunda función”.
* El presidente Alfonso López Pumarejo, en las discusiones habituales, tenía muy marcado el espíritu de contradicción. Siempre pensaba lo contrario del interlocutor o veía las cosas de manera distinta a las versiones usuales. Cansado un día del interminable debate probatorio sobre un tema internacional, el embajador Eduardo Zuleta Ángel aceptó la contradicción y le dijo: “¡Doctor López, estoy de acuerdo con usted!. Enseguida el Presidente le respondió: “Si está de acuerdo conmigo, es que no me ha entendido”.
* Don Fidel Cano fue implacablemente perseguido por los gobiernos de Rafael Núñez, Miguel Antonio Caro y Carlos Holguín. Cada vez que se le notificaba la clausura de su periódico, El Espectador, les respondía a los presidentes o ministros perseguidores: “Informado de la clausura del El Espectador, Dios me guarde de usted. Atte. Fidel Cano.
* Augusto Ramírez Moreno, más conocido como El Leopardo, fue orador entusiasta durante la guerra con el Perú, en 1932-1933. En una de sus arrebatadas arengas frente al Palacio Presidencial, se expresó así: “Doctor Olaya Herrera, vengo a pedirle la alcaldía de Lima, cuando lleguen nuestras tropas victoriosas al Perú y cubran a las ñapangas del Tehuantisuyo para que tengan hijos dignos de ser nuestros enemigos”.
* Al terminar el gobierno del Dr. Eduardo Santos, su canciller López de Mesa escribió la disertación sociológica, ligeramente darwiniana, sobre la evolución de las especies, y sostuvo que el hombre y la vida aparecieron en el agua. El debate científico se abrió acaloradamente, hasta cuando Arturo Regueros Peralta, lo clausuró así: “La Biblia dice en su lenguaje oscuro/ que el origen del hombre es polvo puro,/ mientras que Darwin, filósofo fantoche/ decía que el hombre descendía del toche;/ mientras que López de Mesa/ en forma muy ladina,/ decía que el hombre venía de la sardina.
* El Dr. Mariano Ospina Pérez, conservador antioqueño, a última hora fue designado candidato, en 1946, para competir con Jorge Eliécer Gaitán y Gabriel Turbay. Su programa político de unión nacional era de bajo perfil, para no estimular la unión de sus adversarios. Se limitó a hacer un discurso ofreciendo una vaca lechera y una huerta casera a cada familia campesina, en momentos en que la sociedad colombiana tenía el 80% de sus habitantes en el campo. El entusiasmo prendió, hasta cuando los campesinos consideraron imposible el proyecto, porque la vaca lechera se comía la huerta casera.
* Los nombres de animales se emplean mucho en la vida política de nuestros pueblos y de otras naciones; se habla de la fauna política, de los lagartos, de los pájaros del Norte del Valle, de ingrata recordación. Unos ejemplos: Las Águilas, de Napoleón; El Cóndor, era el nombre atribuido a Eloy Alfaro, del Ecuador y, a León Lozano, atrabiliario personaje del Valle del Cauca. El Sapo Quijano, El Gato Montaña, el Caimán Sánchez, la Iguana Yepez, el Chinche Urrea, eran expresiones comunes de la política colombiana. También se habló del Pollo López, para referirse al Dr. Alfonso López Michelsen; el Tigre Noriega; el Pez en el Agua, Mario Vargas Llosa. El Dr. Carlos Arango Vélez, se llamaba él mismo, El Ave de Tormenta. Siempre fueron conocidos como Los Leopardos, los Drs. Augusto Ramírez Moreno, Silvio Villegas, Eliseo Arango, José Camacho Carreño.
* En el enfrentamiento parlamentario de 1949 en Colombia, disputaban Camilo Mejía Duque, moreno, de gran fortaleza y entusiasta liberal, y el pequeño José Antonio Montalvo, conservador y de inflamado verbo jurídico. En lo más ardiente de la batalla, Montalvo dijo: “El senador Mejía Duque me puede ganar en inteligencia, pero nunca en fuerza bruta.
* Fue preocupación del presidente Alfonso López Michelsen establecer la igualdad jurídica de los sexos y para ello reformó el Código Civil; un día, dialogando con el profesor Arturo Valencia Zea, concretamente sobre dos fórmulas absurdas de la vieja legislación: la mujer casada debe seguir el domicilio del marido y guardar obediencia a su esposo; le preguntaron a López cuál era el motivo del cambio y éste respondió: “Porque estos dos artículos no se han cumplido nunca”.
* El profesor López de Mesa, en sus estudios sobre gramática chibcha, concluyó que Usme significaba “mujer de mala vida”. Los concejales de ese municipio, hoy anexado a Bogotá, se reunieron y lo declararon hijo natural de Usme.
* El Dr. Augusto Espinosa Valderrama llegó a una Convención Liberal en Bucaramanga y recordó que en el Hotel Príncipe se alojaban los delegados y para conseguirse unos votos decisivos pagó la cuenta de un provinciano que tenía cara de delegado, invitándolo al certamen político. Inmediatamente, el parroquiano le dijo: “Dr. Espinosa, usted oyó mal, yo no soy delegado, yo soy Zoilo Delgado”.
* El presidente venezolano, Rafal Caldera anotaba, en una reunión del Instituto Caro y Cuervo, que a un estadista norteamericano lo llamaban el hombre de las leyes, lo mismo que al Dr. Vargas, en Venezuela. Enseguida se dirigió a un parlamentario colombiano, de origen libanés y le preguntó, quién era el hombre de las leyes en Colombia; el compatriota le respondió: “El hombre de las leyes en Colombia, fue Moisés”.
* Cuenta García Márquez que la empleada de San Pedro Alejandrino, llamada Fernanda, para aliviar al Libertador, le daba unas infusiones de hierbas muy amargas; cansado Bolívar de estos remedios, le dijo: “Si me sigue dando estos bebedizos, la llamaré Fernanda VII”.
* Al emperador Carlos V la correspondió la discusión teológica sobre si las mujeres tenían alma o no. Una comunidad religiosa, con citas bíblicas, sostuvo que las mujeres sí tenían alma; otra comunidad sostenía lo contrario. Consultado el Emperador, representante de Dios en la tierra y supuestamente iluminado por inspiración divina, les respondió, después de largas meditaciones: “La luz divina me dice que unas mujeres tienen alma y otras no”.
* Felipe II tenía mucha confianza en su médico, de apellido Santamaría, experto en estudiar la orina de las mujeres, y establecer si estaban embarazadas, si darían a luz un niño o una niña, y algunos otros temas renales. Felipe II, para establecer la seriedad del médico en estos asuntos, tomó la orina de una cortesana embarazada, como suya, y se la entregó al galeno objetando que deseaba conocer los resultados. Al día siguiente, el médico le informó a la realeza: “Para Dios no hay nada imposible, estudiada la orina del rey, se puede constatar que su majestad espera un varón”.
* Un periodista, político santandereano, en etapa preelectoral de confección de listas al Congreso, llegó a visitar a Laureano Gómez, quien las elaboraba con perfecta disciplina. Al saludarlo, Laureano le dijo: “Que bien que haya venido a hablar de doctrina conservadora y no como los lagartos que vienen a que los meta en las listas del Senado”.
* Al ministro y senador payanés, Francisco J. Chaux, sus adversarios políticos le señalaron que tenía nombre de emperador y apellido de estornudo.
* El general Franco, ya moribundo, fue informado por su médico de cabecera, el Márquez de Villaverde, que venían los dirigentes gallegos, sus paisanos, a despedirse. Franco, que se creía inmortal, les preguntó: “Para dónde viajan mis amigos?”.
* El general, Alfredo Vásquez Cobo, candidato conservador y clerical en 1930, fue sorprendido por su esposa con una carta de amor en el bolsillo. El valeroso caudillo, sin titubear, alegó: “Esta carta está escrita con letra de hombre y es una maniobra liberal para alterar la paz de mi hogar honesto que es el soporte de mi candidatura cristiana y conservadora”.
* Olaya Herrera, en 1930, al recibir el mando supremo de manos de Abadía Méndez, dijo que era conveniente hacer saltar al país de la mula al avión; en los tertuliaderos de Bogotá, calculaban que era una manera hábil de decirle mula al Dr. Abadía.
* En la discusión de 1951 para elegir Contralor General de la República, le preguntaron a Alzate Avendaño qué era la mayoría absoluta, ya que se podría computar por parlamentarios presentes o por el número de quienes contestaron a lista. Alzate respondió: “La mayoría absoluta es la mitad más un traidor”.
* A un congresista, hijo de un obispo, en la época de Rafael Núñez, se le discutía sobre la exacta redacción del título IV de la Constitución de 1886, y don Miguel Antonio Caro le dijo: “Sobre el tema religioso no discuto con hombres de origen divino”.
* A propósito del clero, en la política de 1930, leamos lo que dijo sobre la división conservadora Silvio Villegas: “El arzobispo Perdomo había designado a Vásquez Cobo como candidato a la Presidencia, como si estuviéramos en los tiempos del Sacro Imperio Romano. Entusiasmado un clérigo de aldea expresó: -“Amados feligreses, está prohibido votar por Guillermo Valencia, porque es poeta y masón”. Días después llegó una circular del Arzobispo Perdomo recomendando la candidatura de Valencia para unificar a su grey ante el peligro del triunfo del liberalismo. El desconcertado párroco rectificó así sus órdenes ante sus feligreses: -“Amados hermanos míos: al hablar de candidaturas presidenciales hace ocho días me equivoqué de nombre. El que es masón y poeta es el tal Vásquez Cobo”.
* El Tigrillo y ex ministro de Gobierno Carlos Augusto Noriega falleció poco antes de la votación del Referendo. Los asistentes a sus funerales decían que no se había esperado a las elecciones.
* A un congresista colombiano de 1936, que se decía seguidor de la tesis de izquierda del español Largo Caballero, le respondió su contrincante: “No se compare con Largo Caballero, porque usted es todo lo contrario: chiquito y guache”.
* Ya elegido Guillermo León Valencia, visitó su departamento y encontró una protesta colectiva de indígenas encabezada por un sacerdote español bien conocido de León Valencia. El Presidente les dijo: “El Gobierno tomará medidas patrióticas para solucionar los problemas que se han presentado por los papeleos heredados de los españoles”.
* El senador antioqueño Guzmán Larrea era manco, en virtud de un brazo perdido en la infancia. Sin embargo, el parlamentario Villegas Giraldo decía en sus ataques fervorosos: “Al colega Guzmán Larrea se le secó la mano de tanto jurar en falso”.
* El presidente Mariano Ospina Pérez clausuró el Congreso en 1949 y días después se inauguró el Congreso Mariano, con presidencia del Cardenal Mícara. El pueblo bogotano, a raíz de ambos episodios, improvisó la siguiente redondilla: “Este pueblo colombiano/ es prudente hasta el exceso/ hace un Congreso Mariano/ y un Mariano sin Congreso.
* El presidente Carlos E. Restrepo, el día de su posesión, recibió un telegrama de un alto funcionario de mala reputación, quien venía del gobierno anterior y que decía: “Excelencia, patrióticamente quiero seguir colaborando con su gobierno”. El nuevo mandatario le respondió: “Colabore renunciando”.
* Don Miguel Antonio Caro, conocedor del alma nacional, señaló, en una oportunidad histórica que en Colombia no hay alianzas políticas, sino odios comunes.
* El “Gavilán” Núñez, jefe de leyes del Congreso de la República durante largos años, era consultado por ministros y parlamentarios permanentemente. Un día, el Ministro de Haciendo le preguntó por una ley de petróleos que aludía a las exenciones tributarias. Como aquí hay leyes para todo, Núñez lo interrogó: “Ministro, ¿quiere una ley favorable o desfavorable a las Compañías Petroleras?, porque tengo de ambas”.
* Alfonso Palacio Rudas, cuando fue gobernador del Tolima, reinsertó desplazados y víctimas de la violencia de entonces. En una reunión, en El Espinal, repartió parcelas del Incora, casas del Inscredial y créditos de la Caja Agraria. Una viuda estaba en la fila de los damnificados y le dijo al Gobernador¨”Doctor Palacio, a mí me mataron el esposo en la violencia”. El mandatario respondió: “Adjudíquenle un marido a la señora”.
* El orador santandereano César Ordóñez Quintero defendía un proyecto de pensión para veteranos de las guerras civiles. En el entusiasmo lírico, refirió que su padre había entrado victorioso con su bandera a Palonegro. Inmediatamente, un contrincante afirmó: “¡Que conste que el doctor Ordóñez Quintero se cree hijo del general conservador González Valencia, verdadero triunfador de Palonegro”.
* El senador costeño, Pedro Juan Navarro, fue atacado verbalmente por haber llegado al Congreso por medio de un fraude electoral. Impetuosamente contestó: “La gracia es llegar al Congreso sin votos y con fraude, y no con votación, como ustedes”.
* Para armar presidencias mayoritarias en las cámaras, el presidente Olaya se consiguió los votos de tres conservadores en el Senado y tres en la Cámara, quienes fueron duramente tratados de traidores. Había dudas sobre el cumplimiento del compromiso de estos desertores y, por ello, cuando votaron por presidentes liberales, Olaya Herrera anotó: “¡Que traidores tan leales!”.
* Clemenceau, estadista y parlamentario francés, era terrible por su lengua, por su pluma y por su espada. En una discusión con un diputado banquero y financista, dijo estas dos perlas: “La banca es la misma usura legalizada y el banquero es un hombre en libertad condicional”.
* Al senador conservador, católico y chocoano, Manuel Mosquera Garcés, le dijeron que debía ser liberal, por hombre de color y respondió: “Yo no soy de los libertos negros de José Hilario López, sino de los redimidos por San Pedro Claver”.
* En una junta de congresistas se habló, como siempre, de la unión liberal. La división era derivada de las tendencias acaudilladas por los ex mandatarios. El antioqueño, Gilberto Moreno, se levantó y propuso: “Para unir al liberalismo, sugiero que se mueran los ex presidentes Eduardo Santos y Alfonso López”.
* La discusión sobre la pena de muerte fue muy dura y el poeta Guillermo Valencia y Ñito Restrepo se batieron cruelmente. Valencia le dijo: “La Providencia ha sido sabia al negarle a usted la paternidad”. Restrepo respondió: “Jesucristo, Bolívar, Don Quijote y yo, no tenemos hijos”. Y se desafiaron a duelo. Se pretendió reconciliarlos y Ñito Restrepo dijo: “No hay ni riesgo, no hablaré con Valencia; ese poeta atarbán me ofendió el espermatozoide”.
* En 1927 murió Marco Fidel Suárez. En la Asamblea de Santander, su adversario, Laureano Gómez, hizo su panegírico. El diputado Motta le dijo: “No sea Tartufo, que usted torturó a don Marco y lo tumbó del Gobierno”. Laureano le respondió: “Yo creo que en Colombia debe haber una ley que le prohíba a los perros entrar a los cementerios”.
* Guillermo León Valencia debatió la unión conservadora con Álvaro Gómez, quien dijo que entre el laureanismo y el payanés había un abismo moral. Valencia respondió: “Claro, entre ustedes y yo hay un abismo moral y yo lo he callado por piedad cristiana con su Señoría”.
* El diplomático en España, Gilberto Alzate Avendaño, estrelló el carro de la Embajada. Al ser atacado por eso en el Congreso, respondió: “Estrellé el carro de la Embajada, porque yo soy mejor conductor que chofer”.
* Retirado Alzate Avendaño de su vida pública, en la década del cuarenta, asumió un pleito sobre responsabilidad extracontractual del Estado por un accidente en el cable aéreo de Manizales. Autorizado para una transacción, el Gobernador se reunió con el jurisconsulto, para acordar precios separados por la cabeza de las víctimas. Alzate asignaba valores a cada una de ellas, de acuerdo con el futuro que se intuía si no hubieran desaparecido. Cansado el Gobernador de regatear valores, apeló a su profesión de ganadero y dijo: “Doctor Alzate, pídame por el lote completo”.
* El maestro Guillermo Valencia, en 1943, fue intervenido en Boston por un cáncer de próstata. Al retornar a Popayán el recibimiento fue grande, y a su residencia de Paletará lo visitó Monseñor González Arbeláez y le llevó los auxilios sacramentales a su lecho de enfermo. Valencia, interrogado por el prelado por su salud, le respondió: “Monseñor, aquí estoy sufriendo boca arriba de lo que he gozado boca abajo”.
* En los colegios de toda América se alude a la gloria de Benjamín Franklin, uno de los fundadores de la democracia norteamericana. Sin embargo, a pesar de su gloria científica y política, que le arrebató el rayo al cielo y el cetro a los tiranos, los estudiantes siempre repiten con tono burlón: “A Benjamín Franklin, el inventor del pararrayos, sus compatriotas le mamaban gallo”.
* El día de la posesión de Alfonso López Pumarejo, el 7 de agosto de 1934, había un aire de novedad y de esperanza. El nuevo mandatario se estaba colocando la banda tricolor sobre el pecho, cuando le advirtieron que su antecesor se colocaba la banda por debajo del sacoleva. Enseguida López contestó: “Si Olaya se puso la banda por debajo, yo me la pongo por encima”.
* El Gral. Tomás Cipriano de Mosquera, más conocido como Mascachochas, expulsó a los jesuitas y decretó la nacionalización de los “bienes de manos muertas”, de propiedad de las comunidades religiosas. Cuando llegó la tropa al Convento de las Clarisas en Bogotá, la madre Abadesa le dijo al Capitán que no podían entrar, porque el reglamento de la orden sólo autorizaba abrir la puerta en tres ocasiones: cuando el edificio amenazara ruina, cuando hubiera incendio o cuando llegaran los ladrones.
* En un viaje que hizo a la República China el encargado en Colombia de los negocios internacionales, visitó en Pekín al Vicepresidente chino y le habló de los nexos comerciales posibles entre las dos naciones. El funcionario oriental conocía a la perfección el castellano y los giros idiomáticos colombianos. El diplomático le preguntó en qué términos se realizarían las transacciones comerciales y el chino le respondió: “Nuestros negocios son chan con chan”.
* En el proyecto de reforma agraria se le expuso al campesino que se le iba a dar asistencia técnica, servicios sociales, financiación de proyectos, seguros de cosechas, fertilización, irrigación; un avispado indio guanbiano interpeló al gerente y le dijo: “Parece que en esta reforma agraria nos van a dar de todo, menos la tierra”.
* Alfonso López Pumarejo, al iniciar su período presidencial, nombró como Ministro a Marco Aurelio Aulí, político desconocido hasta entonces. Augusto Ramírez Moreno, opositor, no perdió la oportunidad y en plena sesión del Senado, exclamó: “¿Y quién es ese nuevo Ministro de Comunicaciones, a quien nadie conoce? López respondió: “Yo sólo puedo afirmar que tiene nombre de emperador romano y apellido de pájaro de tierra caliente”. El recinto, desde luego, se estremeció de sonoras risotadas, pero la explosión de hilaridad fue enorme, cuando Ramírez Moreno, flexionando el cuerpo y aleteando los brazos, agregó chillando a gritos: “¡Aulí!, ¡Aulí!, ¡Aulí!”.
* Como candidato presidencial en 1973, López Michelsen propuso convertir a Colombia en el Japón de Suramérica, y dijo entonces: “Se me ridiculizó evocando a geishas y samurais, cuando yo, a lo que hacía alusión era apenas a la posibilidad de aprovechar mano de obra barata y tecnología extranjera, como lo hiciera el Japón en el comienzo de su desarrollo, garantizándose una independencia política y económica, que no se granjearon otros países de oriente encerrados en su muralla”. Inmediatamente un dirigente popular respondió: “Nosotros siempre hemos sido el Japón de Suramérica, desde hace tres siglos, porque estamos amarillos de hambre”.
* El escritor Oscar Wilde dictó una famosa conferencia sobre el socialismo en EE.UU y, entre otras excentricidades literarias, expresó: “La juventud es una de las más antiguas tradiciones norteamericanas”.
* La reina Isabel de Inglaterra, quien cumplió 80 años el pasado abril (2006), además de su corona histórica, es famosa por su humor británico. Siendo princesa, su familia se opuso al matrimonio con el príncipe Felipe; Isabel insistió en la escogencia de su prometido, alegando de que nunca había pedido ser parte de la familia real y que a lo mínimo a que podía aspirar era a escoger marido. En la fiesta de los 80 años de la soberana, se cuenta, que al retirarse un diplomático invitado, Isabel repitió los gestos y palabras del representante quien, lamentablemente, no se había retirado aún y le dijo el diplomático; “No ha estado nada mal, majestad”.
* El presidente colombiano, Rafael Reyes tenía fama de trabajar 24 horas seguidas; la prensa ministerial lisonjera le atribuía consejos de ministros a las cuatro de la mañana y elaboración de proyectos de ley a la media noche. Don Miguel Antonio Caro, enemigo mortal del dictador Reyes, al ser informado de la jornada continua del mandatario boyacense, exclamó: “Y si trabaja 24 horas, a qué horas piensa el Sr. Presidente?”.
Cuenta Juan Lozano y Lozano que en la violencia de los años cincuenta, un funcionario atrabiliario investigaba una supuesta conspiración encabezada por intelectuales. El empleado llegó al Café Automático y empezó a requisar a Jorge Zalamea, a Gaitán Durán y a León de Greiff. Al encontrar en los bolsillos de este último un papel con las palabras fárrago, quinto mamotreto y otros vocablos de confusa interpretación, propios de la poesía de Greiff, el detective exclamó: “En estas palabras está la clave de la conspiración”.
* Osemberger, cineasta francés, realizó hace cuarenta años un cortometraje sobre China; entre los entrevistados estaba el vigilante de la televisión china, hombre de las fuerzas armadas del antiguo régimen; el camarógrafo le preguntó al chino cuál era su tarea antes de la revolución y éste respondió: Yo era general, general de bandidos”.
* Durante la Primera Guerra Mundial, el presidente de Colombia era el Dr. José Vicente Concha. Había un señor samario que, durante las sesiones en Bogotá, tenía una amante llamada María de la Concepción, que al firmar escribía solamente “Concha”. Un día recibió un telegrama de su novia distante en el Magdalena con este texto: “Urgentemente te necesito en Bogotá, Concha”; la esposa le pidió aclaración y el congresista le dijo: “Otra vez el presidente Concha necesita mi voto en el Senado”.
* En el Otoño del Patriarca, de Gabriel García Márquez, al celebrar el desembarco de los infantes de marina al mando del admirante Higgingson, cuando Bendición Alvarado vio a su hijo en uniforme de etiqueta con las medallas de oro y los guantes de raso, no pudo reprimir el orgullo materno, y exclamó ante el Cuerpo Diplomático en pleno: “Si yo hubiera sabido que mi hijo iba a ser Presidente de la República, lo hubiera mandado a la escuela”.
* El doctor Daniel Arango, ministro de Educación, recorrió con el equipo del Instituto Caro y Cuervo el municipio de Chía, junto al académico español Dámaso Alonso. En una tienda de artesanías, el intelectual español le preguntó al dueño del almacén: “De donde soy yo”. Inmediatamente le dijo: “Usted es español, lo conocí por el dialecto”.
* Cuando Benjamín Ardila Duarte fue tesorero de Bogotá, nombró como portero a un señor ignorante, pero muy respetable, de la provincia cundinamarquesa, con la misión de no dejar entrar lagartos al despacho; en una ocasión el portero detenía a prestantes ediles de la capital; al pedirle una explicación, el portero respondió que él se había dando cuenta que eran concejales y que en su pueblo los concejales eran lagartos.
* El periodista Calibán fue excomulgado por Monseñor Calvo, por alguna referencia religiosa en su leída columna “Danza de las horas”. En el trayecto a la Plaza de Bolívar, caminaba el Gobernador con Calibán y chocaron con el Obispo, quien dijo: “Dime con quién andas y te diré quién eres”. La respuesta fue tajante: "El que con lobos anda, a aullar aprende”.
* Nombrado el Dr. Darío Echandía embajador en el Vaticano, insistía en la reforma al Concordato de 1887. Pero el Secretario de Estado no le daba la audiencia con Pío XII; nuestro Embajador preguntó qué ocupación tenía el Papa que no podía recibir a un diplomático. El vaticanista contestó que el Santo Padre estaba muy ocupado en la canonización de don Bosco. El Dr. Echandía preguntó cuánto faltaba para la canonización y le respondió el prelado: “Sólo falta una aparición y tres milagros”.
* En la coronación del rey Juan Carlos de España, ya desaparecido el caudillo, la fiesta siguió acompañada por delegaciones del mundo entero. Preocupado Rockefeller sobre el valor de la fiesta, un cortesano le dijo: “La fiesta de la transición sólo nos costó un Franco”.
* Cuenta el Dr. Turbay Ayala, en su diálogo De la base a la cumbre con Carlos Lemus, los incidentes de su secuestro en la Habana: “Le pregunté al jefe de protocolo de nuestra cancillería, el embajador Manrique, quien viajaba con nosotros, quién podía ser fusilado al aterrizar el avión”. El embajador, sin vacilar, respondió: “Depende del protocolo que resuelva usar el Gobierno de Cuba; si aplican las reglas del protocolo inglés, me da mucha pena decirle, señor canciller, que usted será el primer fusilado”. Sonreíamos los iniciados en la conversación y admiramos el frío sentido profesional del embajador Manrique”.
* El presidente Alberto Lleras Camargo, designó dos ministros de partidos distintos y de notoria juventud: Otto Morales Benítez, liberal, en la cartera de Trabajo, y Rodrigo Llorente, conservador, en el despacho de Fomento. Un día, en Consejo de Ministros, los dos funcionarios disputaron de manera belicosa, por el presupuesto y las competencias de sus despachos respectivos. Cuando el debate estaba candente, el presidente Lleras los separó con esta frase: “Aquí ustedes no me vienen a armar, en el Palacio Presidencial, otro 20 de julio con Morales y Llorente”.
* El presidente Carlos Lleras Restrepo fue un empecinado defensor de su proyecto de reforma social-agraria. Al visitar el departamento del Tolima, estadio de amplias luchas por la tierra y de acción de los indígenas desde los tiempos de Quintín Lame, el Presidente indagó si los predios de la región estudiada estaban adecuadamente explotados. Inmediatamente, un líder agrarista, con perfil indio natagaima, le responde: “Doctor Lleras, aquí los únicos adecuadamente explotados somos los campesinos”.
* A raíz de la Segunda Guerra Mundial, los países americanos le declararon la guerra a Alemania, Japón e Italia. Avisado nuestro diplomático en el Japón, visitó al emperador Hirohito y le notificó que Colombia le declaraba la guerra al Imperio del Sol Naciente. Su respuesta fue “tuku suku”. Al llegar al hotel, nuestro Embajador preguntó qué quería decir “tuku suku”. El intérprete le respondió: “Tienen huevo”.
* El presidente venezolano, Juan Vicente Gómez, fue asediado por el enviado del Vaticano, para que arreglara su situación personal con su amante española, ya que se sabía que era padre de 16 hijos. El dictador andino le contestó al prelado pontificio: “No se ha casado el Papa que es un santo, ¡cómo me va a pedir a mí que me case!”.
* El general Tomás Cipriano de Mosquera, en la tarde de su discutida existencia, cuando le recordaban su catolicismo y su conservatismo de la edad primera, solía responder: “Gracias a Dios, soy ateo”.
* El ex ministro y cacique boyacense, Sotero Peñuela, era el terror de los liberales y de los demócratas de Boyacá. En su enfermedad Terminal había una gran ilusión, entre sus adversarios, por su muerte. El escritor José Mar, pendiente del desenlace fatal del gamonal derechista, decía que Sotero Peñuela estaba empeorando, pero, lamentablemente, de manera muy lenta.
* El canciller francés Talleyrand, al despedirse de su vida planteó la buena fe como indispensable en todas las actividades diplomáticas. Este sano principio fue incluido por la delegación de Colombia, a petición del internacionalista Jesús María Yepes, en la Carta de San Francisco. Todas las delegaciones votaron afirmativamente, para no ser sindicados de mala fe.
* En la década de 1930, vino de Londres un profesional antioqueño llamado Alejandro López I.C, para gerenciar la Federación Nal. de Cafeteros; tenía los rasgos chibchas de la raza vencida. Un día, en virtud de que siempre firmaba I.C., después de su nombre, un paisa avispado concluyó que la sigla quería decir “indio civilizado”; en realidad, las dos letras significaban “ingeniero civil”.
* El voto femenino, en Colombia, estuvo precedido de una dura y larguísima batalla de la mujer en pos de la consagración de ese derecho. La santandereana, Ofelia Uribe de Acosta, publicó varios periódicos en defensa de la ciudadanía de la mujer, y fue excomulgada por obispos aldeanos que no permitían la igualdad de los sexos ante la ley. Al fin, doña Ofelia descubrió que el papa Benedicto XIV había defendido el sufragio femenino, y así se lo expresó a los prelados, quienes le respondieron: “El papado también ha tenido errores graves en materias importantes”
* Rafael Núñez fue encargado por Tomás Cipriano de Mosquera para elaborar los decretos de desamortización de los bienes de la iglesia, en 1863. Preguntado Núñez sobre el balance, expresó: “Ya no creo, ni en la riqueza de los jesuitas, ni en la pobreza de los franciscanos”.
* En el momento de la muerte, el general Tomás Cipriano de Mosquera no se había conciliado con la iglesia, después de expulsar a muchos prelados y quitarle a las comunidades religiosas las propiedades que tenían desde la Colonia. El obispo de Popayán le preguntó, cuando ya estaba cercana su muerte: ¿Perdona usted, Sr. General, a sus enemigos?. – Enseguida Mosquera responde:- Eminencia, yo no tengo enemigos puesto que los fusilé a todos.”
* El presidente de España, Manuel Azaña, fue el más importante anticlerical del siglo XX. Viendo cercana la muerte, le dijo al obispo que previendo que hubiese un más allá quería confesarse. El obispo, francés y volteriano, le dijo: -Yo lo confieso, pero no tengo sus dudas; sencillamente, no creo en el más allá”.
* El Dr. Mora Vásquez, hombre de finas maneras, representante cultural de Colombia ante la UNESCO, volvió al país colmado de teorías, pero un poco desactualizado en leyes, a ocupar la magistratura en el Tribunal de Medellín. Por ello, dicen sus amigos, finalizaba sus providencias así: “Administrando justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley, siempre y cuando que las disposiciones citadas no hayan sido derogadas”.
* El presidente Porfirio Díaz, de México, quien gobernó a su país después del Partido Revolucionario Institucional (PRI), colocaba su mano sobre la frente en las tardes de Chapultepec, miraba hacia el norte y repetía su conocida frase: “Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de EE.UU”.
* El presidente Manuel Murillo Toro, visitado amistosamente por el embajador del Brasil acreditado en Bogotá. El diplomático carioca preguntaba, con terca insistencia, la proporción blanca, india y negra de la raza colombiana. Sin estadística refinadas para dar una respuesta que ofreciera credibilidad, Murillo Toro le respondió una tarde: “Embajador, en Colombia todos somos café con leche, unos con más café y otros con más leche”. (Anécdotas tomadas de Ámbito Jurídico, Benjamín Ardila Duarte)
* Orden dada por un capitán de la Policía responsable de uno de los anillos de seguridad del Capitolio al Cardenal, Darío Castrillón Hoyos, cuando éste trataba de entrar a la posesión del Presidente Álvaro Uribe Vélez, el 7 de agosto de 2006: “Sé que usted es medio personaje, pero identifíquese, diga de dónde viene, cuál es su rango, su cargo, o no pasa”.(Vanguardia Liberal, “Encomiables”)
* En un documental realizado por la Nacional Geographic, decidieron hacer la lista de las 10 profesiones más peligrosas del mundo. La número uno fue ser parte del bloque de búsqueda norteamericana encargada de la captura de Osama Ben Laden. Y, como dato increíble, el número dos fue ser escolta de Germán Vargas Lleras, en Colombia. (De la revista Semana).
* “El diablo está en casa; ayer lunes el diablo vino aquí. En este lugar huele a azufre”, sostuvo el presidente de Venezuela Hugo Chávez, al hablar el martes (octubre 2006) ante la Asamblea de Naciones Unidas y referirse a la presencia de su homólogo de Estados Unidos, George W. Bush, quién habló la víspera ante la plenaria de la organización. (Periódico El Tiempo)
(Benjamín Ardila Duarte, Ámbito Jurídico)