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CARTA DE JOSÉ ACEVEDO Y GÓMEZ A ANTONIO VILLAVICENCIO

Las ideas de libertad de las provincias bajo el yugo español, no nacieron del pueblo-pueblo; sino de los ricos y acaudalados señores criollos. Veamos una carta entre dos prestigiosos granadinos:

Santafé, julio 19 de 1810

Sr. D. Antonio Villavicencio

Muy señor mío de todo mi aprecio:

Las hostilidades de Valdés han precipitado a la Provincia del Socorro a un rompimiento, como lo verá VM. Por la adjunta relaciòn de los hechos más notables, habiendo sucedido lo mismo en Pamplona, cuyos detalles se ignoran, porque ni un parte oficial han dado a esta capital. Acaso hoy le habrá en Cabildo, y diré por posdata su contenido.

Yo no alcanzo a prever cuál será el último resultado de tamañas novedades; sin embargo de que me acabo de acreditar profeta político porque preví estas desde septiembre anterior, y las anuncié al Gobierno por escrito en el voto que d.c. pidiendo la Junta Provincial de ésta, compuesta de Diputados de las Provincias. Tampoco juzgo muy política la sola convocación de Cortes parciales, porque es alarmar más a los pueblos demostrándoles que sólo se trata de conservar un mando que detestan hasta los niños de pechos, ínter el tiempo les proporciona ocasión de oprimir como hicieron con Quito.

¿Por qué quieren exponer a la Capital a una irrupción de todas las Provincias y no tiene la franqueza de convocar las Cortes parciales? ¿Con qué ha de envolverse el inocente pueblo de Santafé en las ruinas que amenazan a tan pocas personas?

Más fácil les sería a éstas salvarse antes que se deshaga la tempestad y franqueza de mi carácter, y aunque la venganza es más dulce que la miel, según dice Homero, la religión y mis principios, me dictan medios para que salvándose la capital de un desastre, se salvarán también sus aborrecidos tiranos; pero ellos, ciegos con una autoridad que no han podido afirmar ni con la sangre de mis paisanos, atraen sobre Santafé con esos sus bastones eléctricos todos los rayos que está fulminando la Esparta de la América.

Dios quiera que llegue a VM a tiempo de poder conjurar la tempestad, que lo dudo, así como desconfío de tener el gusto de abrazarle, pues mi vida está asechada por todas partes, como la de otros ciudadanos. Si fuera víctima inmolada por alguna mano aleve al furor y desesperación de estos verdugos, moriré con el consuelo de la próxima libertad de mi patria. Hoy le dejo ocho hijos dignos de su padre por el amor a la libertad e independencia de su país, al orden y a la justicia; pero aún más por el odio que ha sabido inspirarles contra los tiranos.

Dígnese VM echar una mirada de interés y compasión sobre mi desgraciada familia que ha sido víctima del bárbaro y despótico sistema colonial en que nos han tenido. Ciento veinte mil pesos, fruto de veinte años de trabajo, fatigas y peligros, me hizo perder el Gobierno al principio de la guerra con Inglaterra, porque no hubo arbitrio de que este Virrey nos permitiese ni aún el comercio de cabotaje, y en tres años las quinas se perdieron y decayó su estimación en Europa; los cacaos se pudrieron y los algodones, que el monopolio peninsular me obliga a mandar a Cádiz fueron presa de un enemigo poderoso en la mar. Así ha dejado perecer mi familia ese bárbaro Gobierno, y me ha quitado hasta el amor natural de mi existencia.

Doy por bien perdida mi fortuna y los restos de ella existentes en Cádiz y Barcelona en veinte y tantos mil pesos, con tal de que mi patria corte la cadena con que se halla atada a esa península, manantial perenne de sus tiranos.

Este público está muy incomodado de que VM haya resuelto venir a apearse a casa de un particular. Creo que el Cabildo se verá precisado a suplicar a VM oficialmente evite semejante comprometimiento, y venga a vivir sólo en la que le dispuso Ugarte, o en la que habito yo actualmente, que es bastante regular, pues me la pidió el Alcalde. Yo voy a ver si puedo embarazar la moción en Cabildo, porque es muy odiosa contra esa familia, que por la conducta equívoca o declaradamente contraria a los intereses de la patria se ha atraído el odio del pueblo, y deseo que todo se concilie, pero sí me intereso privadamente para que si puede buenamente se venga a vivir solo, aunque sea los primeros días, inter el público se satisface o se desengaña relativamente a dichas sospechas.

Me repito como siempre de VM afectísimo seguro servidor,

JOSEPH DE ACEVEDO Y GÓMEZ