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1819, UN AÑO DECISIVO PARA LA INDEPENDENCIA DE COLOMBIA

El ciclo histórico entre los años 1816 y 1819, después del levantamiento del 20 de julio de 1810, es conocido en la historia de Colombia con el nombre de “PRIMERA REPÚBLICA GRANADINA”, llamada comúnmente como la “Patria Boba”; es aventurado pensar que por un florero se dio el primer paso para gestar el Grito de Independencia, porque en el fondo lo que se manifestaba era el clamor de los criollos contra el monopolio que los españoles tenían del poder público; no podemos desconocer otros antecedentes como el Memorial de Agravios de Camilo Torres, la Insurrección Comunera, la traducción de los Derechos del Hombre, y las ideas de la Ilustración, la cual consideraba que el poder monárquico y absoluto era un privilegio inconcebible, cuando en Francia se había declarado que todos los hombres eran libres e iguales.

Las divisiones políticas para consolidar la primera República Granadina llevaron al país a la primera guerra civil de su historia, entre 1812 y 1813, dividiendo a la República entre centralistas y federalistas; estas fuerzas polìticas se enfrentaron en la redacción de la primera Constitución y propiciaron las confrontaciones bélicas de los colombianos en el siglo XIX

Mientras los criollos se enraizaban en conflictos políticos, las tropas pacificadores, al mando del Capitán General don Pablo Morillo se extendían por todo el territorio sembrando el Régimen del Terror, que comenzó con el sacrificio de los dirigentes revolucionarios, y a todos los que sintieran deseos de libertad; se introdujeron los Consejos de Guerra, con el fin de ajusticiar a los revolucionarios que eran capturados.

A la llegada a Santafé del General Morillo, aparecieron nuevos instrumentos para la represión y el castigo, como el Consejo Permanente de Guerra, la Junta de Secuestros, para hacer desaparecer a todo el que no comulgara con las ideas españolas; como complemento estableció el Santo Oficio de la Inquisición. Con estos instrumentos, ningún estamento, ni persona que fuera revolucionaria o simpatizante de la emancipación de España, estaría a salvo en la Nueva Granada, viviera donde viviera. Las regiones y localidades se llenaron de prisiones y cadalsos, los pueblos sufrieron abusos y castigos desproporcionados impuestos por el mismo Morillo o sus subalternos; los archivos republicanos fueron destruidos y otros cayeron en poder de Morillo, quien se dedicó a buscar culpables y nuevas víctimas para sus cadalsos.

Entre los criollos que colaboraron con la primera República Granadina señalamos el pensamiento y la acción valerosa del venezolana Simón Bolívar, el Libertador, quién llegó a Cartagena de Indias en 1812; allí redactó el Manifiesto de Cartagena, y en la Campaña Admirable de 1813, anunció la guerra a muerte a los realistas, expresando esta frase sentida y recordada: “Nuestra bondad se agotó y puesto que nuestros opresores nos fuerzan a una guerra mortal, ellos desaparecerán de América; nuestro odio será implacable, y la guerra será a muerte”.

El 15 de junio de 1819, comenzó la Campaña Libertadora, con dos grandes ejércitos: el de la vanguardia, al mando de Santander y el de la retaguardia, al mando de Anzoátegui; la ruta señalada por Bolívar respondía a un movimiento audaz y desestimado por los realistas: cruzar al Pantano de Pisba, considerado un lugar mortal para los llaneros. En Paya se dieron los primeros combates, resultando de ello la retirada de las tropas españolas hacia Sogamoso. El 25 de julio, en el Pantano de Vargas, Bolívar decide atacar por la retaguardia y marcha por los campos de Paipa. Hacia el mediodía despliega sus fuerzas; Barreiro ordena el ataque contra las tropas de Bolívar, de frente y por retaguardia.

El Libertador envía dos columnas de caballería, comandadas por el teniente coronel, Juan José Rondón; los españoles son derrotados, Barreiro ordena la retirada hacia Paipa. Mientras tanto, Bolívar acampa en Sogamoso y el 4 de agosto las tropas cruzan el río y se dirigen a Tunja, por el camino de Toca. A las 9 de la mañana, del 5 de agosto, Bolívar ocupa la ciudad de Tunja, la guarnición española cae prisionera. Barreiro se dirige a marchas forzadas por Cómbita y Motavita al Puente de Boyacá; el Libertador da la orden de marchar por el camino real para impedirle el paso y forzarlo a dar la batalla. A las dos de la tarde, del día 7 de agosto, se avistan los dos ejércitos llegando al puente. El coronel, Francisco Jiménez, segundo de Barreiro, pasa el puente y toma posiciones del lado opuesto; los dos ejércitos se ponen en orden de batalla: Anzoátegui manda el ala derecha y el centro del frente republicano; Santander, en el ala izquierda republicana medirá sus fuerzas con las de Jiménez, que manda el ala derecha de las fuerzas reales, quienes quedan dislocadas por el río Boatá, sin comunicación alguna.

Hacia las tres de la tarde queda constituido el orden de batalla de los dos ejércitos: Bolívar dirige la acción desde una montaña. Barreiro intenta sobre el puente un movimiento de avance, pero lo detiene Anzoátegui, quien por el centro rompe la línea enemiga. En el puente, el General Santander encuentra feroz resistencia, pero es reforzado por un destacamento que se encuentra más abajo, atacando por retaguardia las tropas de Jiménez, quienes sucumben por una carga de fondo ordenada por Santander, con todas sus fuerzas. Forzado el puente por los patriotas, hacia las cinco de la tarde se declara la derrota completa en toda la línea realista: Barreiro, Jiménez, casi todos los jefes y oficiales, y 1.600 soldados, caen en poder de los vencedores, quienes, en forma gloriosa e inverosímil terminan una penosa campaña emprendida 72 días antes.

Dos meses después de Boyacá, sólo quedaban en manos del gobierno español las costas y el sur occidente; Santafé fue prontamente ocupada por los patriotas; para el Gral Morillo, el golpe había sido decisivo; en su informe de la derrota enviada al Ministro de Guerra español, destacaba el inmenso valor económico y estratégico que Bolívar había conquistado. El gobernante español preveía un resultado más funesto para la causa del Rey: la Costa firme, definida por el Pacificador, como “la América militar”, estaba a punto de desaparecer y con ella, la posesión colonial del norte de Suramérica.

(Recopilación por Carmen Pinilla Díaz)